
El
Espíritu Santo santificador y vivificador de la Iglesia


El día
de Pentecostés, el Espíritu comunicado por Cristo se
manifiesta presenta y activo. Espíritu que ya no cesaría
de santi-ficar indefinidamente a la Iglesia y de “rejuvenecerla,
renovarla incesan-temente y conducirla a la unión consumada
con su esposo” (LG 4).
El Espíritu Santo, dador de vida, y que habló por los
profetas estaba ya activo desde los orígenes, creando a todo
ser viviente, preparando en el pueblo de Israel a la Iglesia de Cristo.
Estaba en plenitud sobre Jesús durante su vida terrestre. Pero
no se manifestará plenamente como don hecho a los creyentes,
hasta el día de Pentecostés, el día en que nació
la Iglesia misterio de comunión, que tiene su fuente, su forma
y su meta en la Trinidad
.
¿Qué es la iglesia?
Es la morada del Espíritu Santo en este mundo, del cual, ella
es su Templo en el que oficia una nación santa (1 Pe 2,5) constituida
por piedras vivas (1 Pe 2,5). La Iglesia fue fundada por Cristo para
ser en el mundo el pueblo que vive y testimonia la Alianza nueva y
eterna que Dios ha sellado, en Cristo, con los hombres.
La Iglesia es un misterio de fe, comunidad humana y divina, que alaba,
bendice y rinde culto a su Señor muerto y resucitado. La Iglesia
es la comunidad de la Nueva Alianza sellada con la sangre de Cristo
que prolonga la asamblea convocada por Dios cuando pactó alianza
con su pueblo gracias a la meditación de Moisés: “ese
pacto nuevo, a saber, el Nuevo Testamento en su sangre (1 Cor 11,9)
lo estableció Cristo convocando un pueblo de Judíos
y gentiles, que se unificara no según la carne sino el Espíritu
y constituyera el nuevo pueblo de Dios (LG 9).
La Iglesia se distingue de otras sociedades y grupos humanos. No obstante,
dicha particularidad sólo la captan los cristianos que acogen
la Iglesia de parte de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
En la Iglesia es donde nosotros confesamos nuestra fe en Dios Trino,
y al hacerlo reconocemos a la Iglesia como la comunidad necesaria
para proclamar y vivir la fe en verdad.
La iglesia. Su relación con la Santísima Trinidad.
La Iglesia está unida a las tres personas divinas como un pueblo
unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo:
El Padre: Convoca a la Iglesia santa prefigurada desde el
origen del mundo, preparada en la historia de Israel, constituida
en los últimos tiempos, manifestada por la efusión del
Espíritu Santo y que se consumará al fin de los siglos.
El Hijo: Su misión inauguró en la tierra el
reinado de Dios, nos revelo su misterio y nos redimió por su
obediencia… la Iglesia, o Reino de Cristo presente ya en el
ministerio, crece visiblemente en el mundo por el poder de Dios…
Tal comienzo o expansión se simboliza en la sangre y el agua
que manan del costado abierto de Cristo crucificado.
El Espíritu Santo: Santifica a la Iglesia: de esta
forma los que creen en Cristo pueden acercarse al Padre en un mismo
Espíritu, que manifiesta toda la economía de la Salvación
y hace comprender cómo el Espíritu vive en la Iglesia.
Por esto afirmamos sin duda que la Iglesia es Una, Santa, Católica
y Apostólica.
La
iglesia es jerárquica.
Cristo el Señor para dirigir al pueblo de Dios y hacerle progresar
siempre, instituyó en su Iglesia diversos ministerios que
están ordenados al bien de todo el cuerpo. En efecto,
los ministros que posean la Sagrada Potestad están al servicio
de sus hermanos para que todos sus miembros del pueblo de Dios…
lleguen a la Salvación.
a)
El Colegio Episcopal y su cabeza el Papa: Cristo al instituir
a los doce Formó una especie de colegio o grupo estable y eligiendo
de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él. Así
como, por disposición del Señor, San Pedro y los demás
apóstoles forman un único colegio apostólico,
por análogas razones están unidos entre sí el
Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores
de los apóstoles (Cf. LG 22; CIC 83, 330).
Cristo instituyó a Pedro pastor del rebaño, hizo de
él la primera piedra de su Iglesia (Mt 16, 18-19). Este oficio
pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece
a los cimientos de la Iglesia; se continúa por los Obispos
bajo el primado del Papa, que es el principio y fundamento perpetuo
y visible de unidad, tanto de los Obispos como de la muchedumbre de
los fieles” (LG 23).
Junto con los Presbíteros tienen la función y misión
de Enseñar, de Santificar y de Gobernar al pueblo santo de
Dios. Los Diáconos pertenecen a la jerarquía, pero no
en cuanto al ejercicio del orden sacerdotal sino del servicio litúrgico,
de la caridad y de la palabra.
b) Los Fieles Laicos: Por Laicos se entiende aquí
a todos los cristianos, excepto a los miembros del orden sagrado y
del estado religioso reconocido en la Iglesia. Son, pues, los cristianos
que están incorporados a Cristo por el Bautismo, que forman
parte del pueblo de Dios y que participan de las funciones de Cristo
Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición,
la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el
mundo.
