UN DIA ORDINARIO...
EN LA VIDA DEL SEMINARIO
Raúl Sánchez Ramírez, 4 de Teología
La actividad en un seminario comienza a las seis de la mañana, y en casi todos los cuartos de filosofía se escuchan los despertadores, mientras que el encargado hace sonar el timbre al igual que la campana, que indican que ha llegado la hora de dejar las cobijas, y de dejar descansar la cama. Unos al instante deciden ponerse de pie, mientras otros esperan un segundo toque para hacerlo; en los pasillos se escuchan los primeros cuchicheos y los bostezos frecuentes de los seminaristas soñolientos que se encaminan a los lavabos, para asearse y despertar completamente del sueño.

Dando las seis veinte tenemos que estar todos los seminaristas en capilla, filósofos, teólogos, pues da inicio el rezo de los laúdes (oración de la mañana), en esta primera oración del día encomendamos las actividades al Señor, del mismo modo rezamos por las necesidades de la Iglesia Universal, a través de la oración oral o meditativa, pues tenemos un espacio favorable de meditación personal.

Cuando se llegan las siete de la mañana el campanero lo indica tocando la campana, pues es el encargado durante una semana de marcar cada momento del día; al toque todos salios de la capilla para prepararnos para nuestra primer clase que comienza a las siete diez, filósofos y teólogos corremos a los salones y comenzar puntualmente la primer clase; una vez pasados cincuenta minutos el campanero con el toque indica que llegó la hora de pasar al comedor, rápidamente todos lo habitamos y ocupamos las primeras mesas, esperando que empiecen a servir los alimentos, el cafecito, la leche, el pan, y los clásicos frijolitos, entre otros alimentos: terminada la oración de bendición, comenzamos a lavar al loza.

Ocho treinta, es hora de abandonar el comedor para realizar el aseo que corresponde a cada uno, estos aseos cambian cada semana.

Toda la casa hay que dejarla limpia, los largos corredores, el amplio comedor y la loza, son algunos aseos que realizamos.

Nueve empunto reanudamos las clases hasta la una de la tarde, con diez minutos de descanso entre cada clase, las clases son de cincuenta minutos cada una. En el último descanso antes de pasar a la clase final, es el momento de visitar nuestra tiendita, pues cuando se estudia, también da hambre.

Terminada la última clase, nos disponemos para realizar durante una hora los distintos deportes que aquí se practican, fut-bol, basket-bol, voli-bol; algunos deciden pasarla en el gym, donde realizan distintos ejercicios para mantener la línea; otros según el clima prefieren nadar en la pila que se encuentra aquí mismo.

Dando las dos de la tarde, las regaderas son el lugar indicado para todo deportista; los teólogos por su parte tienen regaderas individuales, mientras los filósofos, tenemos que hacer fila esperando nuestro turno de baño. Hacia las dos treinta tenemos que estar listos para irnos al comedor pues, es la hora de recuperar energías, con los ricos platillos que las madres encargadas nos preparan; nuevamente antes de tomar los alimentos damos gracias a Dios que nos los da.

Una vez concluida la comida, se llega la hora que todos esperamos "la siesta", que es de tres a cuatro de la tarde, no es obligatorio dormir, la gran mayoría la utiliza para escuchar música, leer el periódico, o visitar la tiendita que se abre a esa hora etc.

Cuando dan las cuatro de la tarde, después de un buen relax, se inicia el estudio personal, que abarca desde las cuatro hasta las siete de la tarde, en este tiempo de estudio muchos acuden a la biblioteca para hacer tareas de investigación, otros a las computadoras a realizar trabajos como: síntesis, monografías, resúmenes etc. Y algunos se quedan en sus cuartos estudiando o leyendo.

Cuando dan las siete de la tarde, nos dirigimos a la capilla para celebrar la Santa Eucaristía, que es el centro y la fuerza que nos mueve en nuestra formación sacerdotal; unto con la misa rezamos las vísperas (oración de la tarde), todos movidos por la acción del Espíritu Santo escuchamos con atención las lecturas y la reflexión que se nos ofrece.

Concluida la eucaristía y una vez compartido el alimento espiritual, aproximadamente las ocho de la noche, nos dirigimos al comedor para compartir el alimento corporal y nuevamente invocamos a Dios para que bendiga los alimentosos. Al terminar la cena hacia las ocho treinta nos encaminamos hacia el lugar donde realizaremos el rezo del santo rosario, que puede ser en la capilla, caminando en los pasillos, en las canchas, etc.

De nueve a nueve cuarenta y cinco, tenemos un espacio para estudiar, quince y las diez nos volvemos a reunir en a capilla para hacer nuestro rezo de completas (oración de la noche), que consiste en hacer un profundo examen de conciencia, agradecer a Dios por lo que nos permitió vivir durante el día y encomendarle nuestro descanso.

Las diez de la noche, es el momento de descansar, pero también es el momento que la tiendita se vuelve a abrir; no todos nos metemos a esa hora a la cama, pues, se nos da de diez a once para el que quiera seguir estudiando, bajo la condición de que tiene que levantarse puntual al día siguiente.

Esto es lo que diariamente hacemos los seminaristas, filósofos y teólogos, de esta manera obedecemos el reglamento del seminario y de esta manera nos vamos forjando. Desde las cosas más simples y sencillas, hasta las que exigen un mayor compromiso y una mayor fuerza de voluntad.