"EL SACERDOCIO"

"El Señor Jesús, con el fin de que los fieles formaran un solo cuerpo, de entre los mismos fieles instituyó a algunos por ministros, que dentro de la sociedad de los creyentes poseyerán la sagrada potestad del orden para ofrecer el sacrificio y perdonar los pecados y desempeñaran públicamente el oficio sacerdotal por los hombres en nombre de Cristo" (Concilio Vat. II, Decreto sobre el ministerio y la vida de los presbíteros PO 2).

¿Quién es el Sacerdote?

El sacerdote es la sal de la tierra, la luz del mundo, el hombre de Dios, el siervo del Señor, el amigo de Dios, el hermano de Cristo, el Padre de las almas, el ministro de la reconciliación, el médico de las almas, el mediador entre Dios y el hombre, el embajador de Cristo y el colaborador de Cristo.

Hombre como los demás

Al sacerdote. Dios no lo ha favorecido con ninguna prerrogativa especial, no lo ha liberado de ninguna miseria humana, ya que el sacerdote, como hombre, siente todo aquello que sienten los hijos de Adán, y puede caer como cualquiera de ellos. Por lo tanto que no cause ninguna maravilla que no todos los sacerdotes estén a la altura de su posición, que no todos sean la sal de la tierra, como quiere Cristo, que no todos resplandezcan como linternas fulgentes en la casa del Señor. Pero no debe atribuírseles a todos los sacerdotes, como se suele hacer con mala fe, lo que es la culpa de unos pocos.

Sin embargo, es para uno que aspira a la perfección o al sacerdocio, ser igual a los demás es demasiado poco. Es preciso ser mejor que los demás. Como todos los demás cristianos, el sacerdote debe conocer, alabar y amar a Dios, pero su conocimiento de Dios debe ser más perfecto que el de los demás fieles. Debe meditar la Ley del Señor todos los días; su alabanza a Dios debe ser más fervorosa y más frecuente de la de los fieles, y su amor más ardiente.

Hombre diverso de los demás

Por fin, por la gracia del sacramento del orden, el sacerdote debe ser diverso porque tiene que atender a la santificación de los demás, precederlos en el ejemplo: él primero en el cumplimiento de los deberes de la Ley de Dios y de la iglesia; él primero de la santidad de la vida; él primero en el desapego de las cosas de la tierra y del mundo; él primero en la mortificación y él primero en el amor a Dios y al prójimo.

Los antiguos filósofos del paganismo que juzgaban con el simple uso de la razón, definían al hombre como un ser racional, social y religioso. Ellos consideran la religiosidad como atributo supremo del alma, el que forma su corona y su verdadera grandeza. A su mirada profunda no se les podía escapar lo que en nuestra naturaleza es universal y persistente, es decir, la necesidad de penetrar más allá de lo visible y de lo finito para elevarse al conocimiento de Dios.

Todos los pueblos de la tierra siempre han experimentado esta tendencia y esta necesidad, y por esto no encontramos un solo pueblo que no profese alguna religión. Y como no puede darse religión sin culto, sin ritos, sin sacrificios, no hay pueblo que no admita y honre a un sacerdocio. Por lo tanto, por la misma razón natural, se proclama el sacerdocio como cosa sobrehumana, como el anillo misterioso que une la tierra con el cielo, el tiempo con la eternidad, el hombre con Dios. Por esto la dignidad sacerdotal fue, en todo tiempo y donde quiera, tenida por los hombres en la más alta consideración.

Según la Biblia

Pero nosotros, en la divina revelación podemos argumentar la dignidad del sacerdocio. Efectivamente, si abrimos los libros inspirados, vemos inmediatamente en cuáles y en cuántos modos se afirman sus títulos y sus derechos.

¡Cómo es tremendo el castigo contra los rebeldes y los profanadores! "No toquen a mis ungidos y no injurien a mis profetas" (Sal 105,15) y en el libro del Eclesiástico, queriendo Dios hacer comprometer qué tan dignos de honor son los sacerdotes, los coloca inmediatamente después de si mismo, diciendo: "Con toda tu alma, reverencia al Señor y venera a sus sacerdotes" (Si 7,29)

Sin embargo, lo que sucedía en el Antiguo Testamento no era sino figura de cuanto debía suceder en el Nuevo Testamento es superior a la dignidad del sacerdote del Antiguo Testamento, ya que el Nuevo Testamento prevalece sobre el Antiguo.

