Entre las imágenes más veneradas y esculpidas en el
apogeo del barroco, además de la Virgen en sus diversas advocaciones,
están todas aquellas relacionadas con el misterio de la pasión
de Cristo. Así es como el hermoso Cristo español, pleno
de dulzura, el artista mexicano aplicó siglo tras siglo, huesos,
dientes y cabello natural. Así el pueblo lo siente más
suyo, más primitivo, más sufrido, más cercano.
El Nazareno venerado en Salinas, representa al Jesús prisionero,
con túnica, cordeles al cuello y a las manos que muestra sangrantes
y amoratadas, con heridas ligeramente inclinadas hacia el lado izquierdo,
viéndolo de frente. El rostro denota un rictus de dolor profundo
y tristeza infinita. La madera de la que está hecha la escultura
es de una parecida al sándalo, muy resistente al tiempo y que
se apolilló porque en alguna anterior retocada le incrustaron
de una diferente. Se dice que sólo hay otra imagen en le país
con las características del Nazareno de Salinas. Las uñas
de manos y pies son de marfil, los ojos llenos de tristeza y las pestañas
son de material no identificado. La nariz aguileña y la ancha
frente realzan el seño de las cejas juntas; tal vez para mover
las cejas juntas; o bien para mover la piedad de los fieles escultores
que pecaban en aparentar autenticidad en heridas y desgarraduras.
Aparecen en la imagen, heridas en la espalda, costillas, parte del
fémur izquierdo, antebrazo, tobillo y pómulo derecho,
donde pueden verse huesos humanos o animales. Sigue teniendo la misma
peluca, aparentemente de cerda animal, tosca y opaca, y otra de cabellos
humanos.
Como es una imagen de vestir, tiene sus ropas y accesorios. Lo visten
con albas o fondos blancos. Sus túnicas y vestidos han variado
de color. Se le ha visto, ataviado de crema, morado, guinda y rojo.
No faltan los adornos de galón dorado o plata y los bordados
más ricos. Lleva en la cintura un cíngulo de color de
la túnica y en ocasiones dorado. Una soga pende del cuello
y detienen las manos, es casi siempre dorada. Bajo los pies tiene
unos cojines para que posiblemente sea la más antigua y otra
dorada como de espinas aunque más reciente, lleva varias roturas
y otras tantas restauradas y otra replica de la primera.
De todos los nazarenos de la región, el de Salinas atrae más
fieles, tanto en su fiesta de marzo como en todo el año. Todo
el que lo invoca recibe favores y consuelos, dígalo sino estas
figuras metálicas llamadas milagros y los ex votos o retablos,
obra de arte popular que sienten tan cerca que lo llaman Nuestro Padre
Jesús, un nuestro que demuestra una posesión común
pero que llega al grado de singularizarse pareciendo egoísmo
de alguno- cuando dicen: “Mi Padre Jesús”.
En 1988, al ver la necesidad urgente de restaurar la maltratada imagen,
se acudió a la restauradora potosina Cecilia Carreras quien
la sometió a pruebas radiográficas, rayos láser
y ultravioletas, procedimientos que por primera vez en el país
se somete a una obra, objeto de culto católico. Para mayor
confianza de los fieles el trabajo se hizo en el mismo pueblo. No
quería la gente que saliera. Al cabo de siete meses quedó
renovada la imagen, hubo muchos que juzgaron poco afortunado el resultado.
Recopilado
por Juan Jesús Melgarejo Martell
