Lo bautizaron los más antiguos como “Valle de la Visitación de María Santísima a Santa Isabel de los Armadillos”, y sin embargo, nada tiene de valle, menos arma-dillos. Lo cercan por todos lados las mesetas, cañadas y cerros que forman la Sierra del Armadillo, la cual se extiende por todo el muni-cipio homónimo.
Este pueblo viejo es la cabecera de la parroquia que de él toma su nombre “Parroquia de Santa Isabel de los Armadillos”, pero la jurisdic-ción de ella es mayor, pues se extiende por más de la mitad del adjunto municipio de San Nicolás de Tolentino. Las dos partes así unidas dan una extensión aproximada de 650 kilómetros cuadrados, hoy en día administrada por un solo sacerdote.
Del origen de Armadillo de los Infante, S.L.P., nada hay que lo atestigüe, se pierde entre las brumas de la leyenda y las posibilidades de la hipótesis. Una vieja tradición puesta por el ingeniero Jesús E. Aguirre, dice que allá por los años de 1550 (o poco antes), tres frailes franciscanos, pacificadores de Santa Maria del Río, un día se dirigieron al noreste en busca de los escondidos habitantes de las montañas, y después de una travesía de 16 leguas llegaron al fondo de una cañada y encontraron a algunos indígenas habitadores de aquellas cercanías. Más esto es sólo una leyenda.
No se sabe cuándo fue la erección canónica de la parroquia, ni qué jurisdicción se le asignó. Se cree que así como el pueblo se convirtió en tales circunstancias, de ranchería chichimeca pasó a pueblo hispánico, así también, en las mismas circuns-tancias formaron la parroquia y su correspondiente jurisdicción.
Se cuenta que en el muro oriental de la torre vieja, existió una piedra, que indicaba que en 1600 se inició la construcción de aquella Iglesia, pero también se dice que se ignora en dónde haya estado el templo primitivo y en qué tiempo se construyó la Iglesia parroquial que hoy existe.
El archivo parroquial que, además de los libros ordinarios conservados en su mayor parte, guarda otros muchos y muy impor-tantes documentos, empieza con “El libro donde se asientan los casa-mientos y bautismos” de Armadillo desde el año de 1621, siendo entonces cura el Bachiller Alonso Martín Cañas, párroco de 1621 a 1641; es posible sin embargo que ya desde antes, Armadillo fuera Parroquia. En 1635 tuvo lugar la primera visita pastoral de que hay constancia. La hizo el Ilmo. Sr. Fr. Francisco de Rivera, IX obispo de Michoacán, el 14 de octubre.

Panorámica de Armadillo, 1909

Por el año de 1700, llegaron a Armadillo los primeros INFANTE, familia de estirpe ibera, pero en sus ramas ya mestiza. Es de ellos de quien toma su fama y su segundo nombre: “Armadillo de los Infante”, porque fueron ellos los que en las postrimeras de la dominación española, introdujeron en la provincia de San Luis Potosí, el arte de la imprenta y el grabado; y fue en el Armadillo donde estos artistas abrieron la primera tipografía potosina. Los primeros en escribir acerca de los Infante fueron don Francisco Macias Valadéz y don José María Flores. Estos, en 1872, en su inconclusa memoria sobre el estado de San Luis Potosí, dedicaron un breve articulo a Armadillo; en él decían: “los Hermanos Infante, ya a fines del siglo anterior habían fundado en el Armadillo una im-prenta, siendo a la vez los cons-tructores de la prensa y de los tipos”. Las primeras leyes nacionales dadas después de la independencia y que circularon en el estado fueron impresos en el Armadillo. Así, el Armadillo tiene gloria de haber poseído una imprenta muchos años antes que la ciudad de San Luis Potosí.

Primer impreso conocido hecho por Alejo Infante, 1813

El templo viejo
En 1674, Don Martín de Mendal-de empezó a visitar personalmente toda la extensa jurisdicción de su alcaldía. Primero visitó la cabecera, la Ciudad de San Luis Potosí, y a principios del año de 1675, el 10 de febrero a las 10 de la mañana, llegó a Armadillo. Al llegar, empezó a hacer cuenta de sus moradores a la puerta de una Iglesia recién construida, después de la misa que ofició Fr. Domingo Canto, fraile franciscano. La Iglesia parroquial estaba caída y con toda indecencia, tanto que por ello no se había colocado el Santísimo. Y ésto no le gustó al señor Mendalde, y promovió que se levantara una nueva, dió cincuenta pesos de limosna y pidió al Señor Párroco que formara una comitiva de mineros, carboneros, pastores y demás de la feligresía para que ayudasen con lo más que les fuere posible.
La siguiente visita pastoral nada dice del estado del templo parroquial, que era muy hermoso, su construcción era de cal y canto sólido y macizo como lo atestiguan sus antiguos muros. Medía 35 varas, tenía cementerio con tres arcos, estilo colonial y tres portones de madera de mezquite con sus cerrojos y bastos clavos a la antigua.

