2006
HOMILIA
EN LAS BODAS DE ORO SACERDOTALES DEL
P. JOSE SANTOS HERNANDEZ RENDON,
PARROCO DE SAN MARTIN DE PORRES,
EN SAN LUIS POTOSI.
1.-
FELICITACION.
Los fieles
de esta parroquia de San Marín de Porres y la Arquidiócesis
de San Luis Potosí hacemos fiesta en ocasión de las Bodas
de Oro Sacerdotales del Sr. Cura José Santos Hernández
Rendón a quien todos llamamos con el afectuoso nombre de “Padre
Santitos”. Esta manera de tratarlo revela el cariño que
fieles laicos y sacerdotes sentimos por él, debido a su carácter
bondadoso, respetuoso y servicial. Nuestra felicitación por este
venturoso día brota, pues, espontánea: ¡Muchas felicidades,
Padre Santitos!
Hemos venido a acompañarte en tu gozo y júbilo sacerdotal
por este feliz aniversario que Dios te concede celebrar, como gracia
muy especial. Tú bien sabes todo lo que esto significa, lo has
vivido en carne propia. No ha sido fácil perseverar, luchar,
obedecer, servir, desgastarte, dar la vida, amar, y orar por ti y por
el pueblo de Dios, a lo largo de 50 años, en circunstancias y
condiciones muy variadas, con estados de ánimo y de salud difíciles
y cambiantes, entre las tentaciones del mal y la gracia de Dios, sufriendo
críticas e indiferencias, viviendo unos días luminosos
pero otros grises y obscuros, en tu alma sacerdotal.
¡Muchas
felicidades Padre Santitos! Vive intensamente estos días porque
son bálsamo, gozo y descanso en tu larga y fecunda existencia
sacerdotal. El camino sigue y hay que renovar energías espirituales.
En este día, recita intensamente las palabras del salmista:
“¿Cómo pagaré al Señor todo el bien
que me ha hecho? Levantaré el cáliz de la salvación,
invocando su nombre”.
2.-
¿QUIEN ES EL SACERDOTE?
En esta fiesta
sacerdotal, es bueno que nos preguntemos, una vez más: ¿Quién
es el sacerdote? ¿Nos sentimos capaces de dar una respuesta espontánea,
creyente y acertada? A pesar de tantos años de conocer sacerdotes
y de ser sacerdotes, muchos podríamos titubear en la respuesta.
Una respuesta que sólo puede brotar de la fe, y de una fe vivida,
razonada y reflexionada. Para responder a esta pregunta, permítanme
que me apoye en la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció
en la Basílica de San Pedro, el Jueves Santo pasado, en la Misa
crismal.
Escuchamos,
hace un momento, en el Evangelio proclamado, unas palabras de Jesucristo
que la tradición de la Iglesia ha venido aplicando, sobre todo,
a los sacerdotes, y que el Padre Santitos, sin duda alguna, escuchó
el día de su ordenación sacerdotal y hoy ha escogido para
esta Misa: “Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les
mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace
su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo
lo que le he oído a mi Padre”. Con estas palabras,
Jesús mismo nos ofrece una respuesta luminosa a la pregunta sobre
el sacerdote: ¡El sacerdote es el amigo de Jesucristo! Amigo predilecto,
amigo cercano, amigo del que espera total fidelidad y amor incondicional.
A este respecto,
el Papa dice: “Ya no os llamo siervos, sino amigos: en estas
palabras se podría ver incluso la institución del sacerdocio.
El Señor nos hace sus amigos: nos encomienda todo; nos encomienda
a sí mismo, de forma que podamos hablar con su “yo”,
in persona Christi capitis. ¡Qué confianza! Verdaderamente
se ha puesto en nuestras manos. Ya no os llamo siervos sino amigos.
Este es el significado profundo del sacerdote: llegar a ser amigo de
Jesucristo. Por esta mistad debemos comprometernos cada día de
nuevo”.
“Ya
no os llamo siervos sino amigos. El núcleo del sacerdocio, sigue
diciendo el Papa, es ser amigos de Jesucristo. Sólo así
podemos hablar verdaderamente in persona Christi, aunque nuestra lejanía
interior de Cristo no puede poner en peligro la validez del Sacramento.
