CAPITULO 5:


LA IGLESIA EN SAN LUIS

ANIMADA POR EL ESPÍRITU SANTO,

TRANSMITE EL EVANGELIO DE LA VIDA

“Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no predico el Evangelio!” (1Co 9,16).

 

 

 

 

1. INTRODUCCIÓN

287 Teniendo a la vista lo que nos ofrece el capítulo IV, podemos afirmar que la Iglesia Potosina, con la fuerza que recibe del Espíritu Santo y en sintonía con la Misión Continental, se siente impulsada a salir al encuentro de las personas, las familias y las comunidades para comunicarles y compartirles la experiencia del encuentro con Cristo, quien ha llenado de verdad, amor, alegría, esperanza y de sentido nuestras vidas (cf. DA 548). 1.1. La Vida nueva en Cristo, es vida en comunión

288 Confesamos que sólo Jesucristo, el Hijo de Dios, puede darnos la vida en plenitud, “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10b). La vida que Cristo trajo y confió a sus seguidores hace de la Iglesia

portadora del misterio de salvación, nos hace Iglesia misionera por naturaleza y tiene su origen en la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio del Padre (cf. DA 347.348).

289 La gran novedad que la Iglesia anuncia al mundo es que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la Palabra que da Vida, vino al mundo a hacernos “partícipes de la naturaleza divina” (2Pe 1,4), es decir, a participarnos de su propia Vida, que se viva en comunidades cristianas donde todas las personas sean acogidas, se sientan valoradas y corresponsables de la misma.

290 Pero las condiciones de vida de muchos abandonados, excluidos e ignorados en su miseria y su dolor (cf. Análisis de la Realidad, supra 50-142), contradicen este proyecto del Padre y

La gran novedad que la Iglesia anuncia al mundo es que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la Palabra que da Vida, vino al mundo a hacernos “partícipes de la naturaleza divina”. (2Pe 1,4)

 

 

reclaman de los creyentes un mayor compromiso a favor de la cultura de la vida, pues el Reino de Dios que Cristo vino a traer es incompatible con toda situación inhumana, de modo que no podemos pasar indiferentes ante estas realidades (cf. 1Jn 3, 14).

291 Es necesario enfatizar “la inseparable relación entre amor a Dios y amor al prójimo” (cf. 1Jn 4,20) que: “invita a todos a suprimir las graves desigualdades sociales y las enormes diferencias en el acceso a los bienes. Tanto la preocupación por desarrollar estructuras más justas como por transmitir los valores sociales del Evangelio, se sitúan en este contexto de servicio fraterno y comprometido a favor de un vida digna” (DA 358).

1.2. EL ANUNCIO DE LA PALABRA

292 La misión primordial de la Iglesia es transmitir la Palabra de Dios a todos los hombres, según el mandato de Jesús (cf. Mt 28,18-20); porque para los discípulos la Palabra es “norma suprema de su fe” y fuerza de vida que “va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo”, y “crece” cuando “los fieles la contemplan y estudian”, cuando comprenden internamente los misterios que viven y cuando la proclaman los pastores. Lo atestiguan, en particular, los hombres de Dios, que han sido “habitados” por la Palabra.

293 “Es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual” (DV 21). Por eso, la práctica de la Lectio Divina, método privilegiado

para acercarse a la Sagrada Escritura (cf. DA 249), tendrá que fortalecerse para que siga siendo un medio predilecto para el encuentro de muchas personas y comunidades con Jesucristo, Palabra eterna del Padre. La homilía dominical y las catequesis deben ser magníficas oportunidades para seguir difundiendo y profundizando el conocimiento de la Palabra de Dios.

1.3. LA CELEBRACIÓN DE LA FE

294 “La fuerza de la Palabra será fecunda si la anunciamos ade-cuadamente, con las actitudes del Maes-tro, teniendo siempre la Eucaristía como fuente y cumbre de toda actividad mi- sionera. Invocamos al Espíritu Santo para poder dar un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diá-logo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo” (DA 363).

295 La Iglesia encuentra su vitalidad en la celebración de los sacramentos y el sentido último de su convocación en la vida de oración, alabanza y acción de gracias que el cielo y la tierra dirigen a Dios “por sus obras grandes y maravillosas”; ésta es la razón por la cual la Liturgia “es la cumbre a la que tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiem-po, la fuente de donde mana toda su fuer-za” (SC 10).