El Santuario Exterior



La Señora
Para cuando el mundo pasó del año 1699 al 1700, el pueblo del Valle de Santa Isabel del Armadillo ya era un pueblo maduro y la Parroquia alcanzaba su máximo. La religión, al cabo de un siglo había echado hondas, hondísimas raíces. Así las cosas, en el Valle del Armadillo empezó el siglo XVIII con un extraor-dinario suceso, del que, quienes lo vieron, dejaron constancia auténtica y exacta: “Un sudor muy copioso de la bella imagen de la Purísima Concepción”.
Tan preciosa imagen tiene por demás un interesante y legendario origen. Llegó al Armadillo por accidente, según el relató que al Br. Ortega hizo su primitivo dueño don Juan Compeán: “fue cuando la trajo su compadre Rendón, queriéndosela comprar el señor Compeán y no teniendo dinero con que pagarla, le dijo que la llevase a Charcas, a donde iba dicho señor Rendón", la tarde antes de irse, la puso dentro de una caja, con el rostro hacia arriba y habiéndole echado llave a la caja, a deshoras de la noche sentían gran ruido en la caja, y temiendo que alguien quiciese robarle, despertó a un mozo y le hizo registrar las cargas, encontrándose todo en orden, quieto y sosegado. Y ya cerca del amanecer, volvió a escuchar ruidos y entonces se levantó el mismo señor Rendón, abrió la caja y encontró la Imagen santa fuera de su lugar y el rostro para abajo. Y tomando la Sagrada imagen le dijo al dicho señor Compeán estas palabras: “Compadre, quédese usted con la Virgen Santísima, aunque no me la pague, que debe ser su volun-tad el quedarse, por lo que me ha pasado esta noche con ella”, y le contó lo sucedido.
De donde claramente consta que este prodigio del sudor de su rostro, no quiso la Santísima Virgen que sucediera ni en Charcas ni en otras tierras, sino en esta, donde, por disposición del Dios Altísimo y suya se quedó para que se goce de su patrocinio.
Hoy en día es ella, la Santísima Virgen, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción de María la patrona de la parroquia de Santa Isabel del Armadillo, la única, pues nadie se acuerda ya de la patrona original, de la citada Santa Isabel. Si acaso su nombre se guarda única-mente en la historia y en los sellos parroquiales, mas no en la devoción.

