Parroquia de


Recopilado por Rodrigo Alemán Gil


El Montecillo inició juntamente con el Siglo XVII, pues los historiadores hacen coincidir su fundación precisamente con el año 1600, al igual que todas las poblaciones que rodeaban el casco de lo que ahora es nuestra ciudad, era minúsculo y lo habitaba la tribu de huachichiles, como sucedía en todo San Luis.
A pesar de ser tan pequeño dio muestras de tener aspiraciones, pues en 1753 pidieron los habitantes la gracia de eregirse en pueblo. Tal petición fue concedida y durante casi un siglo tuvieron su ayuntamiento propio. Es curioso observar que ya desde entonces el Montecillo contaba más o menos con el mismo territorio que tiene ahora, pues se pobló hacia el Jardín Escontría y la estación vieja por un lado, y por el otro hacia el rancho de San Antonio y los llanos de Panzacola, donde está ahora el Hogar del Niño.
En el Montecillo se hizo el primer cementerio público que existió en los alrededores. Hasta entonces, todos los entierros se hacían a las sombras de las Iglesias, pero a finales del siglo XVIII se desató una peste de viruela en San Luis y como era necesario un cementerio más amplio, se habilitó para ello el terreno donde está ahora la casa redonda. Hacia 1912, ese terreno pasó a manos del Ferrocarril y el cementerio dejó de existir.
La Iglesia se comenzó a construir en 1730 y se terminó 17 años después. De un bonito barroco neoclásico, destacando siempre la belleza de su cúpula, de líneas muy armoniosas.
Paradójicamente, el ser de adobe la ha ayudado a conservarse, ya que este material no es tan rígido como la piedra y absorbe mas fácilmente las vibraciones producidas por los trenes.
Desde sus comienzos de construcción, tuvo como patrono a San Cristóbal y fue encomendada a la Parroquia del Sagrario.
Es sabido cómo en las Iglesias se esconden tesoros artísticos insospechados, la del Montecillo conserva los suyos. Resaltan en primer lugar la majestad de la escultura de San Cristóbal, acerca de esta bella obra han corrido varias leyendas, pero lo único que se sabe de cierto es que fue traída de Guatemala.
En este lugar se cuentan muchas leyendas y sucedidos, como lo son el del Callejón del Muerto, que habla de un personaje que se dedicaba a enterrar difuntos, es decir, se la pasaba de velorio en velorio y de eso se mantenía; cuentan que cuatro hombres, queriendo darle un escarmiento, maquinaron hacer pasar a uno de ellos como un difunto, un forastero, que pasaba por aquí y tuvo la desdicha de rendir la vida lejos de los suyos.
Sin nadie en esta ciudad que le diera enterramiento, ellos muy compasivamente, se lo darían, el velorio sería en una apartada callejuela, colindante con el panteón del Montecillo.
Tan sola y dejada se encontraba esa callejuela que no había nada por allí, únicamente una troje vieja que nunca habitó nadie y las bardas cacarizas y ensalitradas del cementerio. En esa troje se tendería al fingido muerto y en lo mejor de la noche, se levantaría prorrumpiendo en ademanes y palabras feas para asustar al hombre vívales, con una ferocidad y bríos suficientes como para hacer que se le parara el alma.
Bien concretado, aquellos hombres fueron a ver al viejo y le explicaron la falsa desgracia y le rogaron que les hiciera a ellos y al fingido muerto la caridad de velarlo. Únicamente serían unas horas, de la medianoche al clarear el día; y para evitarle mortificaciones, lo llevarían en carretela al lugar del velorio.
Prosiguiendo con el escarmiento, antes de la medianoche recogieron al viejo en la Plazuela de San Juan de Dios y lo llevaron a la deshabitada troje, donde le presentaron al falso muerto, que allí estaba, a media pieza con las cuatro velas de rigor, le encarecieron el cuidado del amigo, lo proveyeron de la bebida necesaria para superar la soledad, lo dejaron con el pseudofinado y se alejaron para esconderse en la noche a la espera de los frutos de la perversa lección.
Pasó el tiempo y nada, y al clarear el día llegaron a ver los frutos de su lección, presintieron que su amigo realmente estaba muerto y le preguntaron al viejo por su amigo. Y él les contesto que había de haber muerto de empacho o ya tenía mucho de difunto y los gases lo levantaron, que a él le sucedía frecuentemente, pero que hacía lo de siempre, con un candelerazo en la nuca se vuelve a tender, y si escupen sangre, mejor.
Desde entonces esa abandonada callejuela, en la que nunca nadie había fallecido, porque nunca nadie había vivido en ella, la llamaron “El Callejón del Muerto”.
Y como ésta, hay otras historias más, como lo es el del “Baile en el Cementerio del Montecillo”, “La Procesión de Dolores”...


Colonia de San Francisco

TEMPLOS Y CAPILLAS DE ESTA VICARÍA FIJA.
* Cristo Rey, situado en la esquina de las Calles de Muro y Tercera, Colonia San Luis.
* Templo de San Francisco, en la Colonia de San Francisco.
* Templo de San Antonio, en la Colonia San Antonio, es una troje de la exhacienda.
*Templo de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, en el Rancho los Gómez.
La Fiesta Patronal del Montecillo se celebra el 25 de julio, se anuncia con tiempo, se hacen entradas de cera, kermesses, eventos deportivos, danzas, etc. Entre las devociones principales están a la Santísima Virgen, al Sagrado Corazón, el Santísimo Sacramento y San Martín de Porres.


Parroquia de San Cristobal actualmente