2008
HOMILÍA
EN LA JORNADA DIOCESANA DE LA JUVENTUD

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1.- Queridos jóvenes, con gran cariño y alegría
les doy la bienvenida a esta fiesta de la juventud. Me emociona mirarlos
porque ustedes son la esperanza de la Iglesia para el futuro. ¿Qué
palabras les puedo decir yo para entusiasmarlos, para animarlos a abrir
su corazón y llenarlo del amor de Jesús en estos tiempos
difíciles, en este mundo incierto que les ha tocado vivir?
Ustedes
están aquí, jóvenes de toda nuestra Arquidiócesis,
para celebrar la Jornada Diocesana de la Juventud, para hacer eco a
la XXIII Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Sydney, Australia,
del 13 al 20 de Julio, y para dejarse interpelar por las estimulantes
palabras de Jesucristo. Por mi parte, lo que hoy les digo, es una resonancia
del mensaje del Papa.
He
venido a acompañarles para compartir su fe y su alegría
y para invitarles a abrirse al poder del Espíritu de Cristo y
a la riqueza de sus dones. Pido a Dios que el fuego del Espíritu
Santo baje e incendie sus corazones para unirlos cada vez más
a Jesús y a su Iglesia, y a enviarlos, como discípulos
y misioneros, a todas nuestras comunidades.
Estamos
reunidos en torno al Señor bajo este hermoso cielo potosino.
Que en este mediodía, se cumpla la promesa de Cristo: “Recibirán
la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos hasta
los confines del mundo”. Estas fueron las últimas palabras
que Cristo pronunció antes de su ascensión al cielo. Lo
que los Apóstoles sintieron al oírlas sólo podemos
imaginarlo. Pero sabemos que su amor profundo por Jesús y la
confianza en su Palabra los impulsó a reunirse y a esperar con
María la llegada del Espíritu Santo.
También
ustedes escuchen, con mucha atención y emoción, esta promesa
de Jesús que se cumple, hoy, aquí. Abran su corazón
para recibirla. Ustedes también pueden decir, como Jesús,
el joven profeta de Galilea, lo dijo, en la sinagoga de Nazaret: “El
Espíritu del Señor está sobre mí…hoy
se cumple en mí esta Escritura”.
2.-
Tenemos necesidad de conocer al Espíritu Santo y su presencia
en nuestra vida. Preguntémonos: ¿A qué viene? ¿Qué
nos trae? ¿Cómo actúa en el hombre, en la Iglesia,
en el mundo? Pero, ¿quién es para ti el Espíritu
Santo? ¿Has pensado alguna vez quién es realmente para
ti este Espíritu Divino? Contesta esta pregunta en lo profundo
de tu corazón.
Cuando
recitamos el Credo, afirmamos: “Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida”. El Espíritu creador es fuerza
de Dios que da vida a toda la creación y es la fuente de vida
nueva y abundante en Cristo. Él es quien inspira las Sagradas
Escrituras y guía al Pueblo de Dios. Él es el “dador
de vida” que nos conduce al corazón mismo de Dios.
Nosotros
creemos en el Espíritu Santo que sostiene nuestro testimonio
sobre Jesucristo. Nosotros creemos que Él es el alma de la Iglesia;
que Él es el amor que nos une a Jesús y que nos une entre
nosotros. Creemos que es la luz que abre nuestros ojos para ver las
maravillas de Dios en el mundo.
Por
el Espíritu Santo, Jesús está siempre presente
en nuestros corazones, esperando serenamente que nos dispongamos, a
estar junto a Él, en silencio, para así escuchar su voz
y permanecer en su amor.
Ojalá,
queridos jóvenes, que en esta Jornada Diocesana todos tengamos
una experiencia viva de la actuación y de la fuerza del Espíritu
en cada uno de nosotros. La prueba más elocuente de su fuerza
es la presencia gozosa y entusiasta de todos ustedes venidos de distintas
comunidades y unidos en la fe y en el amor a Jesús resucitado.
No olviden que el Espíritu de Dios siempre convoca, integra y
construye la unidad.
