EL SEÑOR DE BURGOS DEL SAUCITO Y SU TEMPLO

Primera parte


LAS ENCINILLAS
Así se llamaba este oscuro lugar situado al noreste de la ciudad de San Luis Potosí y al otro lado del río Santiago, a poco más de una legua y que hoy tiene el nombre de el Saucito, famoso en la ciudad y en el estado de San Luis Potosí
y en muchísimas ciudades y pueblos del país por su Santuario y por la milagrosa Imagen de Nuestro Señor de Burgos, mejor conocida por el Señor del Saucito que en él se venera.
Hoy ya no es un lugar perdido entre mezquites y pirules. Es una fracción del municipio de San Luis Potosí, con miles de habitantes, escuelas, comercios, talleres de cantera y mármol y a la cual se llega por una amplia avenida. Tiene dos iglesias, la vieja capilla y el nuevo santuario de bien labrada cantera rosa. Tiene personalidad propia. Su Santuario, vicaría fija en 1924, es parroquia desde 1976.

NUESTRO SEÑOR DE BURGOS
Por los años remotos de 1820 o un poco después, Cesáreo de la Cruz, de oficio carpintero, que vivía en las Encinillas, salió de su casa rumbo a Estanzuela, en busca de madera para sus trabajos. Buscando, buscando, encontró un sauce maduro, frondoso, que le podía dar mucho material y entro en tratos con el dueño del terreno, y lo compró. Cuando lo hubo cortado y hacia partes de él, descubrió que un pedazo de tronco y dos de sus ramas formaban una perfecta cruz, como hecha a cordel. Cesáreo era un buen cristiano y muy devoto de Nuestro Señor Crucificado bajo la advocación de Burgos. Sacó de la copa de su sombrero una vieja estampa del Señor de Burgos, su devoción. Miró detenida la imagen y miró a sí mismo el pedazo de sauce, vio que estaba a propósito, y sin más se resolvió a hacer realidad el piadoso propósito. Cesáreo ya en su casa le comunicó su voluntad a su Padre Juan Lorenzo y a su hermano Casimiro, tan apasionados como él del mismo Señor de Burgos. Como eran hombres de pocos recursos, no pudieron contratar los servicios de un buen artista, se tuvieron que avenir a los de un humilde aficionado, un tal Juan Pablo, vecino del Barrio de San Juan de Guadalupe.

Juan Pablo cumplió, y no se hizo esperar mucho, porque al poco tiempo entregó el encargo. Padre e hijos quedaron satisfechos. En aquella humilde enramada que la piedad y el amor de Juan Lorenzo y sus hijos Cesáreo y Casimiro de la Cruz, levantaron al Señor de Burgos, empezó la bendita imagen a prodigar sus favores y a recibir culto.

La fama de las peregrinaciones llegó sin tardanza a oídos del Señor cura y Juez eclesiástico de la ciudad de San Luis Potosí, Don Tomás Vargas, quien por su cargo se vio obligado a poner manos en el asunto. Fue personalmente a las Encinillas, conoció el lugar, vio cómo iba la gente, cómo cundía sin trabajo el culto. Todo le gustó, todo lo aprobó menos la imagen, que salió tan fea y deforme que el exigente señor cura no la consideró digna de recibir culto alguno; sin más la recogió y se la trajo a la parroquia, donde la encerró en una de las bodegas.

Le rogó la familia de la Cruz mucho y por mucho tiempo, pero, por más que le rogaron no consiguieron nada. Finalmente, después de una tercera insistencia, el Señor Párroco accedió devolverla, pero con la expresa y rigurosa condición de que la reformara un buena artista y se construyera una capilla.Por la recomendación del mismo Señor Cura, Casimiro de la Cruz confió la reforma de la imagen al escultor José María Aguardado, artista de reconocida competencia. El escultor trabajó rápidamente a la vista y bajo la dirección del párroco. Terminada la obra en la que se esmeró el escultor, a tal grado que resultó una imagen proporcionada, hermosa, artística y completamente distinta de la anterior, tan fea y deforme, fue llevada a la capilla de Nuestra Señora de la Salud hoy del Espíritu Santo.