¿Han notado alguna vez las tintas vivas, luminosas, magnificas, con las que el Salvador divino quiere escribir a sus ministros?. Los llama sus elegidos, sus mensajeros, amigos queridísimos, compañeros de sus pruebas y sus representantes.

Y si todo esto no bastara, les confiere toda la autoridad, con la que han de continuar sobre la tierra, hasta la consumación de los siglos, la obra de su salvación. Para esto les ha concedido el poder sobre su cuerpo real y sobre su cuerpo místico, que es la Iglesia.

Otro Cristo

En el altar y en el tribunal de la reconciliación, el sacerdote viene a perder, en cierto modo, su propia personalidad, para asumir la de Cristo, identificándose con El . En efecto, en el acto de la consagración el sacerdote no dice: "Este pan se convierta en el Cuerpo de Cristo", sino dice: "Este es mi Cuerpo". Igualmente, cuando levanta la mano sobre la cabeza del pecador, no dice: "El Señor te perdone tus culpas", sino "Yo te absuelvo de todos tus pecados", porque en esos momentos solemnes el sacerdote personifica a Cristo, y actúa en nombre y con la misma autoridad de Cristo.

De la misma forma, el sacerdote personifica a Cristo, cuando en virtud de su ministerio anuncia la palabra de vida que resonó primero en la boca del Salvador Divino. "Vayan, les dijo Jesús a sus Apóstoles y prediquen mi evangelio a toda criatura" (Mc 16,15) "Quien los escucha a ustedes, a mí me escucha; quien los acoge a ustedes, me acoge a mi; quien los desprecia a ustedes, me desprecia a mí" (Lc 10,16).

Por eso Jesús, después de haber dicho de sí mismo: "Yo soy la verdad, el que me sigue no camina en tinieblas" (Jn 8,12), les dice a sus Apóstoles: "Ustedes son la luz del mundo" (Mt 5,14), porque debía ser fiel espejo de esta verdad. Ellos y sus sucesores fueron verdaderamente y siguen siendo para la humanidad, luz celestial que ilumina, calienta y fecunda.

Luz del mundo y sal de la tierra

El sacerdote ha iluminado y continúa iluminando a los hombres en lo que se refiere tanto a Dios como a los derechos y deberes que los hombres tienen entre si. Ha respondido de un modo preciso y seguro a las cuestiones que se le presentan a la mente humana; ha dado nueva dirección a la conducta del hombre, ha creado una nueva civilización, la más espléndida de todas, la única digna de este nombre, por que es la única que responde a todas las justas exigencias de la naturaleza humana.

Los sacerdotes han avivado y continúan avivando al mundo, helado por el egoísmo, difundiendo la divina caridad que el Hijo de Dios ha traído del Cielo a la tierra, y en la cual se resume toda la ley. Ellos han predicado siempre el amor fraterno, recordando a todos que somos hijos de un mismo Padre.

Y he aquí que las costumbres se afirmaron, se abolió la esclavitud, se rehabilitó a la mujer, se empezó a considerar a los hijos con el más precioso de los dones, y surgieron gobiernos libres y se consolidaron las relaciones internacionales, basándose en los derechos humanos comunes. He aquí, en una palabra un nuevo orden moral, sumamente más feliz y maravilloso que el mundo, regido únicamente por la fuerza de las armas.

Los sacerdotes han vivificado y continúa vivificando la convivencia humana con grandes obras sociales en defensa de los débiles y humildes, de tal modo que podemos decir que no ha habido necesidad que ellos no hayan socorrido amargura que no hayan endulzado.

Los hombres gloriosos de Benito de Nursia, de Francisco de Asís, de Juan de Mata, de Félix de Valois, de Jerónimo Emiliani, de Camilo de Lellis, de Juan de Dios, de Vicente de Paúl, de Lasalle, de Cottolengo, de Juan Bosco, para nombrar solamente algunos, son la síntesis maravillosa de poemas sublimes, escritos por la caridad fecunda del sacerdocio católico.

