La vida religiosa, parte integrante de la vida de la Iglesia, es una opción que se manifiesta en el radicalismo del don de sí mismo por amor al Señor Jesús y en Él a cada miembro de la familia humana (cfr. V. Cons. 3). En ella por la práctica de los consejos evangélicos, vividos según el carisma fundacional, se debe poner el signo escatológico de la santidad que se ha de manifestar tanto en las personas como en las comunidades.

Deseando dar una ayuda en la santidad que deben manifestar con su vida las almas consagradas, se ha preparado este pequeño ideario.