
Con este
primer número iniciamos la publicación mensual de caminos,
que pretendemos compartir con usted por un año, el año
jubilar de nuestra arquidiócesis de San Luis Potosí;
caminos quiere ser el medio a través del cual se den a conocer
los acontecimientos más significativos de un caminar de ciento
cincuenta años, una semblanza histórica de la Iglesia
que peregrina en San Luis Potosí.
En la exposición
de este trabajo queremos adoptar la figura de un árbol: sus
raíces, su tronco, sus ramas. Las raíces son obviamente,
los antecedentes históricos y religiosos de lo que sería
después nuestra diócesis, así como las parroquias
que después la integrarían y la diócesis a que
pertenecían. El tronco son las mismas parroquias pero ahora
unidas entre sí formando un solo bloque; dos de ellas despuntarán
después para convertirse a su vez en nuevos troncos: Ciudad
Valles y Matehuala. Las ramas expresan la forma en que van surgiendo
nuevas parroquias. En cada número aparecerá también
la biografía de un obispo.
Hemos querido
utilizar un lenguaje sencillo, directo, agradable, que sea capaz de
atraer a todo tipo de personas; esperamos lograr este propósito.
Otra intención ha sido utilizar dibujos, que expresaran incluso
más que las palabras, eso dijimos en varias asambleas decanales,
esperamos hacerlo al menos en parte; pero sabemos que, por distintas
razones, no es posible lograr todo lo que se desea.
Los doce
números que aparecerán en el año, de septiembre
de 2003 al mes de agosto de 2004, tendrán páginas continuadas,
de manera que al final se pueda hacer un solo volumen uniendo todos
los fascículos. En el último número daremos a
conocer la bibliografía utilizada, que podrá ser de
gran utilidad para quien desee profundizar algún tema.
El principal
deseo de nuestra parte es descubrir y valorar el trabajo de quienes
nos han precedido en la fe en estas tierras potosinas y han hecho
posible la cultura católica que tenemos, y que esto sea motivo
para lanzarnos hacia delante por los caminos de Dios. Que el Señor
de la historia transforme nuestros corazones y nos de nuevas fuerzas
para ser también sus testigos: testigos de fe, de esperanza
y de amor.
Pbro. J. Margarito de la Torre Torres