3.-
Permítanme que les reitere, hoy, las mismas preguntas que el
Papa dirigía, a los jóvenes del mundo, al final de su
homilía, en la clausura de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud:
“¿Qué dejarán ustedes a la próxima
generación? ¿Están construyendo sus vidas sobre
bases sólidas? ¿Están construyendo algo que durará?
¿Cómo están usando los dones que se les han dado,
la fuerza del Espíritu Santo que ya han recibido, por la Confirmación?
¿Qué herencia dejarán ustedes a los jóvenes
que vendrán después? ¿Qué los distinguirá
a ustedes?” Y yo agrego: ¿Qué están haciendo
y que harán ustedes, aquí presentes, por San Luis Potosí?
El
Espíritu Santo nos encamina hacia el futuro. El regalo del Espíritu
de Cristo a la humanidad es prenda de esperanza y de liberación
contra todo aquello que nos empobrece; es fuerza que puede crear un
mundo nuevo: “Puede renovar la faz de la tierra”, puede
cambiar la realidad oscura de odio, división, violencia, maldad,
droga, pornografía y alcoholismo que está encadenando
y destruyendo la vida de muchos jóvenes, en una luminosa realidad
de justicia, de paz, de reconciliación, de laboriosidad y de
amor.
Ustedes
son una nueva generación de jóvenes creyentes que está
invitada a contribuir a la edificación de un mundo en el que
la vida sea respetada y cuidada amorosamente.
Una
generación invitada a construir una nueva era en la que el amor
no sea ambicioso y egoísta, sino puro, fiel y sinceramente libre;
amor abierto a los demás y respetuoso de su dignidad; un amor
que promueva el bien e irradie gozo y belleza.
Una
generación que construya una nueva era en la cual la esperanza
nos libere de la superficialidad, de la apatía, de la pereza
y del egoísmo que envenenan las relaciones humanas.
El
mundo tiene necesidad de esta renovación. La Iglesia también
tiene necesidad de renovación. Tiene necesidad de la fe de los
jóvenes, de su idealismo y de su generosidad, para que ella sea
siempre joven en el Espíritu.
¡Jóvenes,
ayúdenos a construir el nuevo mundo potosino que ustedes han
soñado! ¡Ayúdenos a realizar lo nuevo del Evangelio
en la Iglesia potosina! Ustedes poseen un rico potencial humano que
el Espíritu Santo quiere orientar hacia el bien, y sólo
hacia el bien.
Este
mediodía, nuestros corazones y nuestras mentes se llenan de gratitud
a Dios. Invoquemos al Espíritu Santo. Dejen que sus dones los
modelen, entre los altibajos de la vida cotidiana. Maduren su fe a través
de la amistad, del amor verdadero, de sus estudios, del trabajo, del
deporte, de la música, del arte. Sostengan su fe mediante la
oración y aliméntenla con los Sacramentos. Recuerden que
la verdadera riqueza de su vida está en el corazón; que
la vida no es un simple acumular bienes materiales, y es mucho más
que el éxito.
Estar
verdaderamente vivos, es ser transformados desde el interior, estar
abiertos a la fuerza del amor de Dios. Si reciben la fuerza del Espíritu
Santo, también ustedes podrán transformar a sus familias,
a las comunidades y a nuestro país. Que la sabiduría,
la inteligencia, la fortaleza, la ciencia y la piedad, dones del Espíritu
Santo, sean las señales de su grandeza juvenil.
Pido
que el Espíritu derrame sus dones abundantemente sobre todos
ustedes, aquí presentes, sobre nuestra Arquidiócesis y
parroquias, sobre nuestro Estado y ciudad de San Luis Potosí.
Que, por la amorosa intercesión de María, Madre de la
Iglesia y Madre de los jóvenes, esta Jornada Diocesana de la
Juventud tenga mucho fruto. Que todos ustedes, enardecidos con el fuego
del amor del Espíritu Santo, continúen proclamando su
fe en Jesucristo Resucitado y atrayendo, a su corazón, los corazones
de muchos jóvenes potosinos.
¡Ven,
Espíritu, de amor y de paz! ¡Ven!
San
Luis Potosí, SLP, Julio 27 de 2008.
+Luis
Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí