2006
MENSAJE
A LOS FIELES DE LA PARROQUIA DE
SAN JOSE EN VILLA HIDALGO AL CELEBRAR
EL PRIMER CENTENARIO DE SU PARROQUIA
Muy
queridos hermanos y hermanas:
1.- Con mucha alegría y cariño vengo a acompañarles
en la celebración del primer centenario de su parroquia y a clausurar
el año jubilar que ustedes vivieron con gran fervor y provecho
espiritual.
Les invito a tener los mismos sentimientos de gratitud que la Virgen
Santísima expresa en su canto: “Proclama mi alma la
grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador
porque ha mirado la pequeñez de su esclava. Ha hecho grandes
cosas en mí el que todo lo puede. Santo es su nombre”.
Hoy celebramos el paso del Señor por estas tierras. El fue quien
guió la vida, el corazón y las manos de los que sembraron,
con amor e ilusión, el Evangelio en esta región, puerta
del altiplano potosino. En este desierto dio fruto la semilla del Evangelio.
Aquí se anunció a Jesucristo, con alegría y perseverancia.
En este desierto floreció la Iglesia. Por tal motivo, hoy cantamos
con María y como María nuestra gratitud al Dios de la
vida, de la historia, del amor; al Dios y Padre de Nuestro Señor
Jesucristo. ¡Grandes cosas has hecho en nuestra tierra, Señor;
grande es tu nombre y tu misericordia ha acompañado a cada generación
de nuestra tierra. Gracias, Señor, por tanto bien y tanto amor!
La historia nos dice que la parroquia de Villa Hidalgo, evangelizada
en sus orígenes por los Frailes Carmelitas, comenzó como
Vicaría Fija de la Parroquia de Armadillo, ya que este pueblo
pertenecía a Armadillo como simple estancia desde fines del siglo
XVI. Hacia el año 1711, este poblado tomó el nombre de
San José de Picachos encomendándolo al patrocinio del
Señor San José. Por el año 1803, se edificó
la primera capilla que luego fue sustituida por el actual templo. El
primer sacerdote, con el título de Vicario Fijo, que llegó
a este pueblo en abril de 1850, fue el Pbro. D. Miguel Bear.
Teniendo en cuenta el desarrollo poblacional de esta región y
la solidez y organización de la fe católica, el cuarto
Obispo de San Luis Potosí, D. Ignacio Montes de Oca y Obregón,
fundó esta parroquia por el decreto de fecha 28 de Agosto de
1906. Su primer párroco fue el Pbro. Homobono López, quien
desde 1902 ya se hacía cargo de la Vicaría. Cerca de diecinueve
sacerdotes, entre párrocos y vicarios, han cuidado esta comunidad
desde su fundación como parroquia. A todos los recordamos con
cariño. Reconocemos su obra evangelizadora y la siembra generosa
que hicieron del Evangelio, entre lágrimas y sudores, entre sufrimientos
y gozos pastorales, “entre las persecuciones del mundo y los
consuelos de Dios”, como dice S. Agustín. Todavía
viven los PP. Ignacio De la Mora, Antonio García, Samuel Jiménez,
Bernardo Méndez, Fernando De Santiago y nuestro actual y querido
párroco P. Alfonso Castro Gallardo.
2.- Al escuchar la Palabra de Dios que se ha proclamado, podemos encontrar
el amor de Dios, la ternura de Dios hacia la comunidad de creyentes
y su cuidado paternal que de ella tiene a lo largo de la historia; podemos
también encontrar los rasgos más luminosos de la comunidad
parroquial tal y como el Señor Jesucristo la quiso y la soñó.
Oigamos la bella expresión de Dios, en el profeta Isaías,
en la que manifiesta su amor de predilección que tiene por todos
los que creen en él. Podemos decir que es el amor que hoy y siempre
tendrá por ustedes, por esta comunidad parroquial que da gracias
por su primer centenario: “Los conduciré a mi monte
santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración.
Sus holocaustos y sacrificios serán gratos en mi altar, porque
mi casa será casa de oración para todos los pueblos”.
Ante estas palabras del Señor cabría preguntarnos este
día: ¿Nos hemos dejado conducir por los caminos por donde
Dios quiere llevarnos? ¿Nuestra parroquia ha sido dócil
a lo que el Espíritu del Señor le ha dicho y le dice hoy?
¿Encontramos alegría en participar en la Eucaristía,
supremo holocausto y sacrificio que es grato al Señor? ¿Es
nuestra parroquia una comunidad eucarística? ¿Hemos hecho
de nuestro templo una casa de oración y somos una comunidad creyente
y orante?
