2007
HOMILIA
VIGILIA PASCUAL 2007.
1.- En medio
de la noche hemos entrado en nuestra Catedral con las luces apagadas,
como símbolo de la oscuridad del mundo. Hemos invocado la luz
de Cristo para que disipe las tinieblas de nuestro corazón.
La luz de
Cristo resucitado, a quien amamos y seguimos, todo lo ilumina. Y hemos
entonado el hermoso himno del pregón pascual con el que comenzamos
esta fiesta de la santa Pascua: “¡Qué noche tan
dichosa, en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino!
En esta noche de gracia, acepta Padre santo, el sacrificio vespertino
de alabanza que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de
esta cirio, obra de las obejas”.
También
hemos recordado agradecidos, oyendo las lecturas bíblicas, las
maravillas que Dios ha hecho en la historia de la salvación y
cómo esta salvación alcanza a todos los hombres y mujeres,
en la muerte y resurrección de Cristo.
Dentro de
un momento, renovaremos nuestras promesas del bautismo. Todo culminará
en la eucaristía. Cristo resucitado se hace presente entre nosotros;
se nos hace comida y bebida, dándonos su cuerpo y su sangre;
nos comunica su vida y nos envía a prolongar su misión
en medio de las realidades de este mundo. “Esta noche santa
ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia,
doblega a los potentes”.
Ante nosotros
arde el hermoso y gran cirio pascual, símbolo, a lo largo de
la Pascua, de Jesús resucitado. Es la luz en la oscuridad del
mundo. En la lucha entre las tinieblas y la luz, ésta ha triunfado
en la resurrección de Cristo. Nosotros mismos nos hacemos luminosos
y portadores de la luz de Cristo; nos iluminamos. “Goce también
la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor
del rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el
orbe entero”.
2.- Las mujeres,
marginadas por la sociedad civil y religiosa de su tiempo, serán
las que anuncien al mundo la noticia de más luminoso amanecer
de la historia humana.
El evangelio
nos dice: “El primer día después del sábado,
muy de mañana, llegaron las mujeres al sepulcro, llevando los
perfumes que habían preparado… se les presentaron dos varones
con vestidos resplandecientes… les dijeron: ¿por qué
buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí;
ha resucitado… Cuando regresaron del sepulcro, las mujeres anunciaron
todas estas cosas a los Once y a todos los demás”.
Aquellas
mujeres, al afirmar que Jesús ha resucitado, expresan no sólo
que vive en el recuerdo de los suyos, sino que se han encontrado con
Él, que vive ya la vida definitiva de Dios; que la muerte ya
no tiene dominio ni en él ni en nosotros. Aquellas mujeres no
podían guardar silencio. Era una experiencia gozosa que se les
salía del corazón; era una experiencia y una realidad
que iban a cambiar la vida del mundo. Tenían la misión
de comunicarla.
Por eso,
las mujeres de la Pascua no callaron el mensaje recibido de forma tan
sorprendente. Era tanto el gozo que les embargaba, que no pudieron por
menos de anunciar la buena nueva a los que habían sido los mejores
amigos de Jesús.
Siguiendo
su ejemplo, en el momento presente, es necesario que los creyentes católicos
seamos testigos de Cristo que vive para siempre y nos llama a participar
de su propia vida colmada, experimentando su alegría. Pueda ser
que no nos crean, pero esta noticia, con su carga de amor, paz y felicidad,
acabará imponiéndose en la vida de los hombres y mujeres
de buena voluntad.
3.- La vida
renace después del otoño y del invierno. Han pasado los
días con las noches más largas. Hay menos noche, menos
oscuridad y más luz.
De nosotros
depende que sea primavera en el corazón de los hombres y que
sea una Pascua verdaderamente florida.
La Pascua
es el movimiento del mundo hacia la vida eterna. Todo se orienta hacia
la salvación. Tenemos motivos fundados para vivir y morir con
esperanza.
Felicidades,
hermanos y hermanas:
Lo que ocurrió
hace dos mil años, sigue ocurriendo ahora y para siempre.
La Pascua, el paso de la muerte a la vida, sigue siendo verdad.
El Espíritu de Cristo resucitado sigue llegando a nuestros corazones.
Este Espíritu despierta la fraternidad, la verdad, la justicia,
la paz.
Este Espíritu nos reconcilia con Dios Padre, con los hermanos,
con nosotros mismos.
Este Espíritu nos unge con la suavidad, del consuelo, del perdón
y del amor.
Por
todo esto, a todos deseo unas FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN.
San Luis
Potosí, S.L.P., Abril 7 de 2007.
+Luis
Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí
