Recopilado por Valentín Carvajal Méndez


El municipio de Ciudad del Maíz está ubicado al oriente de la ciudad de San Luis Potosí en una región muy particular, donde convergen las tres grandes regiones del estado: Altiplano, Zona Media y Huasteca, siendo bien distintas entre sí, sobre todo entre el Altiplano y la Huasteca. Se dice que esos terrenos son fosilíferos porque en ellos se han encontrado restos de moluscos marinos en las comunidades de la Pendencia y San Antonio, en la falda de la Sierra de Francia.
De la cultura Huasteca no se han encontrado testimonios arqueo-lógicos en este lugar, más bien esta región fue recorrida por indios salvajes de distintas parcialidades y diversas lenguas. Eran feroces, andaban desnudos y en perpetuas guerras entre sí.

Dos o tres misioneros fueron los que primero llegaron a estas tierras, se sabe que uno era fray Juan Bautista Mollinedo y que lo acompañaba fray Juan de Cárdenas. Ellos son los fundadores de lo que fue la extensa “Custodia de Santa Catarina Virgen y Mártir” y fray Juan Bautista Mollinedo fue el fundador del pueblo de Nuestra Señora de la Concepción del Valle del Maíz, el 15 de julio de 1617. Se dice que después el mismo fraile fundó allí un convento e Iglesia muy primitivos, con techo de paja.

Para enseñar a los pames de la región las buenas costumbres e iniciarlos en la agricultura y artesanías, habían llevado un grupo de otomíes civilizados; la “Iglesia de jacal” en que se empezaron a administrar los sacramentos, cedió su lugar a otra “nueva, muy lucida y adornada, aunque de adobe”; el misionero ya tenía casa, “de lo mismo”, había instrucción religiosa sistemáticamente y, tal vez bajo la dirección de algún indio otomí, pero los pames seguían cerrados, ya que mientras los otomíes eran como treinta familias, los pames llegaban a cien; pues los demás seguían muy inclinados a los montes y serranías, aunque acudían a la misa y doctrina.
La primera Iglesia estuvo donde ahora se halla el templo evangelista. Todavía se conservan restos de unos muros antiguos que quizá sean los del segundo templo, porque en septiembre de 1751 hubo una inundación que causó varias muertes y dejó por tierra templo y convento, razón por la cambiaron de nuevo la Iglesia.

En 1758 informaba fray Miguel de San Esteban: “en esta Misión, por las dos inundaciones que ha padecido, se ha mudado la Iglesia a distintos sitios, y en el que hoy se halla, está fabricada de madera con fortaleza...”

En 1765 llegó al pueblo el Doctor Jerónimo López de Llergo, Visitador General del Obispado de Michoacán, al que pertenecía esta parroquia, y los feligreses le manifestaron sus deseos de tener una parroquia decente.

Hubo una reunión que presidió el visitador y en ella eligieron como superintendente de la fábrica material a Don José Domingo Martina, y los vecinos quedaron emplazados para señalar sitio competente en donde se había de construir la Iglesia.

Mandó su Señoría que se echasen los cordeles para las dimensiones de la que se habría de construir y todos fueron del dictamen de que a lo largo se midiesen sesenta varas; a lo ancho dieciséis de pilastra a pilastra con lo que quedaría espacioso el templo y de modo que anduvieran las procesiones en su circunferencia, con lo que parecía que había de tener cuarenta varas de longitud desde el arco del cimborio hasta la puerta principal.

Se acordó también que se levantara la media naranja que remataría con su linternilla y se dieron las medidas de las bóvedas de los cruceros, las del presbiterio y las del coro; de las puertas y los arcos, y se dispuso que el baptisterio se trazara al lado del evangeliario, y la entrada al caracol para subir a la torre donde han de estar pendientes las campanas.

El sitio que se señaló para la construcción fue atrás de la que suple de parroquia, junto a una de las esquinas de la plaza principal.

Se comenzó la Iglesia conforme a lo asentado. Pero en 1780 murió el superintendente y se suspendió la construcción. Años más tarde se reanudó la construcción y para 1789 ya estaba acabada la sacristía y el baptisterio. Al fin del siglo ya estaba concluida la Iglesia, la torre tenía solamente el primer cuerpo y así permaneció hasta 1944.

Sé dice que el altar colateral de San Francisco es de madera sobredorada y que es de un barroco espléndido. El altar mayor se quemó el 14 de diciembre de 1913.


Panorámica del Valle del Maíz, 1910


El 13 de agosto de 1820 se instalaron en el Valle del Maíz y en la Misión de San José los nuevos ayuntamientos constitucionales, de acuerdo con la Constitución española. Pero al poco tiempo se proclamó la Independencia de México respecto a España por el Plan de Iguala, primero en Rioverde por el Coronel José Zenón Fernández, quien de allí pasó al Valle del Maíz donde también fue proclamada la Independencia, el 28 de agosto de 1821.