296 La Liturgia es tan decisiva para la edificación de una comunidad, que todo cristiano católico debe esmerarse para que toda celebración litúrgica sea una verdadera acción sacerdotal de Jesucristo (cf. SC 7). Esto implica

 

 

que no asistan como extraños y mudos espectadores, sino que participen consciente, piadosa y activamente en la acción sagrada (cf. SC 48), pues la Iglesia consi- dera la Liturgia como el centro de su vida y sustento de todo proyecto pastoral. Cele-brando el Misterio Pascual expresamos de modo sacramental nuestra vocación de discípulos-misioneros.

1.4. POR EL TESTIMONIO DEL SERVICIO

297 A ejemplo del Hijo del hombre que no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos (cf. Mc 10,45), la Iglesia sa-cramento de Cristo, guiada por el Espíritu Santo que distribuye los carismas y ministerios (cf. 1Co 12,4-5), está al servicio de todos. En ella, como discípulos misioneros, todos debemos trabajar a favor de la evangelización, de la santificación y de la animación cristiana de las realidades temporales (cf. ChFL 23). La santidad como meta y vocación, hacia la que camina todo discípulo, no ha de ser entendida como una fuga de la realidad sino como una expresión de su identidad, que lo lleva al corazón del mundo para comunicarle la vida nueva de Cristo (cf. DA 148).

298 No podemos celebrar la fe en Cristo sin tener en cuenta su dinamismo social: la vida sólo se desarro-lla plenamente en la comunión fraterna y justa, porque “Dios en Cristo no redime solamente la persona individual, sino

también las relaciones sociales entre los seres humanos” (CDSI 52). Para la Iglesia, el servicio de la caridad, al igual que el anuncio de la palabra y la celebración de los sacramentos, “es expresión irrenunciable de la propia esencia” (DA 399).

299 Al considerar lo expresado en el Libro de los Hechos de los Apóstoles: “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35; cf. 2Co 9,7), asumimos que: “La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás. El Evangelio nos ayuda a descubrir que un cuidado enfermizo de la propia vida atenta contra la calidad humana y cristiana de esa misma vida. Se vive mucho mejor cuando tenemos libertad interior para darlo todo: ‘Quien aprecie su vida terrena, la perderá’ (cf. Jn 12, 25). Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión” (DA 360).

300 Así pues, “en su Palabra y en todos los sacramentos Jesús nos ofrece un alimento para el camino. La Eucaristía es el centro vital del universo, capaz de saciar el hambre de vida y felicidad: “El que me coma vivirá por mí” (Jn 6, 57). En ese banquete feliz participamos de la vida eterna y así nuestra existencia cotidiana se convierte en una Misa

SOMOS HOMBRES DE FE Y DE ESPERANZA. Y ESTAS VIRTUDES, JUNTO CON LA CARIDAD PASTORAL, LE DAN EL ALIENTO Y EL RITMO A NUESTRA DIARIA TAREA PASTORAL. (CIRCULAR 1/2008)

 

 

prolongada. Pero todos los dones de Dios requieren una disposición adecuada para que puedan producir frutos de cambio. Especialmente, nos exigen un espíritu comunitario, abrir los ojos para reconocerlo y servirlo en los más pobres: “En el más humilde encontramos a Jesús mismo”. Por eso San Juan Crisóstomo exhortaba: “¿Quieren en verdad honrar el cuerpo de Cristo? No consientan que esté desnudo. No lo honren en el templo con manteles de seda mientras afuera lo dejan pasar frío y desnudez” (DA 354).

2 EL PROYECTO PASTORAL DE LA ARQUIDIÓCESIS

2.1 INTROCUCCIÓN

301 “El proyecto pastoral de la Diócesis, sustentado en la pastoral orgánica, busca llevar la vida de Cristo a todos. Para ello propone e impulsa una acción pastoral consc-

iente y eficaz que dé respuesta a las exigencias del mundo de hoy, con indicaciones programáticas concretas, objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios, que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura” (DA 371).

302 Los programas son aquel conjunto orgánico de actividades, ordenadas de acuerdo a metas, que es necesario realizar para alcanzar un objetivo. Son también instrumentos para ordenar y racionalizar el trabajo, dando una secuencia lógica a las actividades ten- dientes a alcanzar los objetivos específicos con base en la utilización adecuada de recursos. El esquema metodológico para

Será necesario, pues, que en todos los niveles, espacios y ambientes eclesiales, sin excepción, se elaboren programas viables y realistas para llevar a cabo las líneas de acción pastoral. (304)

 

 

elaborar un programa nunca es rígido, sino necesariamente flexible, según sea la realidad a la cual quiera responder.

