Pbro. J. Margarito de la Torre Torres


Es poco común que caiga nieve en la ciudad de San Luis Potosí y sus derredores; cuando esto sucede resulta un atractivo y una diversión para muchos de sus habitantes; sucedió en el invierno de 1991-1992, cuando unos jóvenes potosinos, atraídos por este fenómeno, se internaron en la Sierra de San Miguelito. Tal vez la mayoría de los jóvenes y adultos que habitamos esta entidad conocemos lo que entonces sucedió, cómo aquellos jóvenes se perdieron, con lamentables consecuencias. Aquellos jóvenes se dejaron llevar por querer vivir la vida, por gozar de una experiencia especial, seguramente sin conocer el lugar a donde iban; un campesino de la región seguramente no se habría perdido, porque conocería el lugar.
Es muy frecuente que, quien va caminando piense sólo en el destino y no observe el sendero, mucho menos lo que hay en torno suyo. En la época en que tan desarrolladas están las ciencias y la técnica somos en gran medida el hombre máquina.
El conocimiento de la historia, tanto personal como colectiva, es el marco de referencia para diseñar el rumbo y para recrearse con la belleza que las obras de Dios y del hombre ofrecen al caminante. Para esto es necesario desarrollar las habilidades de observar, analizar, registrar, distinguir, interpretar, etc.
Nuestra historia está llena de hechos y anécdotas que nos proporcionan enseñanzas, debemos aprovecharlas para mejorar nuestra calidad de vida en todos los ámbitos (moral, social, religioso, etc.); sin embargo, parece que esta calidad de vida cada vez es peor; y esto por qué, porque necesitamos mejorar la calidad de nuestra educación, de la cual forma parte la historia, nuestra historia. Les invito a seguir recorriendo nuestro caminar para hacer camino, a enriquecernos con la experiencia de quienes vivieron antes que nosotros, y a compartir esta experiencia con los nos relacionamos cada día. Que el Señor de la historia y María Santísima nos acompañen en nuestro diario caminar, y que Dios les bendiga siempre.