Ellos participan del sacerdocio común, junto con los religiosos,
es decir, de la misión sacerdotal, profética y real
de Cristo.
c) La Vida Consagrada: El estado de vida que consiste en
la profesión de los consejos evangélicos, aunque no
pertenezca a la estructura de la Iglesia, pertenece, sin embargo,
sin distinción a su vida y santidad: Tiene por obligación
la observancia de los consejos evangélicos de pobreza, castidad
y obediencia.

La
Iglesia, fiel custodia del depósito de la fe: Magisterio
En el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios,
oral o escrita, ha sido encomendado únicamente al magisterio
vivo de la Iglesia, lo ejercita en nombre de Jesucristo.
Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento
de la verdad para que alcancen la salvación. Para ellos nos
dio a conocer su palabra por medio de Jesucristo, mediador y plenitud
de toda la revelación que tiene una fuente común en
dos vertientes: la Sagrada Escritura y la Tradición; ésas
Están íntimamente compenetradas y unidas. Por que surgiendo
ambas de la misma fuente, se funden en cierto modo y tienden a un
mismo fin.
Este depósito de la fe fue confiado a los Obispos en comunión
con el sucesor de Pedro, en otras palabras, a su magisterio que no
ésta por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio,
para enseñar puramente lo transmitido por mandato divino y
con asistencia del Espíritu Santo; lo escuchamos devotamente,
lo custodiamos celosamente, lo explica fielmente; y de este único
deposito de la fe saca todo lo que propone como revelado por Dios
para ser creído.
Este magisterio se ejerce plenamente con la autoridad de Cristo cuando
define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al
pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de la fe, verdades
contenidas en la revelación divina o verdades que tienen con
ellas un vínculo necesario.
Finalmente exponemos que la Tradición, la Escritura y el Magisterio
de la Iglesia, según el plan prudente de Dios, están
unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros;
los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción
del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a
la salvación de las almas.

Misión
de la iglesia
“La Iglesia, enriquecida con los dones de su fundador y guardando
fielmente sus mandamientos de amor, la humildad y la renuncia, reciben
la misión de anunciar y establecer en todos los pueblos el
Reino de Cristo y de Dios. Ella construye el germen y el comienzo
de este reino en la tierra”.
Conclusión
La Iglesia es el Pueblo de Dios. A ella se entra por la fe y el bautismo.
Todos los hombres está
n invitados a este pueblo (cfr LG 13); a fin de que en Cristo, “los
hombres constituyan una sola familia y un único pueblo de Dios”
(AG 1).
La Iglesia es la esposa de Cristo, que la ha amado y se ha entregado
por ella, la ha purificado con su sangre. Ha hecho de ella la madre
fecunda de todos los hijos de Dios. La Iglesia es el Templo del Espíritu
Santo que es como el alma del cuerpo Místico, principio de
su vida, de la unidad en la diversidad y de la riqueza de sus dones
y carismas.
Así toda la Iglesia aparece como el pueblo unido, por unidad
del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esta es la única
Iglesia de Cristo que en el símbolo profesamos como una, santa,
católica y apostólica. Esta Iglesia, establecida y estructurada
en este mundo como sociedad subsiste en la Iglesia Católica.
La Iglesia está pues, a la espera de su Señor que está
presente en ella a través de la gracia que le proporcionan
los sacramentos, medios de salvación, que nos conducirán
sin duda alguna a la Casa del Padre celestial.

Recopilado
por Martín Alfredo Hernández Gómez
La
Iglesia Sacramento de Salvación
La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de
la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género
humano que es el primer fin de ella misma: Es la Iglesia, la comunidad
cristiana, la que globalmente es sacramento de Salvación para
el mundo porque celebra los sacramentos: Es en las celebraciones sacramentales
en donde la Iglesia hace, crece y obtiene la fuerza necesaria para
unir a sus miembros en la misma fidelidad a su Señor y ejerce
la misión que le ha sido confiada; por ello la Iglesia entera
se vive y se piensa como sujeto, lugar y resultado de la actividad
sacramental. Los sacramentos no son ya solamente considerados como
medios de llegar personalmente a la salvación, sino como inserción
en la Iglesia, sacramento de salvación para todos los hombres
y como actividad de toda la Iglesia, comunidad y ministerio.
Como sacramento de Iglesia es instrumento de Cristo; ella es asumida
por Cristo “como instrumento de Redención universal de
salvación” (LG 48), por medio del cual Cristo “manifiesta
y realiza al mismo el ministerio de amor de Dios al hombre”
(GS 45,1): es el proyecto visible del amor de Dios hacia la humanidad,
único pueblo de Dios, unido en un única cuerpo de Cristo
y en donde vive y habita el Espíritu Santo como en un templo.
La
Iglesia y los sacramentos
Los sacramentos proceden de la iglesia como cuerpo de Cristo y sacramento
originario. Son signos de que Dios ha aceptado y agradecido de nuevo
al hombre entero en su constitución personal y corporal, junto
con su mundo material configurado por el Espíritu, y por medio
de ellos es el hombre así agraciado y puede realizarse en la
Iglesia a través del Verbo divino hacia el Dios Padre en la
vida eterna del Espíritu Santo.
El Sacramento vendrá a ser, entonces, un hecho o una realidad
perceptible por los sentidos o bien un rito instituido por Cristo,
para dar a conocer las gracias de salvación merecidas por él,
para contenerlas y transmitirlas a los hombres por medio de los hombres
en estado peregrino, mediante la realización del sacramento,
por el ministerio y el que lo recibe. Deducimos, pues, que los sacramentos:
a) Fueron
instituidos por Cristo mismo.
b) El número
de los Sacramentos neotestamentarios de la Iglesia, es ni más
ni menos que siete, a saber:
1)El Bautismo:
Que marca el inicio de la vida sacramental; no libradle pecado, nos
configura con Cristo, nos incorpora a la Iglesia, nos regenera haciéndonos
hijos de Dios. Ningún otro sacramento puede confe-rírsele
a alguien que no haya convertido en fiel de Cristo por medio de este
sacramento.
2) En la
Confirmación: El bautizado es marcado por el Espíritu
Santo como sus dones, es santificado y transformado en testigo del
evangelio y en fiel soldado de Cristo.
3) La Eucaristía:
Es el lugar privilegiado que ocupa dentro del edificio sacramental
se debe a que este sacramento contiene no solo la gracia, sino también
al autor mismo de la gracia. Es la fuente y culminación de
toda la vida espiritual y material del fiel cristiano que es alimentado
por el Cuerpo y la Salvación de Cristo.
4) La Reconciliación:
Quien se acerca a ella recibe de la misericordia de Dios el perdón
de sus pecados. Una vez reconciliado con Dios, el penitente queda
reconciliado con Dios, el peni-tente queda reconciliado, también
como la Iglesia, a la que hirió pecando (LG 11).
5) La Unción
de los Enfermos:
Mediante ella, durante una enfermedad grave toda la Iglesia encomienda
los enfermos a al Señor paciente y glorificado, para que los
alivie y los salve; posibilita al convaleciente participar del poder
de Cristo, victorioso sobre el mal y la muerte, misericordioso y compasivo.
Le ayuda a asociarse “voluntariamente a la pasión y a
la muerte de Cristo” (LG 11); contribuyendo de este modo al
combate que mantiene el pueblo de Dios para mantener su santidad y
vigor.
6) El Sacramento
del Orden:
Establece en su cargo a aquellos que son llamados a ejercer en y para
la Iglesia, de modo permanente, institucional y público el
ministerio de pastor en nombre de Cristo. El sacerdote obre in persona
Christi, que dando esto mani-fiesto cuando pronuncia las palabras
de la consagración, esto es mi cuerpo; esta es mi sangre.
7) En el
Matrimonio: Se firma una unión que a la vez esta destinada
a satisfacer a los esposos y a engendrar la prole, es decir, a perpetuar
la familia humana y a acrecentar el pueblo de Dios. El matrimonio
encuentra su fundamento en la alianza de Cristo con su Iglesia, y
significa esta alianza, en cuyo misterio de unidad y de amor fecundo
participan los cónyuges (LG 11).
c) Los
sacramentos están compuestos de materia y forma: Según
su esencia los sacramentos forman siempre una unidad compuesta de
materia (elemento, res) y de forma (palabras).
d) Su administración:
Para la administración válida y eficaz de los sacramentos
es además necesaria la recta aplicación de la materia
y la forma, así como también la recta intención,
pero no son necesarios ni el estado de gracia ni la fe ortodoxa. También
se requiere en el sujeto la intención suficientemente conciente
de recibir el sacramento, prescindiendo en casos especiales como el
bautismo de los niños en peligro de muerte.
e) El ministro:
De acuerdo con la esencia de los sacramentos, que son medios de salvación
instituidos por Cristo, a quien Dios Padre ha dado todo poder (Mt.
28,18ss; Heb. 2,10; 5,10) alguien puede administrar un sacramento
en nombre de la Iglesia, solo en virtud de la potestad que procede
de Cristo y de la Iglesia.
Los
sacramentos producen la gracia
Los sacramentos son medios que dan la gracia, los cuales, como fuerza
santificante, o sea, como causa instrumental, designan y contienen
la gracia que les es propia de tal modo que la transmitan y produzcan
ex opere operato, es decir, no por mérito propio del que los
administra o los recibe.
La donación de la gracia depende también esen-cialmente
de la disposición del sujeto (como condición no como
causa), es decir, de la fe que se abre a la gracia sacramental y se
la apropia, así como de la intención del ministro y
del sujeto de hacer lo que hace la Iglesia.
Recopilado
por Pbro. José Manuel López Facundo