303 El Plan Diocesano de Pastoral, para que sea operante y no se quede en el plano de la pura reflexión sino que se convierta en un instrumento eficaz al servicio de la vida que Cristo nos trae, debe necesariamente hacerse concreto. En toda planeación pastoral, las líneas de acción se traducen en programas y en prácticas de evaluación. Programar y evaluar es un ejercicio arduo pero indispensable que mantiene vivo al Plan Diocesano de Pastoral.

304 Será necesario, pues, que en todos los niveles, espacios y ambientes eclesiales, sin excepción, se elaboren programas viables y realistas para llevar a cabo las líneas de acción pastoral, poniendo en práctica estos dos sabios principios: se programa por objetivos y se evalúa por resultados; lo que no se evalúa no se mejora (cf. PDP 2001-2004, 226-231).

305 Al momento de programar, ratificamos, en sintonía con el Documento de Puebla, que:

“La acción pastoral planificada es la res-puesta específica, consciente e intencional, a las necesidades de la evangelización. Deberá realizarse en un proceso de participación en todos los niveles de las comunidades y personas interesadas, educándolas en la metodología de análisis de la realidad, para la reflexión sobre dicha realidad a partir del Evangelio;

la opción por los objetivos y los medios más aptos y su uso más racional para la acción evangelizadora” (DP 1307).

306 Imperativos para esta Iglesia Los retos que nos presenta la rea-lidad (capítulo II), la reflexión que surge al recoger las experiencias de María y del apóstol Pablo (capítulo III) y la tarea de formar discípulos misioneros (capítulo IV), que lleven la vida de Cristo por todos los rincones de la Arquidiócesis (capítulo V), suenan en nuestro corazón de creyentes como imperativos apremiantes que le gritan a nuestra Iglesia:

307 ¡IGLESIA POTOSINA!:

¡PROFUNDIZA TU ENCUENTRO CON CRISTO VIVO, en conversión personal y comunitaria, celebrando los sacramentos con dignidad!

¡ESCUCHA LA PALABRA DE DIOS, medítala, ponla en práctica y anúnciala!

¡IMPULSA procesos de formación integral y permanente en tus discípulos-misioneros!

¡RECUPERA la expresión comunitaria y fraternal de tu fe, renovando tus estructuras!

¡VIVE EN MISIÓN PERMANENTE el servicio a los más pobres y alejados; incultura la Buena Nueva en su historia!

MISIÓN QUE DEBE LLEGAR A TODOS, SER PERMANENTE Y PROFUNDA. (MF 5)

 

 

2.2 OBJETIVO GENERAL

308 Para responder a estos imperativos a través de una Pastoral Orgánica y planificada que garantice resultados, y para potenciar la comunión eclesial, la Iglesia en San Luis Potosí se propone el siguiente objetivo general:

FORTALECER UN PROCESO GRADUAL Y PERMANENTE DE EVANGELIZACIÓN Y FORMACIÓN, COMO DISCÍPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO, PARA QUE, CON ALEGRÍA Y ENTREGA GENEROSA, COMUNIQUEMOS VIDA Y ESPERANZA AL PUEBLO POTOSINO.

2.3 OBJETIVOS ESPECIFICOS O LÍNEAS DE ACCIÓN

309 Un primer paso en orden a rea-lizar nuestro objetivo general son las líneas de acción, que no son otra cosa sino cauces por donde esperamos que pase la actividad pastoral de la Arquidiócesis y que luego se traducirán en programas concretos, que incidan en la realidad y nos permitan alcanzar nuestro objetivo.

310 Estas líneas de acción surgen como respuesta tanto del conocimiento de la realidad como de la iluminación doctrinal. Fueron explícitamente aprobadas en la Asamblea Diocesana.

311 Dichas líneas son verdaderos objetivos específicos, propuestas operativas que podrán dar claridad a las tareas pastorales de los diversos agentes e instituciones de la Arquidiócesis: personas, movimientos, grupos, secretarías, seminario, parroquias, decanatos,

casas de formación, etc. Estas líneas de acción implican un serio compromiso pastoral de todos los agentes y una evaluación periódica que permita revisar su aplicación.

312 Nosotros, discípulos misioneros, porque queremos llegar a ser una Iglesia viva, fiel y creíble que se alimente en la Palabra de Dios y en la vida sacramental, especialmente de la Eucaristía, y responda a los signos de los tiempos, nos comprometemos a cumplir con las siguientes líneas de acción:

1. Consolidar procesos de formación orgánica, integral y permanente para presbíteros, consagradas, consagrados y laicos, a fin de hacer visible el Reino de Dios.

a. Promoviendo una pastoral que atienda a los presbíteros en su vida y en el ejercicio de su Ministerio.

b. Acentuando más, en los programas de formación para los laicos su responsabilidad cívica, política y económica.

