El territorio de Salinas estuvo en el Nuevo Reino de Galicia desde 1531, que abarcaba las provincias de Zacatecas, Jalisco y parte de San Luis Potosí, incluido Salinas del Peñón. En lo eclesiástico perteneció a la diócesis de Guadalajara, creada por S.S. Paulo III, por la Bula “Super Speculam Militantes Ecclesiae” del 13 de julio de 1548. Los capellanes de Salinas fueron clérigos diocesanos, franciscanos, agustinos y mercedarios. Algunos tuvieron nombramientos reales, otros fueron interinos, encargados, misioneros o simplemente estaban de paso. Los capellanes reales cesaron, al nombrar el primer párroco diocesano que fue el Br. Juan Joseph Díaz de Sandi, en julio de 1799, Salinas de Santa María del Peñón Blanco fue segregado de Ojo Caliente, pero siguió perteneciendo al obispado de Guadalajara hasta 1855, en que pasó a ser parte de San Luis Potosí, en el cual apenas si estuvo unos nueve años y al ser creada la diócesis de Zacatecas pasó a ella, hasta que en 1920 volvió a ser parte de San Luis Potosí, para que los límites diocesanos fueran los mismos de los estados.

El trabajo pastoral en la Parroquia de Salinas estuvo bajo el resguardo de 3 diócesis: Diócesis de Guadalajara de 1799 a 1855, Diócesis de San Luis de 1855 a 1863, Diócesis de Zacatecas de 1864 a 1913 y nuevamente Diócesis de San Luis Potosí de 1920 a la fecha.


LA OBRA MATERIAL DE LA IGLESIA.
La primitiva y única iglesia que tuvo Salinas fue la edificada por los asentistas de la negociación de sales para uso casi familiar y el de los pocos trabajadores de las lagunas.

La patrona de la citada capilla era Nuestra Señora del Rosario, cuya imagen era una escultura pequeña.

Al erigirse la parroquia se siguió usando la capilla Real y sus objetos de culto. No se sabe que se haya comenzado a levantar un nuevo templo fuera de los terrenos de la negociación salinera.
El 24 de agosto de 1807, llegando en su segunda visita pastoral el Ilmo. Juan de la Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo, hace un reconocimiento a la capilla de la negociación que servía de parroquia.

Para 1810 todavía no se construía la nueva parroquia, porque el cura Vicente Fernández de Lechuga afirma, el 20 de julio de ese año que:”Las existencias que anteceden (un inventario) relativas al culto divino en la capilla Real que ahora sirve de parroquia, sus oficinas y casa morada que ocupo y de la cual estoy hecho cargo, las recibí de mi antecesor, Sr. Cura Don. Martín Góngora y pa. qe. conste firmo el presente. Rúbrica”. Éste Sr. Cura se sumó a la lucha contra los insurgentes. Los libros parroquiales acusan muchas y muy prolongadas ausencias de Salinas, donde dejaba cura encargado para irse a tomar las armas.



En 1854 aparece en el inventario que dice: “Sirve de parroquia la capilla de Nuestro Padre Jesús de Nazareno, levantada por el Sr. Cura José Ma. Sémper por los años de 1820 a 23.” Tres son demasiado pocos para que Sémper la hubiera levantado. Lo más seguro es que alguno de sus antecesores la comenzaron y terminaron pues el mismo Sémper se quejaba en 1823 del mal estado de la antesacristía y tuvo que irse a la iglesia del camposanto a hacer sus ministerios parroquiales mientras se recom-ponía; lo que quiere decir que había tres capillas: la de la negociación, la capilla parroquial y la del panteón. Es posible que él la haya terminado según la placa de cantera tallada cuya inscripción y más abajo, o lo que es lo mismo, encima del cerramiento del arco de la puerta dice: “Jesús, María y José de 1823”.

En 1866, nadie había hecho una mejora sustancial al templo, todavía era un edificio techado con viga ya muy viejas, sin cúpula, sólo la torre. Al llegar el cura Canuto Medina escribió a su obispo: “me he propuesto hacer de bóveda la parroquia… para lo cual solicitaba la necesaria licencia. Tal permiso llegó 4 días después… para recomponer aquella iglesia parroquial… procurando excitar la piedad de los fieles, así para que contribuyan con su limosna. Zacatecas a 16 de octubre de 1866”.

Debió ser entusiasta la respuesta de los fieles pues en dos años terminó la obra, habiendo además una pequeña cúpula. De esos tiempos deben ser los cuatro óvalos de los evangelistas de las pechinas y el decoro con ángeles de la predicha cúpula.

Durante 1871 el gobierno del Sr. Cura Eduardo Pérez se hizo varias mejoras al templo, sobre todo en pintura.

