La
actividad en un seminario comienza a las seis de la mañana, y en
casi todos los cuartos de filosofía se escuchan los despertadores,
mientras que el encargado hace sonar el timbre al igual que la campana,
que indican que ha llegado la hora de dejar las cobijas, y de dejar descansar
la cama. Unos al instante deciden ponerse de pie, mientras otros esperan
un segundo toque para hacerlo; en los pasillos se escuchan los primeros
cuchicheos y los bostezos frecuentes de los seminaristas soñolientos
que se encaminan a los lavabos, para asearse y despertar completamente
del sueño.
Dando
las seis veinte tenemos que estar todos los seminaristas en capilla,
filósofos, teólogos, pues da inicio el rezo de los laúdes
(oración de la mañana), en esta primera oración
del día encomendamos las actividades al Señor, del mismo
modo rezamos por las necesidades de la Iglesia Universal, a través
de la oración oral o meditativa, pues tenemos un espacio favorable
de meditación personal.
Cuando
se llegan las siete de la mañana el campanero lo indica tocando
la campana, pues es el encargado durante una semana de marcar cada momento
del día; al toque todos salios de la capilla para prepararnos
para nuestra primer clase que comienza a las siete diez, filósofos
y teólogos corremos a los salones y comenzar puntualmente la
primer clase; una vez pasados cincuenta minutos el campanero con el
toque indica que llegó la hora de pasar al comedor, rápidamente
todos lo habitamos y ocupamos las primeras mesas, esperando que empiecen
a servir los alimentos, el cafecito, la leche, el pan, y los clásicos
frijolitos, entre otros alimentos: terminada la oración de bendición,
comenzamos a lavar al loza.
Ocho
treinta, es hora de abandonar el comedor para realizar el aseo que corresponde
a cada uno, estos aseos cambian cada semana.
Toda
la casa hay que dejarla limpia, los largos corredores, el amplio comedor
y la loza, son algunos aseos que realizamos.
Nueve
empunto reanudamos las clases hasta la una de la tarde, con diez minutos
de descanso entre cada clase, las clases son de cincuenta minutos cada
una. En el último descanso antes de pasar a la clase final, es
el momento de visitar nuestra tiendita, pues cuando se estudia, también
da hambre.
Terminada
la última clase, nos disponemos para realizar durante una hora
los distintos deportes que aquí se practican, fut-bol, basket-bol,
voli-bol; algunos deciden pasarla en el gym, donde realizan distintos
ejercicios para mantener la línea; otros según el clima
prefieren nadar en la pila que se encuentra aquí mismo.
Dando
las dos de la tarde, las regaderas son el lugar indicado para todo deportista;
los teólogos por su parte tienen regaderas individuales, mientras
los filósofos, tenemos que hacer fila esperando nuestro turno
de baño. Hacia las dos treinta tenemos que estar listos para
irnos al comedor pues, es la hora de recuperar energías, con
los ricos platillos que las madres encargadas nos preparan; nuevamente
antes de tomar los alimentos damos gracias a Dios que nos los da.
Una
vez concluida la comida, se llega la hora que todos esperamos "la
siesta", que es de tres a cuatro de la tarde, no es obligatorio
dormir, la gran mayoría la utiliza para escuchar música,
leer el periódico, o visitar la tiendita que se abre a esa hora
etc.
Cuando
dan las cuatro de la tarde, después de un buen relax, se inicia
el estudio personal, que abarca desde las cuatro hasta las siete de
la tarde, en este tiempo de estudio muchos acuden a la biblioteca para
hacer tareas de investigación, otros a las computadoras a realizar
trabajos como: síntesis, monografías, resúmenes
etc. Y algunos se quedan en sus cuartos estudiando o leyendo.
Cuando
dan las siete de la tarde, nos dirigimos a la capilla para celebrar
la Santa Eucaristía, que es el centro y la fuerza que nos mueve
en nuestra formación sacerdotal; unto con la misa rezamos las
vísperas (oración de la tarde), todos movidos por la acción
del Espíritu Santo escuchamos con atención las lecturas
y la reflexión que se nos ofrece.
Concluida
la eucaristía y una vez compartido el alimento espiritual, aproximadamente
las ocho de la noche, nos dirigimos al comedor para compartir el alimento
corporal y nuevamente invocamos a Dios para que bendiga los alimentosos.
Al terminar la cena hacia las ocho treinta nos encaminamos hacia el
lugar donde realizaremos el rezo del santo rosario, que puede ser en
la capilla, caminando en los pasillos, en las canchas, etc.
De
nueve a nueve cuarenta y cinco, tenemos un espacio para estudiar, quince
y las diez nos volvemos a reunir en a capilla para hacer nuestro rezo
de completas (oración de la noche), que consiste en hacer un
profundo examen de conciencia, agradecer a Dios por lo que nos permitió
vivir durante el día y encomendarle nuestro descanso.
Las
diez de la noche, es el momento de descansar, pero también es
el momento que la tiendita se vuelve a abrir; no todos nos metemos a
esa hora a la cama, pues, se nos da de diez a once para el que quiera
seguir estudiando, bajo la condición de que tiene que levantarse
puntual al día siguiente.
Esto
es lo que diariamente hacemos los seminaristas, filósofos y teólogos,
de esta manera obedecemos el reglamento del seminario y de esta manera
nos vamos forjando. Desde las cosas más simples y sencillas, hasta
las que exigen un mayor compromiso y una mayor fuerza de voluntad.
