Recopilado por Juan Pablo Medina Puente



LOS AGUSTINOS EN LA CIUDAD DE SAN LUIS POTOSI

En los capítulos celebrados en los años de 1587, de 1590, de 1593 y de 1596, no hay todavía mención alguna de una proyectada o posible fundación de un Convento u Hospicio de San Agustín en el pueblo de San Luis Minas del Potosí.

Pero el 25 de mayo de 1599, al celebrarse en la ciudad de México el Capítulo Provincial, fray Juan de Contreras, prelado saliente, dijo al definitorio que el primer alcalde mayor del pueblo de San Luis Minas del Potosí, don Juan de Oñate, le había escrito una carta probable-mente por el año de 1593, rogándole hiciese las gestiones necesarias para lograr la fundación agustina en el recientemente establecido Pueblo de San Luis, y dice Oñate textualmente: “...a todos costaba la afición que he tenido siempre para esa santa Religión de San Agustín...” Tanto al Nuevo Provincial fray Diego de Contreras como a su definitorio, agradó sobremanera la petición hecha por Oñate y decidieron dar los pasos necesarios para lograr el establecimiento de los agustinos en le nuevo pueblo de San Luis. Fue nombrado entonces para ello el ilustre padre maestro fray Pedro de Castro-verde. Este había nacido en la ciudad de México, el 24 de junio de 1546, donde estudió y profesó

En 1562, para ser luego ordenado sacerdote en 1570, más tarde, recibió de la Real y Pontificia Universidad de México, el grado de doctor en Teología. Tuvo luego a su cargo por algunos años, la cátedra de Teología Moral en le Colegio Mayor de la Provincia en la ciudad de México.

Resueltos los religiosos agusti-nianos a establecer un convento en le pueblo de San Luis Minas del Potosí, en mayo de 1598, compraron unas cosas y huerta junto a la ermita de Santa Veracruz a Juan de Andrada. Se opusieron a ello el mayordomo de la cofradía allí instituida y los diputados del pueblo, alegando el inconve-niente de que estarían contiguas las dos iglesias. Fray Pedro de Castroverde al llegar obtuvo un jacal y una galera descubierta, donadas por Pedro de Oyarte con la condición de decirle algunas misas anuales.



Encargó a Juan de Builtrago que techase la galera de tejamanil por resultar más económico. Mientras se procedía a la obra, el beneficiado del Pueblo de San Luis, Juan Bernal, el guardián del convento de San Francisco, fray Pedro de Heredia, y el franciscano fray Juan Rodríguez, se presentaron para oponerse a la fundación agustiniana que creían era contraria a los deseos de los vecinos y se expresaron en forma procaz: “... y yo respodniéndoles, refiere el mismo Castroverde, con la humildad que mi Orden requiere, el dicho guardián me dio dos rempujones y el dicho fray Juan Rodríguez alzó la mano y con ella abierta me dio una bofetada en el rostro...” Basalenque agrega que al ser injuriado así, “Fr. Pedro de Castro-verde se arrodilló y presentó el otro carillo a su ofensor, quien enfermó a poco del brazo y fue llevado a México a curar”.



El citado guardián de san Francisco, fray Pedro de Heredia pidió en seis escritos que no fuese permitida la nueva fundación agustiniana, por faltar las licencias indispensables y que se procediera a derribar lo ya edificado. Se alegaba que la población era corta, que con los franciscanos y los clérigos se llenaban las necesidades del momento y además que los agustinos se apropiarían de todo el pueblo.

El nuevo guardián del convento de San francisco, fray Bernardino Beltrán, por el mes de enero de 1600, pidió nuevamente que se derribase tanto la casa como los altares levantados por fray Pedro de Castroverde, quitándole al mismo tiempo los ornamentos que hubiese.

El alcalde, se limitó a hacerle una nueva prevención, pero los opositores obtuvieron entonces una orden del virrey; la autoridad se vió precisada a ordenar a fray Pedro de Castroverde que saliese del pueblo, pero salió a impedirlo un gran número de vecinos. De todo esto se levantó testimonio que se remitió a México y en vista de ello, ordenó el virrey que dejasen al religioso, pero que fuera quitada la campana y que la puerta del templo fuera tapiada, lo que efectivamente se hizo, pero la obra siguió por dentro para dejar en forma de convento la casa.

