2007
HOMILIA
EN LA FIESTA DE LOS APOSTOLES FELIPE Y SANTIAGO
Y XXXI ANIVERSARIO DE MI ORDENACION EPISCOPAL.
1.- En la
pasada asamblea de Pascua de los Obispos de México, se nos pidió
hacer la “lectio divina” con el tema: “La
Iglesia en camino hacia el Padre”, siguiendo el texto evangélico
proclamado en esta Eucaristía: “Jesús dijo a
Tomás: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar
hasta el Padre sino por mí. Si me conocieran, conocerían
también a mi Padre. Desde ahora lo conocen, pues ya lo han visto”.
Al terminar,
se nos pidió que cada uno escribiera una oración. Yo me
atreví a escribir una muy sencilla: “Señor Jesucristo,
gracias por tu amor y tu compasión para conmigo. Te pido que
tú seas mi único camino, mi única verdad y mi única
vida. Concede a tu Iglesia potosina optar sólo por ti, como su
camino, su verdad y su vida. Gracias, Señor, por venir y caminar
en medio de nosotros”.
2.- Volviendo
a nuestro texto, recordemos que en el curso de la última cena,
Jesús pronuncia un largo discurso, el más íntimo
y prolongado de todos. Ahí les habla a los suyos con ternura
y les revela misterios que los consuelan. Podríamos decir que
en ese discurso, Jesús actúa como Paráclito, como
Consolador, es decir, como aquel que habla al oído dando palabras
de ánimo. “No se inquieten. Crean en Dios y crean también
en mí”. Ante la sublimidad de su discurso, las preguntas
de algunos de sus discípulos parecen ingenuas, pero dan ocasión
a revelaciones profundas. “Ustedes ya saben el camino para
ir adonde yo voy. Tomás le dijo: Pero, Señor, no sabemos
adónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino? Jesús
le respondió: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede
llegar hasta el Padre sino por mí”.
¿Qué
nos dice Jesús? ¿A qué nos llama? También
nosotros, muchas veces, estamos apesadumbrados como los Apóstoles.
En esos momentos de prueba, el Señor viene a nuestras penas y
lágrimas para decirnos palabras de consuelo, aliento y esperanza.
Nos revela el misterio del camino. Nos dice que no sólo es el
Camino y la Verdad que se necesitan para alcanzar la Vida, sino que
Él mismo es la Vida; que es nuestro Camino precisamente porque
es la Verdad y la Vida; que no existen vías alternas; que Él
es la única ruta hacia la salvación.
Jesús
es la Verdad en medio de la mentira del mundo, porque Él es la
revelación exacta del Padre; es la Vida en plenitud y sin término
en un mundo de muerte y autodestrucción, porque, gracias a Él,
podemos entrar en comunión con el Dios vivo; y es el Camino hacia
el Padre porque en su persona nos revela a Dios, y en el ejemplo de
su vida y en la luz de su palabra, nos muestra el itinerario a seguir
para nuestra realización definitiva como hijos de Dios y hermanos
de los hombres.
Nosotros
somos la Iglesia que camina como peregrina por la tierra, siguiendo
a Cristo y guiada por su Espíritu. Él orienta nuestra
marcha en medio de nuestros quehaceres temporales, en medio de nuestras
tristezas y angustias, en medio de los nuestros gozos y esperanzas,
alentando en nuestro corazón la esperanza de la patria celeste.
“En la casa de mi Padre hay lugar para todos”.
Jesús une dos temas entrañables: la casa del Padre y el
camino para llegar a ella; alienta nuestro deseo, ya desde ahora, de
vivir en eterna comunión con Dios. “Regresaré
y los llevaré conmigo, para que puedan estar donde voy a estar
yo”.
Por otra
parte, Jesús nos invita a seguirle aunque sabe que es largo y
empinado el camino que hemos de recorrer; nos dice que debemos escuchar
su Palabra para ser portadores de su Verdad y que nuestras palabras
deben proclamar el amor eterno de Dios por cada hombre y por cada mujer;
nos asegura que Él, que es la Vida, toma sobre sí nuestras
muertes, las de cada día y las del último día,
y siembra en ellas la semilla de una vida sin fin.
Si leemos
el lema de la Visita Pastoral: “Discípulos y misioneros,
caminemos con Cristo”, a la luz de nuestro texto bíblico,
debemos decir que es preciso que la mirada del discípulo y misionero
se dirija sólo a Cristo y al Padre celestial; que su corazón
no se ate a las apariencias y a las seducciones de este mundo; que camine
como peregrino, libre y desprendido, generoso y alegre, realmente vacío,
sabiendo que nunca está sólo porque hay una Presencia
divina y amorosa que lo acompaña siempre. ¡Esta es la espiritualidad
del camino que hemos impulsado durante estos años!
3.- Termino
citando a S. Agustín que nos ayuda a entender mejor las palabras
de Jesús: “¿Preguntas cuál es el camino?
Fíjate que el Señor dice en primer lugar: Yo soy el camino.
Antes de decirte a donde, te indica por donde (…) Primero dice
por donde has de ir, luego a donde has de ir. (El Señor) permaneciendo
junto al Padre, es verdad y vida; haciéndose hombre, se hizo
camino (…) ¡Levántate, perezoso! El camino en persona
vino a ti, te despertó del sueño, si es que ha llegado
a despertarte; levántate, pues, y camina”. (L. de
las H. II, p. 254).
Ahora, les
invito a decirle al Señor una breve oración en su corazón.
¿Cómo podemos responder al Señor? ¿Qué
nos hacen decir sus palabras de verdad y de vida? Nuestra oración
puede ser como la pregunta del apóstol Tomás: “Señor,
no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino?
O como la súplica del apóstol Felipe: “Señor,
muéstranos al Padre; eso nos basta”. También
podemos orar como el Papa lo hace por la V Conferencia de los obispos
latinoamericanos: “Señor Jesucristo, Camino, Verdad
y Vida, rostro humano de Dios y rostro divino del hombre (…) Ven
a nuestro encuentro (…) ¡Ven y envíanos!
San Luis Potosí, S.L.P.,
Mayo 4 de 2007.
+Luis
Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí.
