Seguir evangélicamente
a Jesús es responder a su llamada personal (mi vocación)
que Él me ha hecho para ser testigo del Reino, y el “Reino
de Dios” como ha enseñado el siervo de Dios Juan Pablo
II “no es un concepto, una doctrina o un programa de vida sujeto
a libre elaboración, sino que es ante todo una Persona, que tiene
su rostro y su nombre: Jesús de Nazareth” (Red. Mis. 18).
Jesús
se ha enamorado de mí e insistió en que yo me enamore
de Él. Esa debe ser la respuesta a mi “Vocación”,
que me dejé seducir por el Señor haciendo del Reino de
Dios un valor absoluto y definitivo frente a todos los otros valores
que se pueden presentar en mi vida.

