2008
HOMILÍA
VIGILIA PASCUAL
1.- Los primeros
seguidores de Jesús celebraban la Pascua con una vigilia de oración,
como nosotros lo estamos haciendo esta noche. Aquellas comunidades pasaban
la noche vigilando, con la certeza de que algo estaba sucediendo. Durante
toda la noche leían relatos y recordaban las palabras de Jesús,
oraban y contaban juntos, y al amanecer partían en pan para experimentar
que Cristo vive, que ha resucitado, y que a ellos les ardía el
corazón en la espera.
Nosotros
estamos haciendo algo semejante esta noche de vigilia. Escuchamos la
Palabra de Dios y oímos los viejos relatos que nos hablan de
otras noches que fueron anuncios de resurrección, noticia de
muchos otros amaneceres. También nosotros celebramos la Eucaristía
esta noche para sentir que Cristo camina a nuestro lado; que se sienta
con nosotros y nos da su pan eucarístico. Y nos llenamos de alegría
porque Cristo ha resucitado, vive entre nosotros y hace que nuestro
corazón arda de amor y devoción.
2.- El Evangelio
que hemos escuchado contiene dos partes. En la primera parte, describe
el descubrimiento de la tumba vacía: “Al amanecer del
primer día de la semana, María Magdalena y la otra María
fueron a ver el sepulcro…De pronto se produjo un gran temblor
porque el ángel del Señor bajo del cielo y acercándose
al sepulcro hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó en
ella… El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo:
No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No
está aquí; ha resucitado, como lo había dicho.
Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto…”
Jesucristo
que pasó por la vida haciendo el bien, que fue entregado a sus
enemigos, condenando a muerte en el suplicio de la cruz y muerto en
la cruz, ha resucitado.
En su segunda
parte, el Evangelio nos habla del encuentro del Resucitado con las dos
mujeres: “De repente Jesús les salió al encuentro
y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y
lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: No tengan miedo. Vayan
a decir a mis hermanos que se dirijian a Galilea. Allá me verán”.
Fijémonos
cómo Jesús llamo a sus discípulos “hermanos”.
Después de dejarlo solo en la Pasión, Jesús sigue
considerando hermanos a sus cobardes discípulos; no les responde
con la misma moneda, no les desprecia por su huída. A la deslealtad
de los suyos, responde, para asombro y beneficio nuestro, con su propia
lealtad y con su amor sin condiciones. También a nosotros, a
pesar de todas nuestras traiciones, el Señor nos llama amigos,
nos llama hermanos, nos sigue amando y llamando.
El encuentro
de Jesús Resucitado con las mujeres nos ayuda descubrir la presencia
de Cristo Resucitado en nuestra vida. ¡Qué gran consuelo
para nosotros! Así como las dos mujeres, al salir del sepulcro
vacío, lo encontraron vivo, así también nosotros
podemos encontrar cada día, en cada momento, en esta noche santa
y siempre, al Resucitado que nos llena de alegría, paz, fuerza
salvadora y entusiasmo para cumplir con nuestras tareas y obligaciones.
El se nos adelanta y nos espera sin falta en todas las encrucijadas
de la vida. En Cristo Resucitado, nuestra vida se renueva, nos ayuda
a mirar el futuro con esperanza y nos recuerda que sólo una vida
de amor tiene sentido para alcanzar la resurrección eterna. La
mejor manera de vivir la resurrección es vivir como Jesús
vivió, amar como Él amó.
3.- Esta
noche, también la Palabra de Dios nos explica lo que significa
para nosotros la resurrección de Cristo.
Se nos asegura,
nos dice el profeta Ezequiel, que si dejamos que Cristo Resucitado entre
en nuestra vida, Dios cumple en nosotros esta promesa: “Les
daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu
nuevo; arrancaré de ustedes el corazón de piedra y les
daré un corazón de carne. Les infundaré mi espíritu
y los haré vivir según mis preceptos y guardar y cumplir
mis mandamientos.
¿De
qué se trata? El Señor cambiará el corazón
endurecido por el pecado, insensible a la Palabra de salvación,
por un corazón de carne dócil y obediente; un corazón
que se deja herir de amor y que por amor se convierte a su vez en capaz
de sufrir; un corazón en el que el Espíritu pueda morar
de modo estable, sugiriendo a cada instante lo santo, verdadero, noble
y lo que agrada a Dios.
Por otra
parte, San pablo nos dice que nuestra participación en la muerte
y la resurrección de Cristo es un acontecimiento renovador que
nos transforma internamente y nos hace partícipes de la vida
divina. La vida nueva se concede gratuitamente, pero debe ser libremente
recibida. “Por el bautismo fuimos sepultado con Él
en su muerte, para que así como Cristo resucitado de entre los
muertos por la gloria del Padre, así también nosotros
llevemos una vida nueva… La muerte ya no tiene dominio sobre Él…
Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para
Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro”.
4.- Hermanos
y hermanas: ¡Felicidades, Cristo ha resucitado¡ ¡Aleluya!
La Pascua es de ustedes y para ustedes. Festejen la Pascua tomando parte
en ella. Dejen que el gran temblor que se produjo en la noche de Pascua
y abrió el sepulcro vacío de Jesús, sacuda su corazón
y haga vibrar de verdad su vida eterna, como aquel otro temblor que
sacudió la tierra, la tarde de la muerte de Jesús en el
Calvario. Que el sepulcro de Jesús se convierta en una especie
de cuna donde ustedes comiencen una vida nueva y un radiante programa:
no muerte sino vida; no divisiones, sino paz; no egoísmo, sino
amor; no mentira, sino verdad; no lo que deprima, sino lo que es luz,
pureza y respeto mutuo.
A este respecto,
hace unos días, el Papa decía: “De la esplendida
noche de Pascua, la alegría, la luz y la paz de Cristo se difunden
en la vida de los fieles de cada comunidad cristiana y alcanzan todo
punto del espacio y del tiempo”.
¡Jesucristo,
Camino, Verdad y Vida, ha resucitado! ¡Resucitemos con Él!
Que Él sea siempre nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida!
¡FELICES PASCUAS DE RESURRECCION!
Marzo 22
de2008
+Luis
Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí.