
“Te damos gracias por la Iglesia,
extendida en todo el mundo,
como señal de salvación;
y reconocemos las innumerables gracias,
que has concedido a tu Iglesia Potosina
durante estos ciento cincuenta años”.
Llenos
de júbilo y con un corazón agradecido cantamos al Señor
un canto nuevo por todos los dones y beneficios con los que nos ha
bendecido. Es este un tiempo de gracia y bendición, pero también
es un tiempo propicio para reflexionar y meditar sobre todo aquello
que en la vida de nuestra Iglesia particular se ha ido sucediendo.
Es el momento adecuado para reconocer que no siempre hemos sabido
ser fieles a la misión que el Señor a todos, pastores
y rebaño, nos ha confiado, pidiendo, por lo tanto, la gracia
del perdón y de la reconciliación con el Dios y Padre
de Nuestro Señor Jesucristo.
Iniciamos,
pues, un año jubilar. Queremos compartir este momento en un
espíritu de fiesta, de gozo, de reflexión, de oración
serena y profunda, pero, sobre todo, con un compromiso generoso y
renovador, que nos permita gritar a los cuatro vientos que el Señor
Jesús está entre nosotros y con nosotros eleva a nuestro
Padre, un canto de alabanza y de acción de gracias por estos
tres cincuentenarios de comunión y participación en
una misma fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre.Muchos hombres
y mujeres han peregrinado llenos de esperanza por estas vastas tierras
potosinas sembrando con su testimonio, vivo y pleno, la semilla de
la buena nueva. Doce pastores nos han conducido, enseñado y
santificado con su magisterio y l a sabiduría que les ha sido
dada de lo alto. Muchos religiosos han compartido sus sueños
e ilusiones, sus dones y sus carismas con el pueblo santo de Dios.
Muchos sacerdotes han desgastado sus vidas en el servicio pastoral
en favor del rebaño del Señor Jesús.
Es por
eso que llenos de esperanza, y desde un encuentro personal y comunitario
con el Señor Jesús, queremos mostrar el rostro nuevo
de la Iglesia potosina, que quiere impulsar la santidad de vida, el
gusto por el evangelio y, sobre todo, el amor preferencial a los pobres
y alejados. Le pedimos al Señor que en este tiempo jubilar,
nuestra diócesis se convierta también en un lugar de
encuentro para todo hombre y mujer; y que crezca, en la unidad del
Espíritu Santo, por un amor ardiente a su palabra y por la
celebración gozosa de la Eucaristía.
Que María
Santísima, Madre de la Iglesia y Estrella de la nueva evangelización,
interceda por nosotros, para que la celebración de estos cientocincuenta
años como Iglesia potosina, nos permita aumentar nuestra esperanza,
iluminar nuestra fe, y vivir a plenitud la caridad.
Pbro. José Manuel
López Facundo.
