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SAN
PEDRO APOSTOL
Cerro
de San Pedro, Portezuelo, S.L.P.
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Por:
José Elías Martínez Frías
El Cerro
de San Pedro, ubicado entre dos florecientes centros misioneros (Santa
María del Río y Mexquitic) y sabiendo el afán cooperador
de Caldera a las obras misioneras de los frailes, da constancia que
el elemento religioso debió estar presente desde el inicio.
Aunque
consta documentalmente ya una administración parroquial en forma
en un escrito de 1632, debemos suponer que desde 1592 existió
el encuentro del Evangelio con los moradores advenedizos y nativos de
la región; veta religiosa compuesta por los guachichiles y los
recién llegados tlaxcaltecas, que era atendida por los franciscanos.
Con el
auge minero, vino también la fundación de los pueblos
en torno a Cerro de San Pedro, y por consiguiente la Cuesta de Campa,
Portezuelo y la Zapatilla. Junto con otras 25 comunidades significativas
pertenecientes civilmente a los Municipios de Armadillo, Zaragoza y
Cerro de San Pedro formaron la pujante comunidad parroquial.
Mientras
que nacía y se desarrollaba a grandes pasos la ciudad capital,
la matriz de ésta. Cerro de San Pedro, era objeto de explotación
minera desmedida, las actuales ruinas del pueblo, manifiestan sus antiguas
dimensiones. Ubicada al oriente de la Ciudad a 16 km. en línea
recta de la Plaza de Fundadores de San Luis, permanece Cerro de San
Pedro, sede jurídica del Municipio y Parroquia como un monumento
histórico de un pueblo que dio vida e inyectó oro y plata
a México y al mundo.
El último
giro que ha marcado el rumbo de su larga vida se tuvo en los años
40's cuando la compañía minera en tumo dejó de
laborar abriendo a partir de entonces un largo compás de desolación,
decadencia y desarticulación en la dura labor pastoral (en los
cánones de su tiempo) emprendida por insignes párrocos.
En los
años 80's dos notas marcan el rumbo de la parroquia: para mejor
atención pastoral de los fíeles, se establece que la parroquia
de Nuestra Señora de la Soledad atienda las comunidades del norte
de la Parroquia (Jesús María, San Antonio de Eguía,
Contrayerba, San Elías, Palomas, etc.), y que el párroco
resida en Portezuelo, lugar más céntrico para todas las
comunidades, y de mayor demanda pastoral.
En los
años 90s tenemos una comunidad parroquial que poco tiene
que ver con el añorado esplendor de los siglos pasados. Como
realidad social, la sede parroquial de Cerro de San Pedro, subsiste
entre tensiones y la vuelta de intereses mineros que despiertan del
letargo de su riqueza contenida en el subsuelo unida a la valiente experiencia
de más de 25 familias que han sabido sortear toda clase de situaciones.
Ha nacido otro destino para el pueblo: el bullicio dominical de cientos
de turistas que asombrados contemplan el paso de los años.
Pastoralmente
los retos son: reintegrar la parroquia, hay dispersión y pérdida
de conciencia comunitaria ante la falta de un centro de peregrinación,
ofrecer más personalidad a las comunidades sin perder la visión
del conjunto aprovechando lo estratégico de Portezuelo, reactivar
pastoralmente la parroquia. Urge crear espacios e infraestructura parroquial
porque prácticamente se perdió o muy poco existió.
Un hecho ya bien adquirido es que la mancha urbana ha crecido al oriente
de la Ciudad Capital y ante lo heterogéneo de la configuración
social (zona rural y zona urbana) es necesario activar una nueva visión
de la comunión.
En una
visión general de la parroquia podemos tipificar tres realidades
de comunidades:
1. Antiguas
y tradicionalistas
Que después
de sufrir el destierro de las familias comienzan la reconstrucción
a pesar de ser comunidades que no viven en la miseria. Cerro de San
Pedro, Monte de Caldera, Cuesta de Campa y la Zapatilla- Ancladas en
el pasado, materialmente en ruinas los templos (actualmente en reconstrucción
o en proceso), viven las tensiones que surgen de lo áspero de
la vida que sobrellevan; anquilosadas en tradiciones propias o resabios
mal acomodados de los modos tridentinos de la pastoral, etc.
2. Comunidades
rurales, progresistas y deseosas de evangelización
Que tienen
por centro más natural de comunión a Portezuelo. Se caracterizan
por su independencia respecto a la suerte minera del Cerro de San Pedro.
Se mueven más en razón de la relativa cercanía
de la mancha urbana que de aspiraciones de vivir la minería.
Viven un clima más desintoxicado que les ha permitido encontrarse
con el espíritu de la renovación de la Iglesia, emprendido
sobre todo desde el ministerio de los Sres. Párrocos Gabriel
Rodríguez M., Sotelo Álvarez (q.c.p.d) y Eleuterio
Martínez
I., actualmente se recogen los frutos en gran número de agentes
comprometidos para la pastoral. Nacen grupos y ministerios diversos,
se construyen capillas, se remodelan las actuales con sentido más
teológico y litúrgico, etc.
3. Zona
Urbana
Cuatro
grandes fraccionamientos residenciales y dos más en crecimiento
evidencian la urgencia de atención pastoral más especifica.
Afortunadamente, desde hace algunos años se vienen sembrando
signos concretos que en el futuro hagan de esa zona un lugar abierto
a la vivencia del Evangelio.
El pueblo
de Cerro de San Pedro es pastoralmente es una comunidad con rendimientos
diversos; socialmente es una comunidad en estado de tensión,
dividida y propensa a la violencia motivada por la misma situación
de muchos anos de abandono, liderazgo, con poca visión de beneficios
comunitarios y la reciente presencia de una Compañía minera
(1995) ha contrapunteado más los ánimos, provocando reacciones
mucho más allá del ámbito local. Permanece como
un buen dato en las comunidades la nostalgia de pertenencia a Cerro
de San Pedro, cuyo templo parroquial sigue siendo un símbolo
de cohesión que liga de modo especial la tradición y herencia
-a los mayores- y como enigmático a las generaciones jóvenes,
que ante la casi ruina del poblado permanece en piE.
Templo
que a decir de quienes saben, como a ninguno -al menos en la región-
se le conoce bien a bien su condición de estabilidad estructural,
ya que de modo muy certero, gracias a las gestiones del Arzobispo, la
parroquia, el impulso sano y comprometido de algunas personas y el interés
del Gobierno del Estado -muy puntual y sin escatimaciones- ha desplegado
desde hace un año una serie de estudios en su estructura y cimentación,
teniendo hasta el momento una visión objetiva y científica
del mismo.
Todo
esto dará al templo, austero y muy saqueado, la categoría
que le corresponde como testigo mudo de una historia que acontece día
a día, en espera de la suerte futura.
En nuestros
tiempos va surgiendo otra veta valiosísima:
Una nueva
generación que, sin quitar el renglón de pertenencia y
conciencia histórica a una antigua tradición, van asimilando
los modos nuevos de la Iglesia del Tercer Milenio.
