

En
abril de 1850, el día 4, o tal vez el 5, señalado en el calendario cristiano
por el recuerdo de San Vicente Ferrer, Dios hizo nacer en una casa campesina a
un niño a quién se bautizó con el nombre de Vicente. De su madre, Beltrana.
Nada
más se sabe con seguridad de la infancia de este futuro santo, excepto que de
niño no era ciertamente santo.
No
se sabe si cuando llegó a Dax a los 14 años había ya tenido algo de escuela
en la casa, o en la casa del cura de su aldea. Ni tampoco, si se había enseñado
a sí mismo a leer y escribir, de manera que ya adolescente, ha dejado su aldea
natal. No va a volver a ella, fuera tal vez del tiempo de vacaciones, hasta los
43 años.
Como
quiera que sea, a los 20 años en septiembre de 1600, se ordenó de sacerdote,
en la Ciudad de Perigueux, quiso ser Párroco a los 20 años de un pueblo
nombrado Tilh, cercano a su aldea natal. Estuvo a punto de serlo efectivamente,
pero falló el plan, sufrió con ello la primera frustración de su juventud.
1609
Cuando
Vicente llega a la cuidad de París a comienzos de 1609, para hacer de ella la
residencia definitiva para el resto de su vida, sin embargo, su viaje fue
motivado por un hecho que pudo haber sido la ocasión de ascenso en que venía
soñando hacía tantos años. Hacia los 30 años el señor Vicente de Paúl está
aprendiendo, en la frustración y en el fracaso, a elevarse a Dios. “No hay
nada como un buen guía para encontrar el buen camino. Aún más si el camino es
complicado”
1610
Entre
febrero de 1610, Vicente encontró un pequeño oficio que le proveyó de medios,
suficientes para no morirse de hambre. Un poco antes de convertirse en Abad
Vicente había encontrado como
limosnero y capellán en el palacio de Margarita de Valois. No era tampoco
importante el trabajo, decir una misa diaria en la capilla del palacio y
repartir algunas limosnas en nombre de la reina. Pero le proveía un medio
modesto vida, aunque fuera modesto e interesante, le daba fácil ingreso a un
lugar de alta sociedad, cultura y alta riqueza. Que pudiera haber soñado el
adolescente que dejó su casa en Pouy para comenzar gran peregrinación a las
alturas. En el palacio de Margarita de Valois, Vicente experimentó de primera
mano la banalidad y la fealdad moral que el mundo tiene, que él mismo había
tenido hasta entonces, por grandeza humana.
Mayo
de 1612, Vicente tenía 32 años y hacía ya doce que se había ordenado
Sacerdote, cuarenta años después aún recordaba esa primera experiencia
sacerdotal. El pueblo era bueno, obediente a su cura, se confesaba cuando él se
lo insinuaba y cantaban los salmos sin fallar una nota, las gentes sencillas de
Clichy le dieron una lección soberana sobre lo que se supone una vida de fe.
Para Vicente la experiencia fue decisiva y le hizo ver algo que no había
sentido y sospechado antes ni después de ordenarse:
que una vida de fe llena el alma y la satisface infinitamente más que los
deseos y ambiciones de rentas y seguridades. Se sintió en Clichy antes de este
descubrimiento más feliz que el Papa, y más que su propio Obispo y así se le
hizo saber en una visita pastoral éste hizo a la aldea. En cuanto a Dios le decía:
< Dios mío, que feliz soy por tener un pueblo tan bueno <. La felicidad
le duró poco ya que en 1613 fue llevado a un nuevo palacio por un consejero
Berulle de gente noble con el fin de que diera escuela a 2 niños de once y tres
años. Hijos del matrimonio de Felipe de Gondy y Margarita de Silly.
He
aquí pues a nuestro héroe en otro Palacio. Poco le agrado este trabajo, pues
llegó a tener períodos de mal humor y de encierro en su recamara. El recordaba
su grata experiencia del pueblo de Clichy. Por lo cual Vicente fue ensanchando
su radio de actividad sacerdotal, comenzó con los propios criados de la casa, a
los que impartía instrucción religiosa. Otra persona que también influyó en
la trayectoria de su vida fue la Sra. Margarita Silly. Una mujer bella y muy
cristiana. Influyó poderosamente en la historia de nuestro hombre, Margarita
murió en 1625 y la relevó una mujer frágil de nombre Luisa de Marillac.
1617
Vicente
creyó oír en el fondo de su alma el eco lejano y profundo, hasta entonces
apagado por su propia agitación, de la voz misma de Dios, que le indicaba con
claridad, por fin el camino. No fue Vicente sordo a la llamada pues no sólo
respondió de inmediato, sino que fue fiel hasta la muerte y cambió el rumbo de
su vida.
Vicente
de Paúl abandonó la casa de los Gondy sin despedirse con la intención de
servir dentro de su vida sacerdotal en una aldea a más de 500 kilómetros de
París.
