El terreno que los hermanos Francisco y Bartolomé López de Mesa donaron a los carmelitas para la construcción de su convento era aquel que se extendía mas allá del límite oriental de la ciudad, que por entonces, en 1738, se encontraba en la primitiva calle que unía a los conventos de San Agustín y san Juan de Dios, y que era conocida como "Calle del Convento de San Agustín", que actualmente es la calle de Escobedo.

Estos terrenos se extendían ligeramente al oriente con una silvestre vegetación de naturaleza correspondiente a la región: Palma de lechuguillas, órganos, magueyes y nopales, y uno que otro núcleo de mezquites chaparros. En su extremo occidental limitaba por el lado sur con la huerta y prolongación de la casa de los agustinos, la huerta de la "Alfalfa", la huerta de la "Gitana", sucesivamente al pueblo de San Sebastián; y por el lado norte con varios solares de particulares y en la proximidad del hospital de San Juan de Dios con el llamado "Barrio de la Lagunita"; más lejos, la Hacienda de beneficio de don Manuel de Castilbianqui, y más allá con el caserío y la Iglesia de un pequeño conglomerado de familias indígenas y mezclas llamado San Cristóbal del Montecillo, cuyos hombres trabajaban como peones en los molinos y fábricas de minería.

Menciona el historiador potosino Francisco Peña que la primera piedra de la Iglesia y convento nuevo fue colocada por el Padre Antonio Rizo en la tarde del 23 de febrero de 1749, estando presente el provincial de los Carmelitas, Fr. Nicolás de Jesús María.


Convento del Carmen de San Luis Potosí, 1810



En 1732 murió en la ciudad de Querétaro uno de los hombres más ricos y poderosos de estas comarcas Don Nicolás Fernando de Torres, el audaz sevillano que vino a la América con el ansia muy humana de poseer grandes riquezas y hacer crecer la fama de su nombre y de su persona. Pronto la fortuna le fue favorable y logró empuñar el Bastón de Alcalde en el pueblo mineral de Guadalcázar; luego en la carrera de los intereses de posesión sobrepasó a muchos por su talento especial y por el sentido despierto que le hicieron ser capitán principal de los negocios en este rico y olvidado rincón del mundo.

Al morir, hizo una mención especial en su testamento, dejando una gran parte de su fortuna a la Orden Religiosa de San Alberto, con la condición que levantaran un convento en la Ciudad de San Luis Potosí, y que algunos de ellos fueran por los caminos consolando a los pobres y necesitados, llevándoles la palabra y el ejemplo de Cristo; sin embargo los monjes heredados tuvieron que soportar arduos años de contrariedades.


1945

 

En un plazo no mayor de seis años deberían realizar todos los arreglos necesarios para la adquisición de los permisos de fundación del convento, así en orden de jerarquía, la más importante y principal de los reyes de España, seguido del trámite correspondiente ante las autoridades del Virreinato y en último lugar y mas cercano, la obediencia y aprobación del Cabildo de la Ciudad.



El convento. En la sesión tercera del definitorio provincial de octubre de 1750 se dio principio con una petición de toda la comunidad de nuestro convento de San Luis Potosí, pidiendo a este venerable definitorio en cada año, mil pesos más de los asignados en el compromiso para la fábrica de aquel convento y conferenciado o con toda madurez y cuidado, se mandó que el Padre Procurador de Provincia de los $4,000.00 como lo pide, o como lo ofreciere la oficina de la Provincia, lo que se votó y salió aprobado.

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Así, la obra estaba en marcha, pero no con la velocidad que todos quisieran. Hubo que decidir por una u otra, el Convento o la Iglesia. Lógicamente se decidieron por el convento y desde él, una vez plantado podría la comunidad celar la construcción de la Iglesia. Para 1758 ya estaba concluida la vivienda que hoy tenemos y que se compone de 35 celdas por lo que determinó el Padre Prior que se pasase la comunidad a vivir al nuevo convento. Conforme a lo prescrito, la mañana del 14 de octubre de 1758 se mudó la comunidad del segundo Hospicio situado en la Laguna, al nuevo convento.


Interior del Templo



La iglesia. Al llegar el provincial a practicar la segunda revista de su trienio por octubre de 1763 alentó a Fr. Andrés de la Santísima Trinidad a que terminara lo poco que le faltaba de la obra. Ambos quedaron de acuerdo que la dedicación sería el 15 de octubre del año siguiente, con una duración de tres días. El fraile Andrés dijo que los deseos de la ciudad eran grandes en verlo dedicado, pero su concurrencia para la obra era nula, por lo aparatoso del caudal del fundador, los había persuadido de haber lo suficiente.