Hombre del Pueblo

"Todo sacerdote es tomado de entre los hombres y está a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios" (Hb 5,1) Dice el escritor de la carta a los Hebreos: El sacerdote, si es el hombre de Dios, es también el hombre del pueblo, para el cual debe vivir y por el cual ha hecho sacrificio de sus efectos más queridos y legítimos.

En todos los acontecimientos alegres y tristes del hombre, el sacerdote está siempre presente: Como ángel se acerca al que sufre, penetra en el honor de la cárcel, se hace compañero de exilio del emigrante, instruye al ignorante, conforta al herido en los campos de batalla. En una palabra, el sacerdote acompaña al cristiano desde la cuna hasta la tumba, como el más querido de los amigos.

El sacerdote con el bautismo regenera al niño, abre la mente de muchacho al conocimiento de las verdaderas cristianas, le da pan celeste en la comunión, reconcilia a los extraviados, bendice a los jóvenes esposos, confronta al moribundo y con la unción santa lo ayuda en el último combate de la vida, entregando su alma en los brazos del Padre misericordioso. Sí, en todos los momentos más solemnes de nuestra vida, está presente el sacerdote.

¿Qué dicen los Santos del Sacerdote?

Los Padres y Santos de la Iglesia no encuentran expresiones adecuadas para exaltar la belleza y la grandeza sobrehumana del sacerdote.

"Quien dice sacerdote - exclama san Dionisio - habla del personaje más augusto que encuentra en el mundo, como si fuera un hombre divino". "El sacerdote - escribe San Ignacio Mártir - es el culmen de todas las dignidades, de todas las grandezas".

El sacerdote agregamos nosotros, es un astro que trasmite por reflejo a la tierra la luz del sol que es Cristo Jesús; él es una arteria que trasmite para la salvación de los hermanos, la sangre purísima de la redención a través del cuerpo de la Iglesia. Por esto, San Francisco de Asís y la Serafina del Carmelo, Santa Teresa de Jesús, solían decir que, si a lo largo del camino se encontraran a un Ángel del cielo y a un sacerdote, le hubiera rendido homenaje primero a éste, como más grande, y después a aquél.

Ministro de la Palabra de Dios

"El pueblo de Dios se congrega primeramente por la palabra de Dios vivo que con toda razón es buscada en la boca de los sacerdotes. En efecto, los presbíteros, como cooperadores que son de los Obispos, tienen por deber primero el de anunciar a todos el Evangelio de Dios" (PO, 4) ¿Pero en qué modo podremos ser ejemplo y edificación para los fieles? El apóstol San Pablo con síntesis maravillosa que abraza la conducta interna y externa del sacerdote, nos dice que ante todo con la Palabra.

Ministro de la Eucaristía

"Los sacramentos están todos íntimamente trabajados con la sagrada Eucaristía y a ella se ordenan. Y es que en la santísima Eucaristía se convierte todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo, que da la vida a los hombres" (P0,5)

El sacrificio de Alabanza

"Las alabanzas y acciones de gracias que los sacerdotes elevan en la celebración de la Eucaristía, las continúan en el rezo del oficio divino, en el que, en nombre de la Iglesia, oran a Dios por todo el pueblo que les ha sido confiado y hasta por todo el mundo" (P0,5).

El sacerdote debe ofrecer el Eterno Padre el sacrificio de la Víctima divina, pero, también debe ofrecer cotidianamente otro sacrificio a Dios, y es el que el salmista real llama Sacrificio de Alabanza, y nosotros denominamos Oficio Divino o Liturgia de las Horas.

Ministro de la Reconciliación

"Los sacerdotes, en el espíritu de Cristo Pastoral instruyen a los fíeles para que con espíritu contrito, sometan sus pecados a la Iglesia en el sacramento de la penitencia, de suerte, que día a día se conviertan más y más al Señor" (PO, 5)

El día solemne y memorable de nuestra sacerdotal, el Obispo con toda la majestad del rito pontificial, después de habernos dicho en nombre y con la autoridad misma de Cristo: "Recibe la potestad para celebrar la Misa a favor tanto de los vivos como de los muertos", agregó imponiendo sus manos sobre nuestras cabezas: "Aquellos a quiénes les perdones sus pecados les quedarán perdonados, y a los que se los retengas les quedarán retenidos".