Esto
es lo que Dios le propuso en Chatillon sin él buscarlo ni planearlo de antemano
se preparaba para decir misa cuando vinieron a hablarle sobre una familia
enferma, muy pobre, que vivía a alguna distancia de la aldea; fue tanto el
fuego que al predicar puso en sus palabras que movilizó a todo el pueblo y así
al llegar él a la casa se encontró con grupos de lugareños con cestas de
comida. 
Al
verlos tuvo otra iluminación; creó la caridad organizada pues esta comida
duraría sólo unos días y lo de más se echaría a perder. Con un grupo de 8
mujeres y con la ayuda de Dios al frente, empezaron a asistir cada día a los
necesitados. Unos trabajarían con sus manos, otros contribuirán con sus bienes
y todos trabajarán considerando aquellas palabras del señor “Venid,
benditos de mi padre, porque tuve hambre y me dieron de comer...”
La
caridad para el prójimo San Vicente la vive plenamente desde los 37 años hasta
su muerte. El Espíritu Santo tomó su tiempo como lo hace siempre para infundir
tal gracia a sus escogidos. Al grupo de mujeres que se reúnen para ayudar a los
más necesitados lo nombran cofradía de la caridad.
Entre
1618 y 1625 la actividad de Vicente de Paúl se centra fundamentalmente en
misionar en su peculiar estilo reposado y profundo, con la ayuda ocasional de
otros sacerdotes. En su peregrinar se encontró en los llamados hospitales
generales grandes problemas producidos por el creciente número de gentes sin
trabajo, vagabundos y gente menesterosa y careciente de todo recurso. Veremos así,
al Sr. Vicente oponerse en su ancianidad y realizar un nuevo proyecto para el
Hospital General. Se comenzará por una investigación detallada para conocer
con exactitud el número de pobres inválidos, niños, ancianos y los capaces de
trabajar, así como a los pobres vergonzantes, de manera que lo que fundó
Vicente en Macon fue otra cofradía, pero ésta en gran escala, con
responsabilidad sobre los pobres de toda la ciudad, los fondos necesarios se
recababan de contribuciones voluntarias en especia o en dinero a las
que se comprometió el clero y la gente pudiente de Macon, además de
algunos impuestos municipales. El plan funcionó a la perfección, y así acabó
de inmediato con la mendicidad pública.
La
actuación de Vicente en Macon está ciertamente de lleno en línea con lo que
fue lo fundamental que para él era, la evangelización.
En
el año de 1623 y1624 Vicente se encuentra con 2 mujeres que fueron importantes
en su vida de peregrinación, éstas fueron Juana Francisca Fremiot de Chantal y
Luisa de Marillac, quienes influyeron decisivamente en su obra.
De
hecho la sombra de San Ignacio y su obra influyeron fuertemente en la obra de
San Vicente.
Esta
influencia se dejó sentir incluso en algunos aspectos del reglamento definitivo
de la Congregación de la Misión durante siglos, las Reglas o Constituciones
comunes, Vicente de Paúl escoge precisamente como campo de su actuación las
clases más bajas de la sociedad denominada ahora proletariado: Galotes, niños
abandonados, ancianos sin medios de vida jubilados, esclavos, campesinos
explotados y expulsados de sus tierras.
Fue
idea del obispo Beauvais, reunir en retiro en su propia casa a los ordenados de
su diócesis durante unos días para que antes de la fecha de ordenación se
enfrentaran aunque sólo fuera un poco en < ejercicios de piedad >, y se
instruyeran < en sus deberes y ministerios >. Nunca tuvo problemas teóricos
Vicente para integrar esta nueva actividad de su nueva congregación misionera.
Este
hombre, que nació y se crió móvil y andarín, va a tener desde ahora hasta la
muerte una vida aparentemente sedentaria, pero su alma ambiciosa va a seguir
moviéndose sin descanso hacia lo profundo de sus ser, donde habita Dios, y su
espíritu inquieto hasta los límites del mundo.
Vicente
no se retiró a ninguna ermita para prepararse a morir. Y aunque ya desde
febrero tenía muchos días sin poderse mover, se mantuvo vigilante y trabajando
hasta la víspera de su muerte. Murió el 27 de septiembre, pero estuvo
celebrando consejo de gobierno de su Congregación y escribiendo cartas por lo
menos hasta el día 25.
¿Qué
juicio se pasaría sobre él por este último hecho de su vida cuando este
hombre de paz amaneció el día 27 de septiembre de 1660 ante la presencia de su
creador y señor?¿Pondría Dios Padre en el cielo alguna objeción al menos
alguna reserva o postilla, a la sentencia dada de antemano por su hijo en la
tierra?:
Ven,
bendito
de mi padre
recibe
el reino
preparado
desde la creación del mundo.
Porque
tuve hambre...
Y
nosotras las Voluntarias Vicentinas de todo el mundo estamos seguras que él
desde arriba nos sigue escribiendo sus cartas para que sigamos adelante esta
bellísima labor que el Espíritu Santo le inspiró.