Miguel M. de la Mora


Nace en Ixtlahuacán del Río, Jalisco, el 14 de Agosto de 1874. Hijo de don Sóstenes de la Mora y de doña Cristina de la Mora. Bautizado en la parroquia de Ixtlahuacán el 16 de agosto del mismo año por el presbítero Antonio Ruiz. En su infancia, mostró siempre carácter apacible con su padre, su madrastra la señora Rosario de la Mora, prima de su padre y su tía Jesusita.

Estudió la primaria en la escuela parroquial de su pueblo, distinguiéndose por su conducta. Posteriormente ingresó en 1887 al seminario de Guadalajara como externo, y hasta 1892 fue admitido como interno. Estudio teología de 1892 a 1895. Recibió las Ordenes Sagradas de manos del Ilustrísimo señor Arzobispo don Pedro Losa en las siguientes fechas: Menores 3 de noviembre de 1895, Subdiaconado 15 noviembre de 1896, Diaconado 22 noviembre de 1896, Presbiterado 30 de noviembre de 1897, Preconizado Obispo de Zacatecas el 9 de febrero de 1911, Consagrado el 7 de mayo de 1911.

Fue consagrado por el Sr. Ortiz. Posteriormente tomó posesión de la Diócesis de San Luis Potosí el 28 de junio de 1922. Tenía 35 años cuando decidieron sus compañeros de equipo que fuera a la Universidad Pontificia de México a obtener el Título de Doctor en Teología. A los 36 años es preconizado obispo de Zacatecas.

Pastoreó la Diócesis de Zacatecas por un espacio de 10 años, en plena Revolución y estuvo a punto de ser fusilado por la gente de Pancho Villa, luego por el gobernador Enrique Estrada y desterrado junto con otros obispos a San Antonio Texas y a Chicago.

El Señor de la Mora no soportó la separación de su redil en plena Revolución y regresó en forma oculta a Zacatecas, pero de nada sirvió, pues le perseguían con coraje. Sabedora de todo esto, la Santa Sede, y caída repetidas veces en prisión, fue trasladado a San Luis Potosí, el 24 de febrero de 1922.

Nuevas persecuciones lo esperaban a causa del conflicto religioso de la Cristiada de 1926 a 1929. El culto se reabrió en 1929 y para ese entonces su salud estaba totalmente minada. Le sobrevino una fuerte diabetes, aviso de que el fin se acercaba. Por fin, un 14 de junio de 1930 entregaba su alma al señor, muriendo en olor de santidad.  

Al señor obispo de la Mora se le deben los primeros sindicatos. En San Luis, la llamada “Confederación Potosina”, la escuela de Artes y Oficios y el Benemérito Colegio de San Luis.

Fue secretario del comité episcopal nacional, dirigió las obras del Monumento del Cubilete a Cristo Rey y fue líder en el Episcopado de su época, tiempo de persecución religiosa orquestada por Plutarco Elías Calles.

Se dice en corridos que la casa episcopal era el mercado de los indígenas, la casa del pobre donde se socorría a todo el que solicitara ayuda, sin distinción de creencias o aficiones políticas.
La paz religiosa después de larga y sangrienta persecución a la “Cristiada”, la reapertura de los cultos, la amnistía de todos los que se habían levantado en armas, el salvoconducto para muchos sacerdotes condenados a muerte, todo eso se debió al buen tacto, bondad exquisita, optimas relaciones del Santo Obispo, don Miguel M. de la Mora de manera muy admirable con el general de División Anacleto López, que se convirtió de “LOBO” en discreto “CORDERO”.