Ser amigo de Jesús, ser sacerdote significa, por tanto, ser hombre
de oración. La amistad con Jesús siempre es, por antonomasia,
amistad con los suyos. Sólo podemos ser amigos de Jesús
en la comunión con el Cristo entero, con la cabeza y el cuerpo;
en la frondosa vid de la Iglesia, animada por su Señor (…)
Ser sacerdote significa convertirse en amigo de Jesucristo, y esto cada
vez más con toda nuestra existencia. El mundo tiene necesidad
de Dios, no de un dios cualquiera, sino del Dios de Jesucristo, del
Dios que se hizo carne y sangre, que nos amó hasta morir por
nosotros, que resucitó y creó en sí mismo un espacio
para el hombre. Este Dios debe vivir en nosotros y nosotros en él.
Esta es nuestra vocación sacerdotal: sólo así nuestro
ministerio sacerdotal puede dar fruto”.
3.-
UNA HISTORIA DE AMISTAD.
Estos bellos
pensamientos del Papa iluminan la historia sacerdotal del P. José
Santos, como amigo de Jesucristo. Pienso que estos días él
hace una lectura de toda su vida como sacerdote, en clave de amistad
con Cristo. Todo sacerdote queda profundamente marcado por la declaración
de amistad que Cristo le hizo el día de su ordenación
sacerdotal. Esta luz lo acompaña siempre como faro inextinguible
hasta en las noches más obscuras de soledad, infidelidad, decepción
y fracaso. ¡“Ustedes son mis amigos”!
¿Cuál
es la historia personal y sacerdotal del P. Santitos? Es una historia
intensa y sencilla, servicial y fraterna, sacrificada, piadosa y fecunda.
El Sr. Cura
José Santos Hernández Rendón nació el 10
de noviembre de 1929 en La Labor, municipio de Cárdenas, S.L.P.
Sus papás fueron D. Juan y Dña. Hipólita. Realizó
sus estudios en el Seminario de esta Arquidiócesis. Recibió
el Presbiterado en
la Catedral de San Luis Potosí, de manos del Excmo. Sr. Obispo
Auxiliar, D. Jesús Alba Palacios. A lo largo de estos 50 años,
ha desempeñado los siguientes cargos: Subprefecto del Seminario
Menor, Vicario Cooperador de Río Verde, Párroco de Guadalcázar,
en 1962, Párroco de Real de Catorce, en 1987, Párroco
de Cerritos, en 1987. Desde 1995, es el Párroco de esta parroquia
de San Martín de Porres; parroquia pobre y humilde como su celestial
patrono. Aquí aman entrañablemente al Padre Santitos y
él les ha correspondido con lo mejor de su vida, con sus obras
espirituales y materiales, con su caridad y entrega incansables, sin
brillos ni oropeles humanos. Su obra sacerdotal está ante los
ojos de Dios y en el corazón de sus amados feligreses.
Un momento
luminoso de su obediencia sacerdotal fue la ocasión en que fungió
como párroco de Real de Catorce, un solo día, en aquel
lejano mes de mayo de 1987. Así lo cuenta él: “El
día que tomé posesión de Real de Catorce estaban
interviniendo quirúrgicamente al P. Ranulfo Mendoza, párroco
de Cerritos. Estando en la comida, después de la toma de posesión,
el P. Jesús De la Mora nos dijo que el caso del P.Ranulfo era
serio. Al día siguiente me fui a conocer la parroquia, acompañado
del P. Ramón Gómez. Al llegar a Estación Catorce,
se nos informó de la muerte del P. Ranulfo. Esa misma tarde nos
vino a buscar el P. Antonio Torres, párroco de Matehuala y Vicario
Episcopal de aquella zona pastoral. Ambos fuimos a verlo y mientras
tomábamos un refresco con él, nos dijo, por orden del
Sr.Arzobispo: ‘Ramón se queda en Real de Catorce y tú,
Santos, te vas de párroco a Cerritos’. ¡Así
de sencillo!¡Párroco por un solo día!”.
4.-
VOLVER AL MOMENTO PRIMORDIAL DEL SACERDOCIO.
