Antes de la erección de esta Villa, fundada por decreto del
3 de noviembre de 1882, se había establecido aquí, una
junta católica, que con grandes empeños había
comenzado sus trabajos el 23 de abril de 1874 consiguiendo, gracias
a los esfuerzos del celoso cura de Pozos, Don. Asunción Ruiz,
un Sacerdote que le fue designado en la persona del Sr. Pbro. Don
Pedro Rodríguez. La principal iniciativa de éste se
dirigió a la construcción de un templo.
El día 18 de agosto de 1899 unos humildes vecinos, Benigno
y Tirso Ávila, Antonio Martínez, y algunos socios más
presentaron una solicitud de compra de un terreno pertene-ciente al
Ayuntamiento, con el objeto de construir allí un templo. Manifestando
que contaban con $50.00 pesos para dicho fin. Habiendo acordado la
corporación en la sección del 9 de octubre del mismo
año se acordó que se les daría el terreno gratis
con el fin de dejarles libre el pequeño fondo con que contaban.
Siendo capitulares de dicha corporación los señores
Felipe Malhavear, José Gallegos, Fermín Rivera, Jacinto
Robledo, Toribio Zarate, J. de Jesús Agundis, Dionisio Armendáriz
y el Sr. Genaro Cerda.
Con el favor de Dios el día primero de noviembre del 1889 se
empezaron los trabajos del nuevo templo con multitud de obstáculos
y sin dar cuentas a la Sagrada Mitra, considerando la obra particular,
y continuando sin más recursos que las limosnas de todos los
vecinos.
El 31 de agosto de 1900 varios vecinos se presentaron ante el Sr.
Obispo Don Ignacio Montes de Oca para obtener el permiso para proseguir
la obra empezada, fueron presentados por Don Ramón Othón.
Consiguieron el permiso pues la obra era de interés para la
Iglesia; Se les hacía ver su falta al no pedir permiso para
empezarla y se les dispensó. El 8 de diciembre de 1900 se elevó
un concurso y el 23 de enero de 1901 se recibió con gran júbilo
del pueblo entero, la constancia del señor A. Jiménez
aprobando y facultando al señor Vicario Rufino de Yturriagoitia
para la bendición de las bóvedas. El maestro de obras
fue el señor Desiderio Monreal y ya para 1910 era consagrado
y dedicado al castísimo Patriarca Señor San José.
Desde entonces ha servido grande-mente como templo parroquial.

En efecto la fiesta patronal de San Antonio de Padua congrega una
verdadera multitud. En ese lugar hay baile público, juegos
pirotécnicos, música de viento, procesiones y hasta
feria. La capilla no fue construida sino hasta 1894, que se empezó
la construcción de la nueva, en la Sauceda, ya que iba a sustituir
la antigua, puesto que los de la inicia-tiva fueron Tirso y Benigno
Ávila, Antonio Martínez y Amado Cerda. El 19 de octubre
de 1899 se empezaron los trabajos bajo la dirección del maestro
albañil Desiderio Monreal y se inaugura el 24 de enero de 1904.
El 25 de marzo el Sr. Obispo Montes de Oca elevó la Vicaría
a la dignidad de Parroquia, segregándola de la parroquia de
Villa de Pozos, siendo Don Albino Escalante su primer párroco.
En el periódico “El Estandarte” se publica la noticia
que el 6 de enero de 1904 que la última semana del mismo mes
el Sr. Obispo Ignacio Montes de Oca bendeciría el nuevo templo
dedicado a San José en la Villa de Zaragoza y que en los días
siguientes a la inauguración se haría una peregrinación
en cada una de las fracciones de ese municipio.
Antecedentes: ya en 1685 Alonso de Pastrano ante el alcalde mayor
de San Luis Potosí Don Juan Bautista Ansaldo de Peralta, y
las tierras inmediatas a la Hacienda de la Pila que tenía como
límites al Norte las Haciendas de Arroyos y de la Sauceda,
y al Sur las de San Vicente o La Laguna.
Es muy probable que dicha hacienda de la Sauceda, que dio lugar a
la primera congregación fundada en ese lugar, venga desde cuando
se impuso el sistema de haciendas, un poco después que se descubrieron
las minas tan cercanas del Cerro de San Pedro.
Para su mejor provisión al ser elevada al rango de parroquia
se le adjudicó, de la parroquia de Santa María del Río,
el rancho de la Paradita de los Martínez; y de la antigua Parroquia
de Pozos el rancho de Pedro Gómez. Con la nueva división
de parroquias, ha tenido invasiones pero muy superficiales.

Recopilado
por Tomás Loredo Santana