LA ERMITA
Casimiro de la Cruz fue a Morelia, de cuya Mitra dependía entonces la ciudad de San Luis Potosí, a solicitar el permiso eclesiástico para la construcción de una capilla. Obtenido éste, en menos de medio año, estuvo concluida la capilla, y así, en noviembre de 1826 tuvo lugar la primera solemne romería a las Encinillas o Saucito. Con la participación de muchas familias de la ciudad, el Señor del Saucito fue llevado en solemne procesión a su nueva iglesia. Ésta, además en tal día fue abierta al culto y bendecida también con toda solemnidad.

Como no era posible que hubiera allí un sacerdote de pie, por lo deshabitado del lugar, el párroco y juez eclesiástico de la ciudad nombró mayordomo de la capilla y del culto a Juan Lorenzo de la Cruz, dueño de la imagen y también el iniciador de la popular devoción. El mismo párroco, hacia 1828, nombró mayordomo a Casimiro, hijo de Juan Lorenzo, lo que dio lugar a serias dificultades entre el propio Juan Lorenzo contra Casimiro. Todos se sentían con los mismos derechos y atribuciones. En 1834 Cesáreo acudió a la Mitra de Morelia en demanda de justicia y quejándose contra su hermano. El promotor de justicia de allá dio su veredicto al Ilmo. Prelado de Michoacán quien lo turnó al párroco de Tlaxcalilla, Fray Miguel Antillon: “He visto y revisado el Promotor el expediente promovido por el ciudadano José Cesáreo de la Cruz contra su hermano Casimiro, que se cree se ha constituido único dueño de la Imagen del Señor de Burgos del Saucito y de su capilla, desde que el finado cura Aguilar lo nombró Mayordomo para colectar e invertir las limosnas de los fieles para el fomento de su culto; y hecho cargo de los comprobantes con que se apoya el igual derecho que le asiste, no menos que del circunstanciado informe de su Párroco, halla: que estando justificado como está, desde el primer documento hasta el último, que el padre de ambos, Juan Lorenzo de la Cruz, fue el que costeó los gastos de la formación y renovación de dicha soberana Imagen, y lo mismo en unión de sus hijos y otras limosnas la construcción de su templo, es inconcluso que toda la familia de aquel tiene igual derecho a dichas cosas; y por lo tanto, es de declararse así por V. S. I., en juicio del que responde, sirviéndose mandar si mereciere su superior con formalidad, se libre la orden a su Cura doctrinero para que reuniéndolos a todos los de la familia se los haga saber y les proponga un mayordomo que sea de su satisfacción de la mayoría, para quitar de raíz los escándalos y competencias que tantas turbaciones han causado, y la alarma de los impíos por las supercherías con que han querido alucinar a los sencillos con las degradantes fricciones de apariciones y milagros para aumentar las limosnas y aprovecharse de ellas en sus comelitones; añadiéndole al referido Párroco haga que el Mayordomo Casimiro le rinda cuentas de los seis años que ha desempeñado dicho cargo, dentro del término que le fije; que estando anuentes a todo, podrá usar de las licencias de celebrar en dicha capilla que se expidieron en la última sede vacante bajo las prevenciones que en ella se expresan y las que V. S. I. , estime conveniente añadir. Morelia. Enero 3 de 1834.- Lic. Ceballos”



Con semejante disposición de la Sagrada Mitra se puso en paz a la familia De la Cruz y se corrigieron los abusos que ya empezaban a cundir. Todos quedaron con los mismos derechos sobre la imagen y la capilla. Y todos ellos y sus descendientes se consagraron a la atención y fomento del culto del Señor del Saucito.

EL SAUCITO
El Señor del Saucito sacó a las Encinillas de la oscuridad a la luz pública y a la fama. Se formalizaron las fiestas en honor del Señor del Saucito. El aumento del culto exigió una ampliación de la capilla, y en efecto, ésta se llevó a cabo, mediante la adición de dos pequeñas e incompletas naves, entre 1864 y 1866. Para 1880, ya eran tan numerosas las peregrinaciones, no obstante lo molesto del camino, que al fundarse la primera compañía de tranvías arrastrado por mulas, inmediatamente pensó en tender una línea hasta el Saucito, para satisfacer las necesidades de los numerosos devotos.

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Recopilado por Rodrigo Alemán Gil