Si
en el Seminario logras portarte como una persona que vaya respondiendo
las preguntas anteriores, habrás puesto la base para ser
un Santo Sacerdote de lo que no te arrepentirás en el futuro,
y tendrás un ministerio que te llevará a aprovechar
tu vida que es única e irrepetible y de la que, tarde o
temprano, deberás dar cuenta a Dios.
Nota
final: Recuerda que un apoyo grande para tu vida seminarística
lo tendrás siempre en tus formadores y maestros que han
sido puestos por Dios, valiéndose de sus mediaciones, para
ayudarte a poner las bases a fin de que llegues a ser un hombre
santo. Acude a ellos con confianza, ya que tienen la obligación
de ayudarte amándote en Cristo y como Cristo te ama. También
tu familia y tus compañeros son agentes de tu formación
y, de modo especial, el Espíritu Santo que es quien impulsa
y alienta a todos en la Iglesia.
Termino:
A un campesino del pueblo de Ars, en Francia, le preguntaron lo
que pensaba de su párroco (el santo Cura Juan María
Vianney) y respondió con sencillez: “He visto a Dios
en un hombre”. Eso es lo que quieren ver los fieles en el
sacerdote. ¿Estás dispuesto a eso?
¡Ánimo!
Tu amigo: Arturo A. Szymanski R.
“Los
fieles esperan de los sacerdotes solamente una cosa: que sean
especialistas en promover el encuentro del hombre con Dios. Al
sacerdote no se le pide que sea experto en economía, en
ingeniería o en política, de él se espera
que sea experto en la vida espiritual. Ante las tentaciones del
relativismo o del permisivismo, no es necesario que el sacerdote
conozca todas las corrientes actuales del pensamiento, que van
cambiando; lo que los fieles esperan de él es que sea testigo
de la sabiduría eterna, contenida en la palabra revelada”.
(Benedicto XVI, mayo 2006).
Es
verdad, la misión fundamental del sacerdote consiste en
llevar a los hombres a Dios. Él nos sigue mirando con amor
y debemos confiar en esta mirada.
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