Siguió el imperio de Iturbide, éste abdicó y se instaló el régimen republicano, la Legislatura del Estado dictó su Decreto núm. 27 de fecha 23 de febrero de 1827, por el que ordenó:
"Art. 19.- El pueblo del Valle del Maíz se de nominará en lo sucesivo: Villa de la Purísima Concepción del Valle del Maíz.”

“Art. 29.- Se concede a la mencionada Villa una feria anual, que dará principio el día 25 de diciembre y finalizará el primero del siguiente enero."

Para 1881 hubo importantes mejoras materiales en la parroquia, en la que se colocaron algunos lienzos con pinturas de santos, se en ladrilló el crucero y se abrieron ventanas en el templo y la sacristía. Se construyeron piezas amplias y se pusieron pisos en el portal de la casa cural. Además se establecieron las visitas parroquiales a varias haciendas, era por entonces Sr. Cura Dn. Mauricio Zavala.

El Obispo Don Ignacio Montes de Oca visitó esta parroquia en febrero de 1894, al ser invitado a inaugurar un gran ingenio de azúcar.

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Fiesta cívica


Se terminó el siglo XIX pero en Ciudad del Maíz todavía se manifestaba el espíritu de mejoramiento: en 1903 la Mitra concedió permiso para la instalación de un reloj en la torre del templo parroquial, recientemente construida. Se dijo de esta importante mejora pública que el reloj había sido comprado a la gran joyería “la Esmeralda”, de la ciudad de México y que era el de mejor calidad que cualquiera de los que se habían instalado en los municipios del estado potosino.

Para 1913 iban y venían por la región de Cerritos, Rioverde, Ciudad del Maíz y alrededores grupos de cedillistas, federales, constitu-cionalistas y otras gavillas sueltas, todos enemigos entre sí. Una ocasión llegó un grupo de estos revoltosos al Valle del Maíz, se metieron en la tienda de Don Jesús Ortega, la saquearon, la incendiaron junto con otras cinco casas del mismo señor, y luego siguieron haciendo cosas semejantes en otras casas; como nadie se atrevía a decirles nada, el señor Cura Lerín creyó oportuno intervenir para aplacarlos. Se encontraban los dichos en la plaza Ocampo. El párroco, que había sido oficial en la guerra carlista en España, era el único que podía enfrentarse a aquellos forajidos; confiaba, además, en su investidura. Los fue a ver, habló con ellos, le faltaron al respeto, se disgusto y, en conclusión, cayó fulminado a balazos. De allí los feligreses lo llevaron a la capilla de San José, corrió el doctor Fuentes a atenderlo, pero ya no había qué hacer. El señor Cura Lerín estaba bien muerto. El presbítero Sebastián Galdeano, uno de los vicarios y capellán de San José, tendió al difunto párroco en esta capilla; luego hizo tocar a muerto, y los tristísimos dobles difundieron la mala noticia. Se reunió casi todo el pueblo y como a las cinco de la tarde trasladaron el cadáver a la Iglesia parroquial; la inhumación se llevó a cabo tres días después en la misma parroquia.



La iglesia parroquial con su torre inconclusa, hecha por el P. Zavala


Al fallecer el Señor Cura Lerín la Mitra nombró párroco del Valle, el 5 de junio, a Don Victoriano Reyna. A él le tocó dar fin a la construcción de la capilla del pueblo, construcción empezada a mediados del sigloXIX, el 15 de agosto fue la bendición.

En este mismo año, el día 14 de diciembre, al grito de “ahí vienen los de Cedillo”, todo mundo corrió a guardarse en sus casas. Los dichos señores tenían ya muy bien ganada triste fama. Con el susto y las carreras, se suspendió la misa de 7 que estaba a punto de empezar, era domingo, y nadie se acordó de las velas, que se quedaron encendidas; ni nadie se acordó tampoco de los adornos del día 12, que todavía no quitaban y que era puro material combustible. Nadie se dio cuenta cómo empezó, lo cierto es que cuando se percataron fue porque ya las llamas habían dado cabal cuenta del altar mayor, de todos los adornos y de la Inmaculada. Todo el presbiterio era una hornaza. El fuego chamuscó los demás retablos de madera. Y por las altas ventanas de la cúpula salían las llamas. Para entonces ya no había mucho fuego que apagar, de esta forma desapareció la escultura atribuida a Tolsá.


La Purísima, Patrona del Valle, atribuida a Tolsa,
consumida por el incendio del 14 de diciembre de 1913


Al año siguiente, el 22 de enero de 1914, siendo párroco Don Victoriano Reyna bendijo solemnemente la nueva pintura de la Santísima Virgen de Guadalupe, y el 30 de noviembre fue recibida con delirante júbilo la nueva imagen de la Inmaculada, que fue hecha en San Luis Potosí.
A fines de septiembre de 1920 llegó al Valle el nuevo párroco; el padre Reyna, víctima de los revolucionarios, tuvo que salir en 1919. La parroquia quedó en manos de los vicarios. En 1920, con el restablecimiento de la normalidad se pudo nombrar ya al párroco, y entonces llegó el presbítero Rutilo Beaña. Este no duró mucho tiempo, murió en San Luis Potosí el 13 de Marzo de 1924, y le sucedió en el gobierno de la misma el presbítero don Jesús Martínez, el cual llegó al Valle el 17 de dicho mes.