Por otro lado, el Apóstol S. Pedro, en su primera carta que escuchamos,
hace una vigorosa llamada a la unidad y a la santidad. La unidad de
los creyentes se hace en torno a Cristo que es “la piedra
angular” del “templo espiritual” en
cuya edificación todos vamos entrando como “piedras
vivas”. La imagen de la piedra nos habla de solidez y de
unidad. Como bautizados, nacimos a una vida nueva, todos somos un conjunto
de piedras vivientes en torno a Cristo resucitado, que es la piedra
fundamental y angular de la Iglesia, es la piedra más bella a
la que todos debemos estar unidos, y con él construir diariamente
la unidad entre nosotros. De aquí la exclamación de S.
Pedro: “Dichos ustedes los que han creído”.
Expresión que nos trae una feliz resonancia y semejanza con el
saludo de santa Isabel a la Virgen Santísima.
La unidad que el Señor Jesús soñó para su
Iglesia y por la cual oró al Padre en la última cena,
hace que S. Pedro haga un retrato hablado de la parroquia ideal: “Ustedes
son estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios
y pueblo de su propiedad, para que proclamen las obras maravillosas
de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”.
Este centenario, queridos hermanos, es una buena oportunidad para que
ustedes, como parroquia, se examinen sobre el amor y la unidad dentro
de la comunidad de creyentes en Cristo y sobre su esfuerzo por construir
la unidad en la comunidad humana de Villa Hidalgo.
Aquí quiero recordarles lo que el Papa Juan Pablo II pidió
a todas las parroquias de América Latina, en enero de 1999, cuando
visitó por cuarta vez a México: “La parroquia
es un lugar privilegiado en que los fieles pueden tener una experiencia
concreta de Iglesia (…) La parroquia debe renovarse continuamente,
partiendo del principio fundamental de que la parroquia tiene que seguir
siendo primariamente comunidad eucarística (…) Las parroquias
están llamadas a ser receptivas y solidarias (…) abiertas
a la diversidad de carismas (…) organizadas de modo comunitario
y responsable (…) atentas a la diversidad cultural de los habitantes”
(EIA, 41).
3.- Si los textos sagrados del libro del profeta Isaías y de
la primera carta de S. Pedro nos hablan de la elección amorosa
que Dios hizo de esta parroquia hace cien años, por otro lado,
el Señor Jesucristo en el Evangelio de hoy, nos propone el gran
compromiso de la misión que todos ustedes tienen como parroquia:
“Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, (…)
enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado y
sepan que yo estaré con ustedes todos los días hasta el
fin del mundo”.
Este mandato misionero de Cristo nos recuerda que, como bautizados y
confirmados, tenemos el deber de colaborar cada día con el mismo
Jesucristo en el anuncio del Evangelio, en la construcción de
un mundo más justo y solidario, salir al encuentro de los alejados,
indiferentes, incrédulos, de los que tienen sed de Dios y no
conocen su rostro y hasta de los malhechores, de los cuales todos somos
responsables para que la gracia de Cristo no sea estéril. Ustedes
están obligados a seguir el heroico ejemplo de quienes les antecedieron
en la misión evangelizadora de esta tierra.
El compromiso de la misión nos lleva a manifestar el amor misericordioso
de Jesucristo y su corazón compasivo por los más pobres
y necesitados que son los destinatarios privilegiados de la evangelización.
La misión nos urge, en un mundo lastimado por el mal, a vivir
y proponer el camino de Cristo, es decir, el camino de la dignidad humana
y la libertad, de la participación, la solidaridad y el servicio
a los demás. Claro que la misión también nos lleva
a seguir a Jesucristo por el camino de la cruz, ser misionero es morir
a nosotros mismos y dar la vida, recordando que “si el grano
de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere dará
mucho fruto” (Jn. 12,24). Tengan buen ánimo. No
olviden la promesa del Señor: “Sepan que yo estaré
con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.
4.- Déjenme terminar apropiándome el saludo del Papa a
América Latina al celebrar los 500 años de evangelización.
Este también es mi saludo de felicitación a ustedes al
celebrar estos cien años de parroquia. ¡Parroquia de San
José en Villa Hidalgo, felicidades por tu primer centenario!
“La fe es tu dicha, la fuente de tu alegría. Junto con
toda la Iglesia y con María, ustedes pueden decir que el Señor
ha puesto los ojos en la humildad de su sierva. ¡Sé fiel
a tu bautismo, reaviva en este Centenario la inmensa gracia recibida,
vuelve tu corazón y tu mirada al centro, al origen, a Aquel que
es fundamento de toda dicha, plenitud de todo! ¡Ábrete
a Cristo, acoge el Espíritu, para que en todas tus comunidades
tenga lugar un nuevo Pentecostés!” Parroquia de San José:
“El Señor pasa hoy a tu lado. Te llama. En esta hora de
gracia, pronuncia de nuevo tu nombre, renueva su alianza contigo. ¡Ojalá
escuches su voz, para que conozcas la dicha verdadera y plena, y entres
en su descanso”. ¡Muchas, muchas felicidades!
Villa Hidalgo, S.L.P., Agosto 28 de 2006.
+Luis
Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí
