LA
PARROQUIA
(Del Plan Diocesano de Pastoral)
Es
una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la
Iglesia Particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo
Diocesano, se encomienda a un párroco, como pastor propio
(C1C 515).
La
parroquia es pues, en semejanza con la Diócesis, representación
de la Iglesia. De ahí que sea imprescindible que la parroquia
manifieste siempre la referencia a la Iglesia Particular, de la cual
forma parte, y también a la Iglesia Universal, en todos los momentos
de su vida.
A
la parroquia toca la tarea de ser comunidad cristiana. Esta realidad
es al mismo tiempo su ser íntimo y su misión. Por ello
la comunidad parroquial debe tener la doble dimensión de toda
comunidad cristiana en cuanto está inserta en la misión
de la Iglesia: la parroquia debe edificarse hacia adentro como auténtica
comunidad cristiana y proyectarse hacia afuera como eficaz instrumento
evangelizador.
La
parroquia es una comunidad fraternal de creyentes en Cristo convocada
por la Palabra de Dios, animada por el Espíritu, consagrada por
el Bautismo, construida por la Eucaristía, situada en el mundo,
como nivel de comunión y participación en el interior
de la Iglesia.
Por
ser la porción viva y fundamental de la Iglesia Particular, la
parroquia se expresa por la comunión dinámica de comunidades
fraternas, evangelizadas y evangelizadoras, que viven y celebran su
fe, en participación y coordinación ministerial, para
llevar al hombre concreto a la salvación integral en orden a
la construcción del Reino de Dios. (G. Melguizo Yepes,
Pastoral Orgánica-Revista "Medellín", n. 43/1985).
MAS
SOBRE LA PARROQUIA
Historia
de la Parroquia
La
Parroquia en Vaticano II
La
Parroquia en los Documentos
EL
PARROCO
Es
el pastor propio de la parroquia que se le confía, y ejerce
la cura pastoral de la comunidad que le está encomendada bajo
la autoridad del Obispo diocesano, en cuyo ministerio de Cristo ha
sido llamado a participar, para que en esa misma comunidad cumpla
las funciones de enseñar, santificar y regir, con la cooperación
también de otros presbíteros o diáconos, y con
la ayuda de los fieles laicos, conforme a la norma del derecho
(CIC 519).
Una
ayuda muy importante la recibe el párroco de las religiosas,
quienes, con su presencia y servicio pastoral, colaboran para descubrir
el rostro más completo de la Iglesia.
La
espiritualidad, la misión y la identidad del párroco,
como la de todo presbítero, tiene su centro en el seguimiento
de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote que buscó siempre cumplir
la voluntad del Padre. En Él, en Cristo, encuentra el párroco
el ejemplo acabado de la entrega generosa, la vida austera y el servicio
hasta la muerte. Por eso lo esencial para el presbítero es
dejarse configurar a Cristo cabeza y pastor, fuente de caridad pastoral
ofreciéndose a sí mismo cada día con Cristo en
la Eucaristía, para ayudar a los fieles a que tengan un encuentro
personal y comunitario con Cristo vivo (cf. IA, 39 y 41).
El
párroco, como testigo y discípulo de Cristo misericordioso,
está llamado a ser instrumento de perdón y de reconciliación,
comprometiéndose generosamente al servicio de los fieles según
el espíritu evangélico. Como pastor del pueblo de Dios,
debe de estar atento a los desafíos del mundo actual y ser
sensible a las angustias y esperanzas de sus gentes, compartiendo
sus vicisitudes y, sobre todo, asumiendo una actitud de solidaridad
con los pobres (cf. IA, 39 y 41).
Reconozca
y promueva el párroco la función propia que compete
a los fieles laicos en la misión de la Iglesia, fomentando
sus asociaciones para fines religiosos. Coopere con el Obispo propio
y con el presbiterio diocesano, esforzándose también
para que los fieles vivan la comunión parroquial y se sientan
a la vez miembros de la diócesis y de la Iglesia Universal,
y tomen parte en las iniciativas que miren a fomentar esa comunión
y la consoliden (CIC 529/2).
El
párroco es Pastor a semejanza de Cristo, promotor de comunión
con Dios y con sus hermanos a cuyo servicio se entrega, con sus cohermanos
presbíteros en torno al Obispo; atento a discernir los signos
de los tiempos con su pueblo; animador de comunidades (Puebla
653).
Iglesia
en América dice: La parroquia renovada supone la
figura de un pastor que, en primer lugar, tenga una profunda experiencia
de Cristo vivo; espíritu misional, corazón paterno,
que sea animador de la vida espiritual y evangelizador capaz de promover
la participación. (IA, 41).