La dedicación fue una fiesta solemnísima, de y para los potosinos. Para a aclarar los parentescos, agregó que el párroco de Armadillo quien defendía a los del pueblo, debió muchos favores al alférez José de Luna y a otro descendiente don Nicolás de Torres, o fundador de los Padres Carmelitas.

Dentro de la estructura de los terrenos obtenidos por los religiosos, abrieron el espacio suficiente para su plazuela, descubierta sólo lo necesario para dar el ángulo de 90o, que permitía el mayor lucimiento de su Iglesia. Es importante hacer notar que en San Luis Potosí, como punto medio entre la puerta principal y la plazoleta no se hizo de nártex, como en las típicas construcciones carmelitas. En un plano hecho por Vildósola hacia 1797, nos muestra la plazoleta del Carmen con una cerca que abarca la mitad de su dimensión oriente - poniente, bordea la Iglesia hasta alcanzar el plano en que ahora está la puerta facticia del Camarín y en el centro frontal del poniente, tres arcos, para su ingreso.

Dentro del arte en el Templo del Carmen se encuentran la bella Portada "Decoris Carmeli y Hortus Conclusi", la Portada "Josefina", "el Retablo Mayor", la Portada "Matris Dei et Carmelitarum", la Casa de "los Cinco Señores", entre otros.

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La portada principal llamada decoris carmeli o de la hermosura del carmelo y hortus conclusi o del huerto cerrado ofrecen gratuita-mente la oportunidad de contemplar la portada exterior más grandiosa y bella de toda la descalcez carmelitana. Es la portada más grandiosa e impresionante, de huella indeleble. La composición de la portada es de tres cuerpos con remate triangular abierto, plegado con un manto por angelillos y sería fácil concluir que se trata de la protección mariana sobre la orden.

La portada josefina está dedicada al protector especial de la orden carmelita, el Patriarca San José. Consta de dos cuerpos, el bajo enmarcado por dos pilastras salomónicas.

El retablo mayor, de hermosura y ordenada talla. En él se registran al vivo muchas hermosas imágenes de santos de dos varas, repartidas con proporción debida, de arriba a bajo. En lo más elevado del centro termina un vistoso pabellón de bellísima, aunque frígida persona. Bajo su alegre cúpula se halla dominando como suprema majestad la imagen del Padre eterno, con cetro y mundo en sus manos. En la parte central, abajo tiene un tabernáculo destinado para la custodia del Señor Sacramentado, los días de Jubileo y de hábeas. Entre dicho tabernáculo y el más bajo en que se encuentra habitualmente su Divina Majestad, se ostenta Nuestra Madre y Señora del Carmen. Tan indispensable trascripción, es lo único que nos quedó de tan suntuoso retablo, pues hoy día está un poco cambiado.


Calles de alrededor del templo



La portada matris dei et carmelitarum, tiene tres cuerpos y una gran cámara, y es todo su conjunto un derroche de esplendor. De todo el conjunto de la puerta, las jambas y las pilastras son los elementos menos trabajados. Los siete príncipes, en el segundo y tercer cuerpo hay cuatro y tres arcángeles respectivamente, y son: Gabriel, Rafael, Uriel, Baraquiel, Jehudiel, Azrael y el Jefe Miguel que custodia la puerta abierta del cielo, casi a punto de gritar "Quis ud Deus" (¡Quien como Dios!). Contrasta la marcialidad de los arcángeles con el jugueteo de las innumerables figuras de ángeles y angelillos que llenan toda esta portada del retablo.



La casa de los cinco señores, es una capilla cupular de un solo tramo, con el añadido del espacio para el altar y su gran concha. El retablo consta de un cuerpo y tres cámaras con cuatro estípites, que lo llenan casi en toda su extensión. El retablo está trabajado en tres planos aprovechando que1a estructura del camarín es ochavada, por lo que quedan con gran dignidad sobre peanas las imágenes de San Joaquín y Santa Ana. En la carrera del centro y principal está un nicho grande, cerrado con cristales en que se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Carmen con el Niño Jesús y el escapulario, sobre el nicho hay una peana en la que está una pequeñísima escultura de la Virgen de la Fe, vendada en sus ojos, pues la Fe es Ciega. La significación principal del retablo está cifrada en la Santísima Familia de los Cinco Señores. Están ahí San Joaquín, Santa Ana, María y el Niño, pero el espectador se plante al mirar el retablo y darse cuenta que falta San José. Él está representado por la Concha que protege el Retablo.


Panorámica, 1950

 

¡Reina y hermosura del Carmelo, ruega por nosotros!