Fray Pedro de Castroverde, aprovechó la estancia en el Pueblo de San Luis, por el año de 1601, del oidor Juan de Fonseca, emparentado con el virrey, para abrir la puerta del templo; dio como pretexto el que se dijese una oración latina al ser recibido el oidor con su acompañamiento. Después le suplicó que dada la autoridad que traía de la Audiencia, diese orden al alcalde mayor de dejar la puerta abierta y que diese un informe en el sentido de que pedía la fundación del convento agustiniano todo el pueblo potosino.

Así lo hizo. Se hicieron diligencias para presentar el informe y se averiguó que era necesaria más doctrina, siendo insuficientes los clérigos para cubrir la necesidades de la población, del Cerro de San Pedro y de las Carboneras que se hallaban a mayor distancia. Aunque ayudaban los franciscanos, no era bastante, porque ignoraban la lengua tarasca que había llegado a dominar y a ser la principal, en le pueblo de San Luis Minas del Potosí.

Tenían fama de diestros en la minería los tarascos, los guachichiles disminuían rápidamente y eran escasos los tlaxcaltecas. Habían fundado el pueblo de San Miguel de la Santísima Trinidad los tarascos, y había mayoría de ellos en Santiago y en San Sebastián. Los frailes de San agustín eran ministros de la lengua tarasca y los alcaldes daban como excusa el haberlos retenido por ese motivo, especialmente al superior fray Pedro de Castroverde. Todo esto, lo tomó en cuenta el virrey conde de Monterrey, y el 22 de septiembre de 1603, dio licencia a los agustinos de la Provincia de Michoacán, para erigir en el pueblo de San Luis Minas del Potosí, un monasterio con la iglesia, campana y ministros suficientes y aptos para doctrinar y dar los sacramentos, tanto a los naturales, como a los tarascos.

Una vez presentada la provisión al entonces teniente de Justicia Mayor, capitán Gregorio Cerón, éste dio la posesión el 13 de Octubre de 1603, a fray Pedro de Castroverde, de la casa y convento fundada a pesar de la oposición del Racionero don Juan Bautista de Ojeda que era canónigo de Catedral de Michoacán y vicario de las minas del Potosí, éste se reunió el día 27 siguiente en el convento de san Francisco con el citado teniente de Justicia Mayor, con fray Alonso Caro, comisario de la custodia de san Francisco, con el guardián fray Gabriel Arias y fray Luis de Amézaga, con el Adito Prior de San Agustín, fray Pedro de Castroverde y con otros religiosos de ambas Ordenes, para efectuar la división ordenada por el virrey.

Acordaron que por estar dividido el pueblo en seis cuadras o manzanas, existir edificadas tres iglesias, se debería repartir lo que a cada una le correspondiera por su cercanía.


jesus jesus jesus jesus jesus jesus jesus

Al convento de San francisco le correspondieron, las dos cuadras o manzanas más cercanas que son “...comenzando desde la casa de Juan Rodríguez toda la calle abajo hasta la huerta de Juan de Andrada e iglesia de la Veracruz, en las cuales dichas dos cuadras entran las tiendas y acera y casas de Diego Muñoz...” A partir de allí... “las otras dos cuadras que son, comenzando desde la tienda de Juan de san Pedro, que al presente son de don Antonio Maldonado y hasta la casa de Alonso Hernández Bachiller, todo por la calle derecha, corriendo por el dicho canónigo de Michoacán, se le repartió a la iglesia mayor como derecera a ella perteneciente...” A continuación... ”las otras dos cuadras que comienzan de la casa de doña Jerónima hacia la parte de abajo por las calles derechas por la misma orden, a la dicha iglesia de San Agustín...” Se asignaron diversas haciendas a San Francisco, y otras a la iglesia mayor, correspondiendo a la iglesia de San Agustín las haciendas de Francisco Rutiaga, Lucas Bautista, que sucedió a Simón de Oviedo, Antonio Gómez de Moxica y Pedro Bravo y derecho a la hacienda de Juan de Cabada.

En cuanto a las carboneras y ranchos se dio al convento de san Agustín desde el camino de las Minas hasta el cerro de las Cruces por el oriente y así quedó incluido el pequeño pueblo de indios de San Sebastián.