Cualidades del Sacerdote confesor

Por esto los sagrados cánones, prescriben las cualidades con las que deben estar adornado quienes está destinado a ser juez y guía de las conciencias:

1) Piedad
2) Virtud Sólida
3) Ciencia conveniente
4) Estudio Permanente
5) Entrañas de misericordia
6) Paciencia
7) Celo con los alejados
8) Prudencia
9) La verdadera reforma

Ministro de la Caridad Pastoral

"Los presbíteros que ejercen el oficio de Cristo, Cabeza y Pastor, según su autoridad, reúne en nombre del Obispo a la familia de Dios, como una fraternidad de un solo ánimo, y por Cristo en el Espíritu, la conducen a Dios Padre" (PO, 6)

El sacerdote comprometido en el mundo

"La función pastoral del sacerdote, para la edificación del pueblo de Dios se ejerce en segundo lugar a través del compromiso en el mundo, con la voluntad de servir en la caridad a prójimo.

Ministro de la Caridad Universal

"Para cultivar debidamente el espíritu de comunidad (parroquial) ese espíritu ha de abarcar no sólo la Iglesia local, sino también la Iglesia Universal. La comunidad local no debe fomentar sólo el cuidado de sus propios fieles, sino imbuirlos a todos de celo misionero a favor de todos los hombres" (PO, 6)

Relación del Sacerdote con los demás

"Todos y cada uno de los presbíteros están unidos con sus hermanos por el vínculo de la caridad, de la oración y de la cooperación, y así se pone de manifiesto aquella unidad con que Cristo quiso que los suyos fueran consumados en uno para que el mundo conociera que El había sido enviado por el Padre" (PO, 8)

El Sacerdote y las vocaciones

"Pongan los presbíteros empeño sumo en poder ante los ojos de los fieles, por el ministerio de la palabra y por el propio testimonio de su vida, la excelencia y necesidad del sacerdocio, para que la Iglesia tenga siempre aquellos sacerdotes que necesitan para cumplir su misión divina" (PO, 11)

Virtudes Humanas en el Sacerdote

"Los sacerdotes como buenos pastores, trabajan para atraer a sus ovejas. Mucho contribuyen a lograr este fin las virtudes que con razón se estiman en el trato humano, como son la bondad de corazón, la sinceridad, la fortaleza del alma y la constancia, el continuo afán de justicia, la urbanidad y otras" (PO, 3)

1) Un buen carácter
2) Fuerza de voluntad
3) Formar el corazón
4) La mansedumbre
5) La sinceridad
6) Aborrecer la maledicencia
7) Laboriosidad

Virtudes Morales en el Sacerdote

"Entre las virtudes que mayormente se requieren para el ministerio de los presbíteros, hay que contar con aquella disposición de ánimo por la que están siempre prontos a buscar no su propia voluntad, sino la voluntad de Aquél que los ha enviado. Así, pues, consciente de su propia flaqueza, el verdadero ministro de Cristo trabaja con humildad, indagando cuál sea el beneplácito de Dios (PO, 15).

1) La humanidad, fundamento de la perfección
2) Autoridad y obediencia
3) La castidad sacerdotal
4) El celibato para el siervo de Dios
5) El celibato al servicio de los hermanos
6) Oración y vigilancia
7) Evitar el ocio
8) Evitar las apariencias del mal

Virtudes Teologales en el Sacerdote

"Los sacerdotes están obligados de manera especial a alcanzar la perfección, ya que, consagrados de manera nueva a Dios por la recepción del orden, se convierten en instrumentos vivos de Cristo, Sacerdote Eterno, Pontífice Santo, inocente, sin mancha y separado de los pecadores" (PO, 12)

1) La santidad
2) La vida de fe
3) Amor a Dios
4) La caridad fraterna

Medios de Santificación para los Sacerdotes

1) La Eucaristía
2) Devoción a la Madre de Dios

*Conocer a María
*Amar a María
*Imitar a María

3) La oración
4) La Oración mental
5) La mortificación cristiana
6) La confesión frecuente
7) Los ejercicios espirituales