Por encargo del Señor Arzobispo Don Luis Morales Reyes presento este Cuarto Plan Diocesano de Pastoral, con la esperanza cierta de que será un medio que aliente y dé cauce a las inquietudes misioneras de los laicos y presbíteros de esta Arquidiócesis. El encuentro con Jesucristo y la espiritualidad del camino fueron factores determinantes en la puesta en práctica de nuestro anterior Plan de Pastoral. Ahora, en las nuevas circunstancias del país y, por lo tanto, de nuestro Estado, nosotros, que formamos la Iglesia Potosina, queremos proclamar, en comunión con la Iglesia universal y en sintonía con el magisterio latinoamericano que, “conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida y darlo a conocer con nuestras palabras y obras es nuestro gozo” (DA 29).
Desde Cristo queremos responder a los nuevos retos que nos presenta la realidad, pues la Iglesia en San Luis experimenta los efectos de la crisis económica, el temor a la violencia y la invasión del mercado de las drogas con todas sus secuelas, particularmente en algunos de sus miembros: en los pobres, migrantes y excluidos. Sin embargo, al contemplar desde la luz de Jesucristo esta realidad opaca y compleja, también descubre signos esperanzadores, tales como: a) el cuidado de las personas como valor fundamental; b) el deseo de búsqueda de sentido de la vida y de la trascendencia; c) el anhelo de encontrar razones para la existencia; d) así como la necesidad de construir el propio destino. Estos signos son los que nos llevan a percibir la urgencia de la llamada de Jesús, Camino, Verdad y Vida que nos invita a transformar nuestro entorno
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y nos reitera: “sígueme”, pues la mies es mucha y los operarios son pocos” (Lc 5,27; 10,2). Responder a esta llamada, es el propósito del presente PDP que a lo largo de 2 años se fue construyendo con la participación de un gran número de agentes de pastoral: presbíteros, consagrados, consagradas y una cantidad notable de laicos comprometidos. Su elaboración fue un verdadero taller que nos permitió hacer un fuerte ejercicio de comunión eclesial.
El camino para el Cuarto PDP no estuvo exento de dificultades, que fueron superadas gracias al itinerario previsto por el equipo de análisis de la realidad y a la generosidad de quienes fueron designados por el Señor Arzobispo Don Luis Morales Reyes para la redacción. A ellos se les confió la delicada tarea de coordinar todos los trabajos y discernir el fruto de las múltiples asambleas que se realizaron a lo largo y ancho de toda la Arquidiócesis.
El año 2008 abrió pastoralmente con la Asamblea Diocesana realizada el mes de abril y fue decisivo para los trabajos de elaboración del PDP al integrar los resultados del análisis de la realidad e iniciar con los primeros intentos de elaboración del marco doctrinal: fruto de innumerables asambleas parroquiales, decanales, interdecanales e inclusive dos asambleas diocesanas. Prácticamente en todas las parroquias, los hermanos presbíteros convocaron y presidieron las asambleas respectivas e hicieron llegar las conclusiones en su momento al equipo coordinador.
En septiembre, el Presbiterio en pleno dedicó una jornada de tres días para enriquecer lo que hasta ese momento se conocía como “primer borrador”.
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El 3 y 4 de noviembre, convocados por nuestro Pastor nos volvimos a reunir en Asamblea Diocesana con el objetivo de conocer lo que para ese momento era ya el “segundo borrador”. Como surgieron muchas inquietudes y propuestas, el Señor Arzobispo, siempre atento al desarrollo de los trabajos, determinó fortalecer al equipo responsable del proyecto, integrando algunos formadores del Seminario, 3 sacerdotes religiosos, una religiosa y algunos representantes del Consejo de Laicos; con su apoyo fue posible que el 27 de enero del 2009 fuera presentado, para última revisión el documento que contiene el PDP, como ya se había comunicado al término de la asamblea de noviembre 2008.
Para esta reunión de enero de 2009, el Señor Arzobispo, quien previamente había ofrecido una serie de sugerencias al equipo de redacción, convocó a la Curia arquidiocesana, al Consejo Presbiteral y al Colegio de Decanos, algunos formadores del Seminario y también representantes del Consejo de Laicos. Fue una jornada de discernimiento y de reflexión serena y só-lida, en donde finalmente, se pudo contar con todos los elementos de nuestro actual Plan de Pastoral, que fueron integrados gracias al trabajo y al esfuerzo generoso de varios presbíteros y laicos a quienes, sin duda, el Señor, quien todo lo recompensa con generosidad, les premiará en abundancia como sólo Él sabe hacerlo. Este Plan de Pastoral, realizado gracias a un serio
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ejercicio de comunión, queremos unirlo a la alabanza, a los afanes, sufri-mientos y a la generosidad de miles de misioneros que en nuestra Arquidiócesis han entregado y siguen desgastando su vida al servicio del Reino, siguiendo a Jesucristo: Camino, Verdad y Vida, pues Él es el Único que inspira, acompaña y sostiene nuestras obras, de tal modo que da sentido, tanto a los más insignificantes trabajos, como a los más grandes proyectos que ha realizado y seguirá realizando esta Iglesia, mientras dure su peregrinación hasta la Casa del Padre.
Gracias sean dadas al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo que en su Hijo amado ha derrochado a favor nuestro su vida y su misericordia, y nos ha regalado el Don de su Espíritu que nos reúne y nos da fuerza para que formemos comunidades fraternas, y, como Iglesia Potosina, proclamemos con alegría la buena nueva de la dignidad humana, iluminemos con la luz del Evangelio todos los ámbitos de la vida social y hagamos nuestro el encargo del Señor Jesús de hacer nuevas todas las cosas.
Que María, la perfecta discípula, abra nuestro corazón a la Palabra divina y San Luis Rey siga protegiendo a nuestra Arquidiócesis, para que cada día sea como una semilla que madura para el Reino de los Cielos.
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