2006
SALUDO
DE NAVIDAD DEL ARZOBISPO DE SAN LUIS POTOSI.
La alegría se desborda en Navidad. Después de un año
de contrastes, tensiones, agresiones y confrontaciones que mantuvieron
a todo México en vilo, llega el tiempo de la Navidad y con él,
el gozo y el júbilo que traen una nueva atmósfera social
y familiar. Sí, es necesario alegrarnos porque han sido meses
duros, complejos, dramáticos los que hemos vivido.
Navidad nos ofrece una tregua, un paréntesis, para descansar
de las batallas sociales y políticas y reencontrarnos todos en
la alegría propia de este tiempo.
Pero, ¿de qué alegría se trata? ¿Cómo
es la alegría de Navidad? No es ciertamente la que despierta
la publicidad, las promociones, las baratas, los aguinaldos, el consumismo,
el placer, la droga, el alcohol; no es la que proviene de poseer bienes
materiales, de ser competente, productivo, exitoso, agradable, simpático.
La verdadera alegría es una bendición; tiene algo de divino,
de eterno; viene de lo alto. La verdadera alegría está
en las cosas simples y naturales de la existencia: la alegría
por la vida, el trabajo, la familia, la tierra y sus frutos, el sol,
la lluvia; la alegría honda y silenciosa por el cumplimiento
del deber, el descanso, la amistad, la serena convivencia, el amor;
la alegría del perdón, de la reconciliación, del
abrazo fraterno de paz.
Una condición necesaria para la alegría es vivir tranquilamente
en el presente. Hay que dejar que el pasado se quede en el pasado. “Hay
que sanar y purificar la memoria”, decía Juan Pablo II.
La curación profunda de la memoria es sin lugar a dudas el perdón.
Los Evangelios hablan de una gran alegría después de todo
perdón otorgado por Jesús.
La ruta de la felicidad es la Navidad. Por ella llegamos a la cima de
la alegría cristiana. Nos sentimos felices, nos regocijamos por
el nacimiento del Señor. En Nochebuena la alegría estalla
en los ángeles del cielo y en los pastores; estalla en el corazón
de los sencillos, de los humildes, de los creyentes. La alegría
de Navidad está toda ella concentrada en un Niño envuelto
en pañales y recostado en un pesebre; está concentrada
en María, Madre Virgen, causa de nuestra alegría.
Han llegado los días de la alegría navideña. ¡Regocijémonos
en el Señor! Tenemos algo más que un árbol de Navidad
en nuestra casa: tenemos al Niño Dios dentro de nuestro corazón.
De ahí nacen las palabras de Paul Claudel: “El cristiano
tiene un solo deber, el deber de ser feliz. No tenemos otro deber más
que la alegría”. Por lo tanto, a todos, a cada familia,
les deseo: ¡FELIZ Y SANTA FIESTA DE NAVIDAD 2006!
+Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí.
