¿QUIÉN SOY Y QUÉ
QUIERO?
Soy
consciente de ser una criatura limitada que desea entregarse a
Dios para amarlo sobre todas las cosas siendo su ministro.
Debo
tener claro que el que ingresa al Seminario entra a una
vida muy especial que no es como la que llevaba antes.
Como
la vida del seminarista va a cambiar éste debe lograr,
en primer lugar, conocer si es capaz de ir adquiriendo todas las
cualidades requeridas para “ser Sacerdote”.
Tú,
has de tener claro si Dios te llama al ministerio presbiteral
o únicamente a ser un buen cristiano. No hay un “tertium
quid” (otra tercera opción). Eso quizá llevará
tiempo y necesitará consejo y oración profunda.
Desde
tu ingreso al Seminario deberás tratar de llevar una vida
ordenada. Por eso el Reglamento del Seminario deberá asumirse
no como una obligación que “hay que cumplir para
que no me corran” sino como el comienzo de una vida ascética,
que podrá llevarte en el futuro a ser un hombre ordenado
y cumplidor de sus obligaciones seas presbítero o no. Así
desde el comienzo deberás estar persuadido de que lo que
se manda o prescribe es para lograr un objetivo superior que,
a veces, al principio no se alcanza a valorar.
El
que tiene claro que Dios le llama a ser “sacerdote ministerial”,
debe saber que principia para él una vida de formación
permanente que no terminará hasta su muerte.
Es
muy importante saber claramente en qué consisten las virtudes
sacerdotales, sobre todo la “sobriedad de vida” y
el “santo celibato”, que siendo un don de Dios debes
pedirlo con humildad. Para esto te deberás preparar desde
que pones tus pies en la puerta del Seminario.
|