CARTA AL PARROCO DE LA PARROQUIA DE
JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE, P. FERNANDO CASTRO VILLANUEVA,
A LOS VICARIOS PARROQUIALES, PP. CARLOS JORGE GARCÍA NOYOLA,
DAVID ANTONIO CAMPOS LOPEZ, ANTONIO GOMEZ Y GOMEZ DE AGÜERO,
Y A TODOS LOS FELIGRESES.
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Muy queridos hermanos y hermanas:
Muy queridos hermanos y hermanas: ¡Que la gracia y la paz de
Cristo habiten en su corazón y en sus hogares!
Con mucho cariño, les escribo esta carta para dar testimonio
de mi Segunda Visita Pastoral a esa querida parroquia de Jesucristo,
Sumo y Eterno Sacerdote, los días 6 y 7 de agosto. Llegué
hasta ustedes con el deseo de valorar su fe y su trabajo a favor del
Evangelio de Jesucristo y de alentarles a ser sus “discípulos
fieles, para ser misioneros valientes y audaces”. Quise también
motivarles a mantenerse en camino con Cristo para buscar a los pobres
y alejados a fin de acercarlos a la Iglesia y a los Sacramentos, particularmente,
a la Eucaristía dominical.
Su historia, como parroquia, todavía es joven, pero descubrí
abundantes logros espirituales, pastorales y materiales alcanzados
en estos veinte años. Agradezco el magnífico y generoso
trabajo que ha realizado su actual párroco, el P. Fernando
Castro y todos los vicarios parroquiales que le han auxiliado eficazmente.
Han servido con gran celo apostólico aun en medio de contradicciones
y carencias, pero también ayudados por la fe, la generosidad
y entrega de muchos laicos comprometidos y de todos los feligreses.
Ha sido un gran esfuerzo por convocar, reunir, integrar, unir, convencer,
construir.
He visto, una vez más, una parroquia enclavada en una zona
urbana densamente poblada, con muchas carencias materiales y con grandes
seducciones del mal, pero también con inmensa hambre de Dios,
con profunda fe, con mucho amor a la Iglesia y con una arraigada religiosidad
popular. Feligreses que han apoyado, con entusiasmo y generosidad,
todas las obras de la vida parroquial y han acompañado a sus
sacerdotes con afecto y confianza.
Para mí, fue motivo de grande gozo y satisfacción el
encuentro con los enfermos y con las comunidades del Santo Niño
de Atocha, San Judas Tadeo, Nuestra Señora de los Dolores,
así como el envío de las mensajeras que son un valioso
puente para hacer llegar a mucha gente el mensaje del Evangelio y
la vida de la parroquia; son, sin duda alguna, un factor importante
en la integración pastoral de toda la comunidad parroquial.
En mi recorrido quise consolar, alentar, dar esperanza y fortalecer
la fe de los feligreses.
El gozoso encuentro con los niños, niñas y catequistas
fue una señal de esperanza de una generación nueva de
creyentes católicos, maduros en su fe católica, y comprometidos
con la Evangelización y con la transformación del mundo
de acuerdo al mensaje de Jesucristo. La Asamblea parroquial fue muy
participativa y estoy seguro que ayudó a tomar conciencia de
la necesidad de ser discípulos y misioneros de Jesucristo,
ante una realidad urbana donde se va perdiendo la fe en los sacerdotes,
en la Iglesia, en Cristo y en Dios; en donde se ofrecen muchos antivalores
que envenenan a jóvenes y adultos. ¡Es necesario recuperar
para Cristo a la ciudad!
Les sugiero que den un nuevo impulso a la Eucaristía dominical,
como lo pide el Papa: “Cada domingo y cada Eucaristía
es un encuentro personal con Cristo. Al escuchar la palabra divina,
el corazón arde porque es él quien la explica y proclama.
Cuando en la Eucaristía se parte el pan, es a Él quien
se recibe personalmente. La Eucaristía es el alimento indispensable
para la vida del discípulo y misionero de Cristo” (Aparecida,
DI, 4). También les sugiero que fortalezcan la integración
de todas las capillas y de los grupos apostólicos con un gran
sentido de parroquia.
Gracias de corazón por su generosidad y todas sus amables atenciones
hacia su servidor. Siempre les tengo presentes en mi oración.
Recen también por mí. Les bendigo en el Señor.
San Luis Potosí,S.L.P., Agosto 10 de 2008.
+ LUIS MORALES REYES
Arzobispo de San Luis Potosí