Hasta 1900 el cura Saturnino Romo hizo reparaciones y decoró el interior.
En el año de 1906, D. Simeón Carlos, recibió autorización para la ampliación del templo. Para la cual compró las casas que estaban detrás a fin de hacer los otros cruceros, con lo cual se sumó esta iglesia a las de la comarca que tienen muchas de ella doble crucero.



El trabajo de este sacerdote, devotísimo de Nuestro Padre Jesús siguió adelante. Después de levantar muros y de la ampliación se comenzó a hacer la cúpula, que no puedo ver terminada.
El interior no se descuidó. Tan pronto pudo se proyectó el altar mayor que tendría que ser igual al de los viejos cruceros, pero como no calcularon bien la altura, quedó diferente. El mismo Sr. Cura Carlos proveyó de esculturas nuevas al templo, para sustituir otras que ya estaban viejas. Adquirió la bellísima Inmaculada Concepción y a San Antonio, posiblemente. De no haber muerto el 7 de agosto de 1910, hubiera hecho mucho más. De cualquier modo dejó casi terminado el altar mayor y el permiso de la Hacienda del Carro para que de sus cercanías se trajera la cantera rosada necesaria para el recubrimiento de columnas, cornisas, fachada del curato y demás.
El primitivo altar mayor era de estuco y argamasa o calicanto que luego se reconstruyó en el crucero de la Virgen del Carmen.

Al Sr. Cura Carlos lo sustituyó el Pbro. Aureliano Escalante, quien trajo la cantera de la Hacienda del Carro con la ayuda continua de D. Octavio Cisneros a quien está dirigida una nota que dice: “Hacienda de El Carro, admor. Juan Velasco. Sr. Octavio Cisneros: atendiendo su estimada carta fechada ayer con la mayor satisfac-ción he expedido la o/n para el paso de las carretas conductoras de cantera pa. el templo de Nuestro Padre Jesús de esa ciudad al cuidado de D. Alfredo Escareño. Firma Leo-cacio Guerrero. Enero 25 de 1913”.

Nombrado Párroco Juan Manuel Ávila Benítez en 1913 prosiguió entusiasta con los trabajos. El Obispo Miguel M. de la Mora bendijo el 24 de abril de 1918 la ampliación del templo. Al día siguiente declaró “altar privilegiado” el altar mayor, nuevo.
Sólo quedaba por concluir la enorme cúpula y hacer el nicho o templete de Nuestro Padre Jesús que estaba en un dosel.

Diez años pasaron sin haber noticia de trabajos para terminar la cúpula, hasta que llegó el Sr. Cura Antonio Reina en 1930 y se propuso terminarla. También restauró el atrio, reacondicionó la capilla de la Virgen de Guadalupe, hizo el comulgatorio de granito rosa, compró bancas, decoró el interior con la pintura actual de cuadrille en tonos rosa, rojo, azul, negro y dorado.

En tiempos del Cura José García Calvillo, se hicieron muchas mejoras, se colocaron vistosos vitrales de colores en la cúpula y, aunque desafortunada, se hizo una remodelación al exterior, quitando la primitiva cruz de piedra del frontispicio para colocar una de material plástico. Durante su gobierno los salinienses radicados en otros lugares obsequiaron al templo el órgano electrónico, candiles, vasos sagrados y otros objetos.

Al llegar el ahora Cango. Francisco Javier Araiza Romo al curato, trabajó despacio y logró recuperar la dignidad de la fachada parroquial. Quitó la cruz plástica y puso de nuevo la de piedra recubrió la fachada de cantera, quitó la ventana rectangular poniéndole una redonda sobre la puerta, agregando dos cuadras a los lados. También remodeló el curato y el monumento a la Santa Cruz.



Gobernando la parroquia el Sr. Cura Fulgencio Escareño, hizo varias reformas. Con ayuda del gobierno se fortaleció la estructura del campanario ya muy dañado, se hizo la remodelación del atrio, la adquisición del reloj electrónico, renovación de la imagen de N.P. Jesús, reposición de la cantería de las gradas del presbiterio revestimiento con madera del guardapolvo del interior del templo, compra de una nueva pila bautismal colocada cerca del altar mayor y remodelación de la antigua casa cural por la calle de Juárez para usarlas como oficinas.

En 1989, durante la fiesta de marzo, se organizó una exposición de arte con trabajos de artistas salinienses, con temas alusivos a N.P. Jesús y fotografías del Salinas antiguo que trajo muchos recuerdos a los visitantes y arrancó aplausos para los organizadores. Los ocho días que duró la exposición fueron de rotundo éxito. Entre los pintores participantes destacaron: Gonzalo Hermosillo, Meropi Katina, Eduardo Saucedo, Arturo Betancourt y Celina Casillas. De los fotógrafos de N.P. Jesús destacan Enrique Preciado, Manuel Romero, Gabino Rodríguez y Jesús López. Y siguieron los proyectos de mejoras del patronato que trabaja continuamente para hacer mas digna la casa de N.P. Jesús.