continuación

Al paso de los años, después del patronato de 1737,
no sólo tomó más solemnidad la participación
del M.I. Ayuntamiento en las festividades guadalupadas, y así
lo reglamentaban las ordenanzas, sino también la designación
del Mayordomo de la ermita. Tocó en 1759 a Don Miguel de Mier
y Caso, minero jurado y vecino de esta ciudad, llevado de grandísimo
afecto, ternura y devoción a la Santísima Virgen de
Guadalupe, solicitando la mayordomía que cumplió celosamente
por el año que se establecía, aficionándose tanto
que, al primero de enero de 1760, presentó solicitud formal
para que se le diera en perpetuidad dicha comisión la cual
fue concedida, llevando celosamente el inventario que ya tenía
una considerable cantidad de objetos.
El tiempo había dado un importante sitio a la devoción
a Santa María de Guadalupe y a un siglo de la dedicación
de la ermita, aunque ésta poseyera buen altar y muchos y buenos
objetos para el culto, su arquitectura se había menoscabado.
Con el constante progreso del culto, resultaban además incomoda,
tanto por la carencia de ventilación y luz adecuada como por
la estrechez de su interior 18.50 x 7.15 metros.
Como era de esperarse el lugar que ocupaba la imagen de la Santísima
Virgen de Guadalupe llegaría a ser insuficiente al paso de
los años, previsto por el capitán Don Manuel Fernández
de Quiroz quien el 7 de diciembre de 1731, al hacer su testamento
asigna la cantidad de cinco mil pesos a favor del Santuario para que
se haga el crucero de su iglesia de bóveda, y que si sobrase
algo de dicha cantidad, con ella se principie el cuerpo de dicha iglesia,
también de bóveda.
No se tiene conocimiento de cuando murió el capitán
Fernández, pero muy tarde, el 26 de mayo de 1761 se propuso
que la cantidad de cinco mil pesos que dejó en su testamento
para que la construcción logrará algún lucimiento
haciéndole crucero y cúpula a la ermita que ya estaba
cayéndose, se empleara mejor en un nuevo templo amplio y bien
construido nombrando a Don Felipe Cleere para este proyecto.
Es así que para el 27 de septiembre de 1762 se colocó
la primera piedra del entonces Santuario de Nuestra Señora
de Guadalupe, por el Alcalde Mayor Don Fernando Rubín de Celis.
A lo largo de cuatro años Don Felipe Cleere llevó acabo
la construcción del Santuario, llegando hasta antes de la colocación
de los capiteles y cornisa, la cual prosiguió Don Francisco
Sales Carrillo, hasta el año de 1799, teniendo construido todo
el interior del templo, faltándole las torres, de las que sólo
había un cuerpo, el de la derecha, concluidas en mayo de 1806.

La amplitud
del nuevo Santuario, aún sin cúpula, al brindar más
comodidad y capacidad para contener a los numerosos devotos, permitía
la celebración de las fiestas guadalupanas con mayor solemnidad
y esplendor. En el presbiterio, había más holgura para
los ministros y más espacio en el coro para los cantores y
músicos; en el imponente púlpito desplegaban todas las
garras de su barroca elocuencia los ampulosos oradores. Los potosinos
de alcurnia, por su parte, ponían especial empeño en
la fastuosidad, escogían los predicadores y costeaban parte
de los gastos.
La majestuosa Basílica de Santa María de Guadalupe,
resalta a la vista de los peregrinos y habitantes de la ciudad en
su paso por la Calzada que maraca la traza de forma vertical como
un camino dirigido a la Protectora e Intercesora de las causas de
la ciudad y Patrona Nacional. Al acercarse el final de la Calzada
encontramos el jardín de la Basílica con una amplia
fuente circular construida en 1831, copiando un grabado de no me olvides
de Akerman, de 1825.
Su fachada según la descripción que Francisco de la
Maza recoge de Ángulo dentro del lujoso barroquismo dieciochesco,
la iglesia de Guadalupe (1772-1801) significa, con la renuncia al
monstruoso estípite, el deseo de cierto clasicismo. Los soportes
vuelven a ser columnas de fustes cilíndricos, pero el peso
de tanta riqueza volcada durante tantos años sobre las portadas
potosinas no permitía que esos fustes se nos presentasen lisos
o simplemente estirados.
De la Maza escribe en 1960 que el Santuario de Guadalupe de San Luis
Potosí se encuentra en la encrucijada de los últimos
dos estilos coloniales: el barroco churruguiresco y el neoclásico.
El primero agonizaba; el segundo estaba en apogeo. Su constructor
Felipe Cleere, un aficionado entusiasta no quiso ver ninguno de los
dos estilos y acumulo formas arcaicas unas, barrocas, rococó
y clásicas atrás. Usa columnas jónicas y corintias,
pero con anillos y guirnaldas vegetales que adornan el fuste; el arco
de entrada es un caprichoso follaje; la ventana del coro es casi clásica,
pero la escultura del San Miguel que va enfrente, con su rica peana,
es barroca, al igual que el gran relieve de la Guadalupana y su corona.
A los lados un as de esbeltísimas columnas, junto a unas medias
muestras con adornos reticulados y, al final, como marco dobles columnas,
una encima de otra, de orden dórico y anillos en el fuste.
Las torres de tres cuerpos, son las más altas de la ciudad.
La altura total es de 53.20 mts. Siendo más alta que la catedral
de la ciudad de México y la más alta de esta ciudad.
Se cuestiona mucho la fachada del Santuario, pero su originalidad
la hace diferente del resto de los templos de San Luis Potosí,
y sólo por el hecho de conocer su historia sobre todo que fue
un impulso de la gente del pueblo, quien sostuvo la construcción
con un gran esfuerzo y empeño, se le debe dar un importante
valor como patrimonio de la ciudadanía.
Cuando se cruza al interior del templo podemos admirar la puerta de
madera tallada, en cuyas puertas se puede ver la imagen de la Sma.
Virgen de Guadalupe en la hoja izquierda, y una fachada de iglesia,
alegórica de la letanía lauretana. En la hoja derecha
se ve la imagen de San Luis Rey de Francia y de una torre, alegoría
de la misma letanía. Al exterior hacia el oriente se abre una
bonita puerta lateral con un marco labrado en cantera, con San José
colocado en el nicho.
El 12 de septiembre de 1991 fue elevado al rango de Basílica
y el primer Rector fue Monseñor Sebastián Zárate
Guzmán.
Actualmente la Rectoría de este Santuario es dirigida por el
Sr. Canónigo Carlos Cabrero Romero, con la ayuda de tres sacerdotes:
Pbro. Arnulfo Alvarado Díaz, Pbro. Felipe González López
y Pbro. J. Jesús Rentaría Rodríguez.
Tomado
de:
María del Carmen G. de Vildósola, Basílica de
Santa María de Guadalupe,
Universidad Autónoma de San Luis Potosí, 2003.
Recopilado
por Juan Jesús Melgarejo Martell