Para que
los años no desgasten la gracia sacramental del sacerdote; para
que la rutina diaria no dañe el conmovedor misterio del sacerdocio,
es necesario volver al momento primordial del sacerdocio, volver al
manantial mismo, a la fuente que dio origen a ese río caudaloso
del sacerdocio que ha regado tantas vidas áridas, que ha fecundado
y consolado tantos corazones, aún sin saberlo, con la predicación
de la palabra y la celebración fervorosa y fiel de los sacramentos,
con la diaria y ferviente oración. Esto es lo que el Padre Santitos
hace en estos hermosos días de su jubileo de oro sacerdotal.
Sin duda que la imposición y la unción de sus manos, por
la que recibió al Espíritu Santo, es el momento más
impresionante e inolvidable que hoy recuerda con alegría.
Cada sacerdote
siente este momento misterioso y emotivo como un acontecimiento actual,
como un toque de la gracia divina que lo acompaña cada día.
“Con el gesto de la imposición de las manos, Jesucristo
tomó posesión de mí”, diciéndome:
Tú me perteneces”, nos enseña el Papa.
“Pero
con este gesto también me dijo: Tú estás bajo la
protección de mis manos. Tú estás bajo la protección
de mi corazón. Tú quedas custodiado en el hueco de mis
manos y precisamente así te encuentras dentro de la inmensidad
de mi amor. Permanece en el hueco de mis manos y dame las tuyas”.
“En
el gesto sacramental de la imposición de las manos por parte
del obispo, fue el mismo Señor quien nos impuso las manos (…)
Con gran bondad, nos tomó de la mano, nos atrajo hacia sí
y nos dijo: No temas. Yo estoy contigo. No te abandono. Y tú
no me abandones a mí. Volvamos a fijar nuestra mirada en él,
nos exhorta el Papa, y extendamos las manos hacia él. Dejemos
que su mano nos aferre; así no nos hundiremos, sino que nos pondremos
al servicio de la vida que es más fuerte que la muerte, y al
servicio del amor que es más fuerte que el odio”.
Hoy, el P.
Santitos corresponde a la imposición de las manos del Señor
y vuelve a poner sus manos consagradas a su disposición, pidiéndole
que lo tome siempre de la mano y lo guíe en el cumplimiento de
la gran tarea apostólica de cada día a favor de cada hombre
y mujer; así nunca perderá su identidad sacerdotal y mantendrá
la frescura y la novedad, la fuerza y el perfume de la unción
de sus manos sacerdotales.
4.-
CONCLUSION.
Quiero concluir
reiterándole al P. José Santos Hernández Rendón
la felicitación en nombre de la Arquidiócesis de San Luis
Potosí a la que ha servido generosa e incansablemente. Esta es
una felicitación que entraña también la gratitud
por toda la obra evangelizadora que ha venido realizando.
Padre Santitos:
que el Señor te recompense llenando tu corazón de aquel
gozo que inundó el corazón de la Virgen Santísima.
Proclama con María y como María: “Se alegra
mi espíritu en Dios, mi Salvador”. Sigue realizando
con alegría perenne, lleno de verdadera caridad, el ministerio
de Cristo, no buscando tu interés sino el de Cristo, y teniendo
siempre presente el ejemplo del Buen Pastor. Déjame que termine
proponiéndote esta bella oración de San Juan Damasceno.
Le hago un cambio. Pongo el nombre del Obispo de quien recibiste la
unción sacerdotal.
“Padre
Dios, me has llamado por medio de tu Obispo Jesús Alba
Palacios, al servicio de tus discípulos. Con qué
designio hayas hecho tal cosa, yo lo ignoro. Tú eres el único
que lo sabes.
Dios y
Señor, aligera la pesada carga de mis pecados, con los que te
he ofendido gravemente; purifica mi mente y mi corazón.
Sé
para mí como una lámpara encendida que me guíe
por el camino recto. Abre mi boca para que hable rectamente. Haz que
la lengua de fuego de tu Espíritu me conceda un lenguaje claro
y expedito, de modo que tu presencia nunca me abandone.
Apaciéntame,
Señor Jesús, y haz tú de Pastor junto conmigo,
para que mi corazón no me desvíe a derecha o izquierda,
sino que tu Espíritu bueno me guíe por el camino recto
y, así, mis obras sean hechas conforme a tu voluntad, hasta el
último momento. Amén”.
San Luis Potosí, S. L. P., Mayo 26 de 2006.
+Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí.