La Purísima Concepción
del Valle de Armadillo

Mártir
El 28 de marzo de 1924, proce-dente de Rioverde, llegó al Armadillo el Señor Cura don Antonio B. Méndez. Esto sucedió cuando la Parroquia apenas empezaba a sanar de las heridas que le causara la Revolución y cuando la Reforma Agraria empezaba a abrirle otras, todo se volvía cenizas.
El padre Méndez nació en San Ciro, S.L.P. el 17 de enero de 1887, hijo de Susano Méndez y de María Tomasa Padrón. Hizo sus estudios eclesiásticos en el Seminario Con-ciliar de San Luis Potosí, protegido por el señor canónigo don Bernar-dino Nava. Cuando concluyó sus estudios, el Ilmo. Sr. Obispo, Don Ignacio Montes de Oca le confirió el Sacerdocio el 23 de noviembre de 1913. Después paso a ser Capellán del Coro de la Iglesia Catedral. Un año más tarde sufrió por primera vez la cárcel y enseguida el destierro. Radicó en Nicaragua y Estados Unidos. A su regreso, él ocupó suce-sivamente los curatos de Villa Hidalgo, Guadalcázar, Rioverde y finalmente el nombramiento de Párroco del Armadillo.
A dos años de estar el Padre Méndez en su nueva parroquia, se desató la persecución religiosa y la consiguiente clausura de templos por acuerdo del Venerable Episcopado, clausura que se llevó a cabo el 21 de julio de 1926. El buen cura, aún cerrado el templo permaneció en su parroquia, atendiendo valiente y abnegadamente a sus fieles. Celebraba el santo sacrificio a escondidas. Así actuó durante dos años. Fue entonces cuando aprovechando una cueva natural al oriente del pueblo, la hizo adaptar como capilla. Hoy se conoce a este lugar como La Cueva Santa.
Mientras tanto, en algún lugar de la Sierra del Armadillo, un grupo de católicos, formado por dos vecinos del pueblo y varios del rancho de San Cayetano se preparaban para unirse a los cristeros. El padre Méndez lo supo, se lo dijo Donaciano Villa-nueva, veía lo peligroso de aquel rumbo y trató de disuadirlos de su empeño. Pero no fue el Señor Cura el único en saberlo, también lo supo el cacique de ese entonces y acusó al párroco de conspirador. Así las cosas, no le quedaba al padre Méndez, más que la huida.
El día 25 de febrero de 1928, después de celebrar la misa, el señor cura llamó a la señorita Isidra Bear, única persona a quien informó de su salida. Aunque no pensaba dejarlos, la situación lo forzaba a abandonar la Parroquia. Le encargó a dicha señorita que pagara algunas deudas. El padre Méndez, a pie, porque le habían robado el caballo, con una bolsa de dinero en la cual llevaba $87.00 pesos y seguido de lejos por el mozo Julián de la Fuente, salió del pueblo.
Pernoctó en Aguaje de los Castillo y al día siguiente llegó a Estación Ventura, donde tomo el tren para San Luis. Se cuenta que alguno o algunos lo delataron. El hecho es que a los pocos minutos, a la altura de Estación Alonso, el jefe de la escolta lo declaró formalmente preso.
Del tren, el Padre fue llevado directamente a la zona militar. No obstante, que nada de lo que lo acusaban se pudo comprobar, el 13 de marzo siguiente, después de dos semanas de prisión y malos tratos, fue conducido secretamente al Cemen-terio del Saucito, fusilado a las 6 de la tarde del mismo día, y sepultado inmediatamente en una fosa de sexta clase. Con él cayeron acribillados Ángel Zamarrón, Juan Grimaldo, Donaciano Villanueva, Rafael Montoya, Guillermo Velásquez y un soldado que habiéndose negado a disparar sobre el Padre, fue asesinado en el mismo momento y lugar.
Antes de enfrentarse al pelotón que lo asesinó, el Señor Cura, escribió un recado a la señorita Bear: “Me despido de todos mis feligreses suplicándoles que pidan a Dios por mi alma”. En la noche de ese día tanto la señorita Bear como la señora Rafaela Galnares de Duque, sin saber que ya habían asesinado al Padre, fueron a la Jefatura de operaciones con el propósito de verlo. Por supuesto no les permitieron entrar, solo un oficial las informo del fusilamiento y la inhumación.
Pasados 10 años del martirio, en abril de 1938, una comisión de vecinos pidió la autorización para trasladar los restos del Padre Méndez a la Iglesia parroquial. El gobernador accedió. Enseguida se hizo la petición a la S. Mitra, que también dio permiso. El día 18 de octubre el secretario de Gobierno, en oficio dirigido a los “C.C. Isidra Bear, Ladislao Díaz y demás firmantes” concedió la licencia respectiva. Los restos del padre Méndez fueron exhumados en la mañana del día 1 de noviembre de dicho año. Colocados los restos en una urna, los llevaron a la casa del señor Ignacio Duque, donde permanecieron hasta el día siguiente, en que fueron trasladados al templo del Sagrado Corazón de Jesús. De ahí, a la casa de la señorita Concepción Rivera y finalmente al otro día, a Armadillo. El cortejo llegó a las 19 horas y llevaron la urna en hombros al templo parroquial, donde se velaron los restos, finalmente el día 4, se depositó la urna en el crucero del Evangelio y mirando a la puerta del Templo.
La lápida en el crucero del Evangelio reza: "Antonio B. Méndez, Cura del Armadillo, S.L.P., Nace el 17 de enero de 1887 y fue fusilado el 13 de marzo de 1928. ¡¡Dio, como el buen Pastor, La Vida por sus Ovejas!! Sus feligreses le dedican este recuerdo". Más debajo de ésta, sobre el piso y adosada a la pared otra pequeña lápida que dice: "Se trasladaron sus restos el cuatro de noviembre de 1938".


Sr. Cura D. Antonio B. Méndez, fusilado en el cementerio del Saucito