Don Gerardo Anaya y Diez de Bonilla

Nació en un poblado rural de Tepexpam, del municipio de Teotihuacan el tres de octubre de 1881, fue el cuarto hijo de Don Eduardo Anaya y de Doña Concepción Diez de Bonilla.
Realizó sus primeros estudios en su pueblo natal y la fama del niño prodigio llegó a la Basílica de Guadalupe, y su abad, Don Antonio Plancarte y Labastida, se interesó por el niño humilde y talentoso, que lo llevó a estudiar al Colegio de Tacuba. En 1890, con tan solo nueve años de edad, y con tres años más, fueron suficientes para que su destino quedara definido: La Ciudad Eterna, a donde fue enviado junto con quien llegaría a ser el Ilustrísimo Señor Montes de Oca, los Hermanos Tritschler y sus dos hermanos.
En la Ciudad Eterna permaneció 13 años y aunque no fuera reconocido por cardenales ni por romanos pontífices, sus superiores si conocían su gran virtud y su talento excepcional, y por eso fue promovido a la ordenación sacerdotal cuando apenas tenía 22 años, con permiso especial al Santo Padre, el 2 de abril de 1904, cuando le faltaban seis meses para cumplir los 23 años. Recibió las órdenes en el Colegio Pío Latino, junto con otros compañeros, de manos del cardenal Respighi, para regresar a México , el 22 de diciembre de 1906.
En México, siguió estudiando Derecho Canónico, para llegar a la Universidad de México a ocupar esa misma sede. Fue rector del Seminario por espacio de 7 años, y ese tiempo fue suficiente para que la Santa Sede notara sus cualidades excepcionales para regir una diócesis con plena facultad sacerdotal.
El 8 de marzo de 1929, a los 38 años de edad fue preconizado Obispo de Chiapas, fue consagrado Obispo el 13 de junio de ese mismo año, por manos del Exmo. Sr. Arzobispo Don José Mora y del Río, y el 8 de agosto, terminada la persecución religiosa, llegó a su diócesis.
El 3 de octubre de 1941, en plena guerra mundial, al cumplir 60 años de vida, fue trasladado a la Diócesis de San Luis Potosí, era algo así como un premio. En 1945, su Santidad Pío XII lo nombró Asistente al Solio Pontificio al cumplir sus Bodas de Plata Episcopales. Estando siempre pendiente de la fe y la cultura, el Señor Anaya embelleció la Catedral al cumplirse cien años de la fundación de la Diócesis, y la mando restaurar en su totalidad. En 1951 coronó, con autoridad pontificia, a la Imagen de la Virgen de Carmen.
El Señor Obispo don Gerardo Anaya y Diez de Bonilla entregó su alma al Creador el día 8 de junio de l958.