Pbro. Carlos Aguilar
Jiménez

La Iglesia
que peregrina en la tierra, cumple la misión de su fundador
de extender el reino de los cielos entre los hombres, identificándose
con Él a través de la vivencia litúrgica; vida
de la caridad, la solidaridad y la formación de los miembros
de la misma familia eclesial.
Todo esto
en un acto de servicio místico, que se asume no como una acción
impuesta o como una simple colaboración de hacer un favor,
sino con una consciencia de identificación de cristiano por
medio del bautismo, y un sincero amor al ser y quehacer de hijos de
Dios. Contemplando la imagen del primer servidor: “El Hijo del
hombre no vino para que lo sirvan, sino para servir y dar su vida
como rescate de una muchedumbre” (Mc 10,45).
jesus
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En primer
plano la labor pastoral de los miembros de la jerarquía, (obispos,
sacerdotes y diáconos) que con su mismo ejemplo de vida; la
predicación de la palabra de Dios, contribuyen a la unidad
del pueblo de Dios, tratando de lograr la comunión y la participación,
siendo fiel al encargo del buen Pastor, cumplen así con esta
misión.
En toda
la Iglesia Universal, es alentador ver que n o poca cantidad, el ministerio
de los laicos, que enviados por sus pastores, con su autentica vivencia
de iglesia y concientes de su misión por medio del bautismo
hacen con una actitud optimista fruto de su fe, un signo de esperanza
para todos sus demás hermanos, que han perdido sentido de la
vida, resultado de la tibieza, herencia muchas veces familiar.
El ministerio
o servicio en la iglesia de pastores y laicos, es altamente valorado,
siempre estrictamente bien definido, cada quien en su misión
de sacerdocio común por medio del bautismo y del orden, por
la imposición de las manos.
El ministerio
ordenado dentro de la iglesia tiene como finalidad la santificación
de los hombres, que da la gracia por medio de los sacramentos por
encargo del Señor: “El ministerio ordenado o sacerdocio
ministerial esta al servicio del sacerdocio bautismal. Garantiza que
en los sacramentos sea Cristo quien actúa por el Espíritu
Santo a favor de la Iglesia. La misión de salvación
confiada por el Padre a su Hijo encarnado es confiada a los Apóstoles
y por ellos a sus sucesores: reciben el Espíritu Santo de Jesús
para actuar en su nombre y en su persona. (CIC No. 1120).
Por otro
lado ministerio del sacerdocio común, se prepara y se actualiza
ante los retos del mundo actual, de la vida familiar, la vida política,
la vida cultural, la economía, etc.
Pero el
hombre ha vivido sumido en sus múltiples preocupaciones y ha
hecho una equivocada jerarquización de valores que lo ha llevado
a navegar mar adentro, perdiendo el timón del barco, caminado
contrario a la verdad y a la infelicidad.
Esta es
la primera necesidad que la iglesia se impone, en el ejercicio de
su ministerio, lograr que el hombre sea feliz haciendo, como Cristo,
lo que le agrada al Padre: “Y el que me ha enviado está
conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada”
(Jn 8,29). Esto es, estar al servicio del amor.
Por lo
tanto, el ministerio de la iglesia tiene como finalidad lograr la
maduración de la fe, que lleve a la persona a encontrarse con
Dios, y así lograr llevar una vida digna del Evangelio de Cristo:
“Lo que importa es que vosotros llevéis una vida digna
del evangelio que habéis recibido”. (Flp. 1,27).
