“Voz más rica que un concierto y que sube hasta el Jordán,
es la voz, a campo abierto, del que clama en el desierto,
y que lo llamaron Juan”
Celebramos
llenos de gozo el nacimiento del Bautista. Hombre cabal y consciente
de la misión que, ya desde la eternidad, le había sido
encomendada. La llevó a su total cumplimiento, incluso hasta
dar la vida, como su Maestro. Su mensaje fue primordialmente una invitación
urgente a la conversión y a la reconciliación, y que,
aún hoy, después de dos mil años, sigue resonando
en nuestros corazones.
Desde esta perspectiva de la conversión, nuestra Iglesia Potosina
en su año jubilar, nos recuerda en su Plan Diocesano de Pastoral
que “la conversión es un don de Dios. Es fruto de un
encuentro con la persona de Jesucristo vivo (cf. Mc 1,15). Es dejarse
guiar por el Espíritu Santo… Significa cambio de mentalidad
y vida que se manifiesta en una fe con proyección social. Es
un proceso diario de entrega al seguimiento de Cristo que nos capacita
para vivir en libertad (cf. Ga 5,1). Es prolongar el amor de Cristo
en la historia principalmente a los pobres, enfermos e indigentes
(cf IA 30; Lc 14, 13.21); es un don que implica necesariamente un
proceso personal de reencuentro y reconciliación con Dios y
que además tiene dimensiones eclesiales que interpelan a todos
los miembros de la Iglesia a una creciente identificación con
el estilo personal de Jesucristo, que nos lleva a la sencillez, a
la pobreza, a la cercanía, a la carencia de ventajas, para
que, como El, sin colocar nuestra confianza en los medios humanos,
saquemos, de la fuerza del Espíritu y de la Palabra, toda la
eficacia del Evangelio, permaneciendo primariamente abiertos a aquellos
que están sumamente lejanos y excluidos (Carta Pastoral CEM
123)” (144-146.)
Es, pues, está una oportunidad privilegiada para hacer vida
la invitación que el Bautista nos sigue haciendo, de tal modo
que nuestro jubileo no sea solamente un bonito recuerdo, sino, más
bien, una fiesta que nos lleve a una profunda y verdadera conversión.
Continuando con la historia de la Iglesia que peregrina en San Luis
Potosí, presentamos en esta ocasión los acontecimientos
más importantes del Señor de Burgos en el Saucito; de
las Parroquias de San José de Zaragoza, de Nuestro Padre Jesús
en Salinas de Hidalgo, de la Basílica Santuario de Nuestra
Señora de Guadalupe y de la Catedral de Matehuala, así
como la vida del décimo Obispo diocesano, Don Ezequiel Perea
Sánchez. Que María, que es también animadora
de la conversión, nos siga acompañando y alcanzando
del Padre de la Misericordia, la gracia necesaria para hacer de nuestra
Iglesia potosina un lugar privilegiado del encuentro personal y comunitario,
con el Cristo muerto y resucitado para nuestra salvación.
Pbro. José
Manuel López Facundo.