2. Formar comunidades vivas y dinámicas de discípulos y misioneros que alimentados con la Palabra, por medio del ejercicio de la Lectio Divina, impulsen la acción misionera.

3. Promover una vida sacramental que tenga como centro la Eucaristía y se desarrolle en la comunión diocesana.

4.Impulsar la pastoral integral de la familia, del matrimonio y de la vida, valorando la dignidad de la mujer, así como la inclusión del hombre en la misión de la Iglesia, y de ambos en la sociedad.

5. Renovar nuestra opción por los adolescentes y jóvenes, acompañándolos en su formación, búsqueda de identidad y vocación.

 

 

6. Promover las vocaciones a la vida sacerdotal y consagrada como peculiar modo de seguir a Jesucristo.

7. Renovar nuestra opción preferencial por los pobres, excluidos y migrantes, construyendo caminos de justicia, paz, reconciliación y solidaridad.

8. Trabajar por el bien común cuidando del medio ambiente y los bienes que hemos recibido.

9. Hacer mayor presencia en los medios de comunicación social para que los valores del Evangelio lleguen a más personas.

10.Promover, proteger y purificar la religiosidad popular para que la fe sea madura, fecunda y coherente.

2.4. ¿QUIÉNES Y CÓMO VAMOS A CONCRETIZAR ESTOS PROYECTOSEN LA IGLESIA POTOSINA?

313 En la Iglesia todos somos prota-gonistas, pues por el Bautismo y la Confirmación todos somos discípulos y misioneros, responsables de llevar la Buena Nueva con audacia, valentía y decisión, pero cada quien teniendo en cuenta sus diferentes carismas y encomiendas.

314 El ser protagonista en esta ta-rea lleva consigo una auténtica conversión personal que se expresa en la conversión pastoral, en la disposición para entrar en procesos de formación permanente

Queremos, de acuerdo con los dones y carismas propios, ser misioneros de Jesucristo con creatividad y audacia en todos los lugares de nuestra Arquidiócesis donde el Evangelio no ha sido anunciado o acogido. (315)

 

 

permanente y en la voluntad de hacer comunidad y de prestar un servicio generoso dentro y fuera de la misma.

315 Hoy, en este cambio de época, al igual que en Galilea, Jesús invita a participar en su misión de llevar la vida a todos. Nosotros los pastores, los consagrados y los laicos queremos responder a la llamada del Señor. En esta hora, ¡que nadie se quede con los brazos cruzados! Queremos, de acuerdo con los dones y carismas propios, ser misioneros de Jesucristo con creatividad y audacia en todos los lugares de nuestra Arquidiócesis donde el Evangelio no ha sido anunciado o acogido, especialmente en los ambientes más difíciles y marginados.

CONCLUSIÓN

316 La tarea es inmensa pero urgente. Escuchamos, una vez más el apremiante mandato del Señor que nos dice: “Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a toda criatura (...) Ellos salieron a predicar por todas partes, el Señor los asistía y confirmaba la palabra acompañándola con señales” (Mc 16,15.20).

317 Nos alienta el ejemplo de San Pablo, modelo de evangelizador, que decía a los Tesalonicenses: “Tanto amor les teníamos que ansiábamos entregarles, no sólo el Evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas” (1 Tes 2,8). Animados por este mismo amor, aceptamos dedicar la vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios y ser una Iglesia llena de ímpetu y audacia evangelizadora, siguiendo las grandes tareas de la Misión Continental, “Misión que debe llegar a todos, ser permanente y profunda” (MF 5).

SE TRATA, NOS DICEN LOS OBISPOS LATINOAMERICANOS, DE REPENSAR PROFUNDAMENTE Y REALZAR CON FIDELIDAD Y AUDACIA LA MISIÓN DE LA IGLESIA

 

318 Queremos hacer nuestras las palabras del Papa Juan Pablo II, al inicio del tercer milenio: “¡Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo (...) El mandato misionero nos invita a tener el mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos” (NMI 58).

319 Mantenemos viva la espiritua-lidad del camino. Tenemos la certeza de caminar bajo el dinamismo del Espíritu Santo que habita en la Iglesia y la guía por los senderos del mundo. Queremos escuchar lo que le dice a la Iglesia en San Luis Potosí. Nos conforta y acompaña la Virgen Santísima, perfecta discípula y primera misionera. En sus manos y en su corazón de Madre ponemos nuestro Cuarto Plan Diocesano de Pastoral.

 

 

San Luis Potosí, S.L.P., mayo 31. Solemnidad de Pentecostés, de 2009, Año de San Pablo.