Peticiones de Obispado

El 22 de abril de 1577 se hace la primera solicitud al arzobispo de México para que él a su vez solicite, si cree conveniente, un obispado para San Luis Potosí con sede en la Huasteca. En 1776 el Ayuntamiento de San Luis hizo la primera petición de obispado y que éste tuviera como sede la ciudad de San Luis Potosí, aunque no faltaron quienes, en repetidas ocasiones, escogieran como lugares posibles para la futura sede los pueblos de Santiago de los Valles o el Valle del Maíz.

En 1792 se volvió a tratar el asunto de erección de obispado, porque al parecer la anterior petición no alcanzó respuesta alguna. En 1804 el Ayuntamiento, por medio de su apoderado en Madrid, envió un memorial a la Corte, fechado allá mismo el 31 de agosto, acompañándolo con un mapa del obispado que San Luis Potosí (Nueva España) solicitaba que se erigiera en esta provincia.

De nueva cuenta se van a valer en 1806 del apoderado en Madrid; el Ayuntamiento vuelve a hacer la misma petición, proponiendo que la demarcación podría comprender por el oriente los curatos de Cerro de San Pedro, Armadillo, Guadalcázar, Río Verde y Valle del Maíz. Por el poniente: Mezquitic, Sierra de Pinos, Salinas del Peñón Blanco y Ojo Caliente (Zacatecas). Por el norte: la Hedionda (Moctezuma), Venado, Charcas, Matehuala, Cedral, Real del Catorce y el de Mazapil (Zacatecas). Por el sur: Pozos, Valle de San Francisco, Santa María del Río, Villa de San Felipe y San Luis de la Paz.

La séptima ocasión en que pidieron obispado para San Luis fue en 1810 cuando se iban a reunir en la Isla de León los diputados y las Cortes. El Ayuntamiento volvió a insistir y dio instrucciones a don Florencio Barragán, diputado por la provincia de San Luis.

En 1814 se volvió a insistir en el mismo asunto, ahora por medio del canónigo Vivero, diputado por esta provincia, para que presentara la petición ante Fernando VII, y así lo hizo el 7 de diciembre de dicho año. Cuando se consumó la Indepen-dencia, en 1821, la diputación Provincial de San Luis Potosí, elevó sus peticiones ante Iturbide el 22 de julio de 1822.A fines de 1831 se volvió a insistir en la erección cuando, con fecha 24 de noviembre, los presbíteros diputados: licenciado José María Guillén y Agustín Rada, juntos con el señor Luis Guzmán y a nombre de la legislatura de San Luis, elevaron un extenso memorial al Supremo Gobierno. Para 1845 estaba prácticamente completo otra vez el expediente de petición de mitra para San Luis.

En 1853, siendo gobernador el señor don Ramón Adame, se hace la última petición para erigir obispado; está fechada el 30 de marzo de ese año y va en estos términos:
"El Estado de San Luis Potosí, que en diferentes épocas ha dado relevante testimonio de patriotismo, lo ha dado igualmente de su religiosidad, y se creería particularmente favorecido por la actual adminístración, si diese pronto término a un negocio que hoy sólo pende de la resolución del Excmo. Sr. Presidente y la que puede dictar en uso de sus altas y omnímodas facultades. El negocio de gran interés para San Luis, es el promovido por sus autoridades desde el siglo anterior en el reinado de Carlos III, y particularmente por la Legislatura de 1831 solicitando erección de obispado en su territorio. El general Antonio López de Santa Ana, siendo presidente de la República, dio un decreto el 8 de julio de 1853, ordenando al Ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos, remitiera a la Legación Mexicana en Roma las instrucciones convenientes a fin de que se hiciera la erección y comprendiera el territorio del Estado. El Excmo. Sr. D. Manuel Larráinzar, Ministro entonces en Roma, trabajó eficazmente en la erección obteniendo las bulas respectivas el 31 de agosto de 1854.

Razones de las peticiones
a) Por la distancia que media entre Valladolid y San Luis, hay que añadir los incómodos caminos, por la mayoría de los cuales no podían transitar los carruajes de la época y por lo mismo lo más común era emplear la cabalgadura.
b) El tiempo tan largo que mediaba entre una visita y la otra del prelado de Valladolid.
c) La necesidad de atención espiritual que tienen los habitantes de la región, sobre todo de muchos pueblos que carecen de sacerdote.
d) La escasez de clero religioso, como diocesano.
Los peticionarios consideran que con una mitra en la ciudad, inmediatamente se crearían escuelas y sobretodo el seminario tridentino, por lo que ya no habría necesidad de enviar a los jóvenes a poblaciones tan distantes como México, Guadalajara, Valladolid, etc. Se procedería a la apertura de noviciado de regulares, como son el Carmen, San Agustín y la Merced... Se aumentarían las escuelas de primeras letras, de ambos sexos y colegios.

Recopilado por Antonio Espinoza Ibarra