En agosto siguiente estuvo en la parroquia el Ilmo. Sr. De la Mora haciendo la visita pastoral. En el acto, firmado el día 25 de marzo anotó: “el templo parroquial, bastante deteriorado a causa de un incendio y abandono propio del tiempo de revolución”. Nada se le había hecho, lo impedían las circunstancias. A poco se soltó la persecución callista en contra de la Iglesia; Cedillo, que ya era figura en el estado, no cometió muchos desmanes ni dejó hacerlos. Por lo que el párroco, aún con el templo clausurado, continuó en el Valle ejerciendo su ministerio; hizo el nuevo altar por el año de 1935, obra de un italiano, también en estilo neoclásico y de madera, como los enterioeres.

El 26 de enero de 1934, al practicar el Excmo. Sr. Trischler la primera visita pastoral al Valle, como viera que el altar seguía igual que diez años antes, ordenó la construcción de uno nuevo. En septiembre anterior un fuerte ciclón, el mismo que inundó Tampico, anegó la parte baja de la población; la Iglesia, mejor situada, quedó muy lejos de las aguas.

El señor Cura Martínez entregó la parroquia al presbítero Don Moisés Montes el 28 de mayo de 1942, después de dieciocho años de estar al frente de ella. El padre Montes concluyó la torre y puso el actual piso de la iglesia en lugar del anterior, que era de madera. Fue uno de los buenos poetas potosinos contemporáneos. Nació en San Ciro, S. L. P., el 4 de septiembre de 1913; recibió el presbiterado el 27 de abril de 1938 y murió en Toluca el 4 de noviembre de 1959.


Fiesta religiosa


Sólo dos años estuvo el padre Montes como párroco del Valle, pues dejó la parroquia en mayo de 1945 y en su lugar fue nombrado párroco, el presbítero Don Benjamín Cabrera, originario de San José Alburquerque, S. L. P., donde nació el 24 de marzo de 1918; fueron sus padres los señores Don Fructuoso Cabrera y Doña Jovita A. de Cabrera. Hizo sus estudios en el Seminario Conciliar de San Luis Potosí; recibió el presbiterado el 8 de junio de 1941, fue vicario cooperador de Matehuala y de allí pasó a Ciudad del Maíz.

En enero de 1946 fue al Valle a practicar la visita pastoral el Excmo. Sr. Obispo Don Gerardo Anaya. Quince años después se hizo otra visita, en septiembre de 1960, por el Excmo. Sr. Obispo Don Luis Cabrera. Luego vino la erección de la Diócesis de Santiago de los Valles, y la parroquia de Ciudad del Maíz fue segregada de la de San Luis Potosí para formar la jurisdicción de la nueva diócesis. Al primer obispo de ella, Excmo. Sr. Quintero, le tocó hacer la siguiente visita pastoral, en mayo de 1963.

El señor Cura Cabrera dio nuevo impulso a la vida cristiana en el Valle, acompañada de importantes mejoras materiales: 34 capillas nuevas en los ranchitos, la erección de la vicaría fija de El Naranjo, la adquisición del órgano Hammond, el decorado de los altares, las imágenes de la Santísima Virgen del Rosario y de Ntra. Sra. de Guadalupe, regalo de las Señoritas Barragán, la conclusión del larguísimo pleito por el atrio parroquial, invadido por los comerciantes que allí hacían su tianguis y el establecimiento de la escuela Fray Juan Bautista Mollinedo.


Atrio parroquial, 1967


A él le tocó encabezar, auxiliado por el padre vicario, Don Francisco Vázquez, la conmemoración de los 350 años de la fundación del pueblo y parroquia del Valle del Maíz, de cuyo acontecimiento, para perpetua memoria, ha dejado dos monumentos: el que inauguró el Excmo. Sr. Obispo de Valles, Dr. D. Alfonso Reyes, en el atrio parroquial, el día del aniversario, dedicado al heroico fraile fundador, y esta biografía del Valle de la Pura y Limpia Concepción del Maíz, S. L. P.

El 31 de julio de 1997, por voluntad de su Santidad Juan Pablo II se erige la Diócesis de Matehuala, segregada de la Arquidiócesis de San Luis Potosí, bajo el pastoreo del Sr. Obispo Don Rodrigo Aguilar, y la parroquia pasa a esta nueva jurisdicción, tocándole esta transición al Sr. Cura Manuel Velásquez, sucedido por el presbítero Joel Salinas Cuevas, actual Vicario Episcopal de Formación, quien hizo importantes mejoras al curato, además de suministrar muebles y decoraciones; el actual párroco es el padre Eduardo Villela.


Primer autobús que hizo el recorrido Ciudad del Maíz-Col. Obregón-Cárdenas
Ventana lateral del 2o. piso
de la Casa M. Barragán