2005

HOMILIA DE APERTURA DEL ENCUENTRO NACIONAL DE
PASTORAL SOCIAL-CARITAS

1. INTRODUCCION.

En el primer día de este Encuentro Nacional de Pastoral Social-Cáritas, nos reunimos en torno al altar del Señor para pedirle que nos conceda el espíritu de inteligencia, de verdad y de paz; le pedimos la presencia de su Hijo para escucharlo como Maestro y seguirlo con fidelidad; le pedimos que nos conceda comprender con claridad y proclamar con valor lo que es justo y grato a sus ojos; y le imploramos el don de fortaleza para dar razón de nuestra fe y nuestra esperanza en todas partes.

El amor de Cristo y el amor a nuestro país nos han congregado aquí. Que sea este amor, iluminado por la verdad, lo que guíe y aliente los trabajos de este Encuentro para alcanzar el objetivo que se proponen: “Propiciar desde la Pastoral Social-Cáritas procesos de participación ciudadana para responder a los desafíos de la realidad mexicana, desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia”.

2. “SEÑOR, QUE VEA”. (Lc 18, 35-43).

El Evangelio proclamado nos invita a contemplar a Cristo en Jericó. En Jericó suceden eventos de particular relevancia. Allí encontramos un doble testimonio de que Jesús es quien trae la salvación al mundo: “Tu fe te ha salvado”, le dirá Jesús al ciego; mientras que a Zaqueo dirá: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” .

Con la curación del ciego de Jericó se cumple la profecía de Isaías: Jesús es el profeta ungido para dar la vista a los ciegos y que hace realidad el tiempo de gracia, pues el ciego no sólo recibe una curación física sino también espiritual. Ha visto la salvación: “Tu fe te ha salvado”.

El ciego se encuentra entre los que están siempre a la orilla del camino, entre aquellos que no pueden pagar cuando se les hace un bien. Todo ciego está despojado, vive en las plazas, en las calles o a lo largo del camino, y está dispuesto a recibir la propuesta del Señor, pues forma parte de aquellos a quienes se les anuncia con preferencia el Evangelio. En nuestro texto, el ciego aparece como un indigente excluido. Es un mendigo que está sentado junto al camino. Es prototipo del pobre. Después, será prototipo del guía: puesto que sus ojos verán y se pondrá en camino siguiendo a Jesús.

El oído del ciego es agudo y pregunta que es aquello. También el oído de Jesús es agudo. Oye el clamor del pobre y necesitado entre una multitud de voces y de ruidos: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”. Este es el grito del afligido cuya única esperanza es el Señor. Es un grito con toda la carga del dolor y de la desolación, el grito de quien no tiene el menor apoyo ni la menor manera de obtener lo que pide. Lo que suplica, lo espera como una gracia total. Y Jesús se detiene, no es indiferente, manda que se lo traigan y le hace la oferta de la salvación: “¿Qué quieres que haga por ti?” “Señor, que vea”, le responde el ciego. Jesús abre un diálogo marcado por la generosidad y la compasión como signo de todas sus respuestas a los anhelos más profundos de todo hombre y mujer.

3. UNA PARABOLA MODERNA SOBRE LA CEGUERA.

Hace tiempo cayó en mis manos una parábola sobre la ceguera de hoy. “Un hombre parado ante un semáforo en rojo se queda ciego súbitamente. Es el primer caso de una ceguera blanca que se expande de manera fulminante. Internados en cuarentena o perdidos en la ciudad, los ciegos tendrán que enfrentarse con lo que existe de más primitivo de la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio. Finalmente, todos recuperan la vista cuando comienzan a compartir gestos de solidaridad entre ellos y se dan cuenta que no son ciegos de ojos sino ciegos de sentimientos fraternos”.

Esta parábola moderna, es un fuerte llamado sobre la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron. Se nos presenta una imagen aterradora y conmovedora de los tiempos sombríos que estamos viviendo en el umbral de un nuevo milenio, en esta época llamada de la postmodernidad. Es la ceguera, como contagio y como elocuente signo de la indiferencia, insensibilidad y egoísmo, que a todos nos enferma. En un mundo así, es necesario preguntarse: ¿Cabrá alguna esperanza? Esta parábola es una invitación a detenerse, a abrir bien los ojos y ver la realidad; recuperar la lucidez, el amor fraterno y la solidaridad para mirar el rostro de los demás y el de los más necesitados, como Jesús, el “hijo de David”. Es una reflexión sobre la ética del amor y la solidaridad, del deseo de ser profundamente humano y fraterno para darse uno mismo a los demás.

Este milagro del ciego de Jericó y los ciegos de esa moderna parábola son una radiografía de la humanidad y un desafío para todos nosotros los católicos a fin de no ser guías ciegos, un desafío a todos nosotros católicos para ver la realidad, como se lo propone este Encuentro Nacional, con los ojos de Jesús, y dejarse iluminar por su luz; para sentir claramente la responsabilidad de tener ojos iluminados por la verdad, la justicia y la solidaridad. Tener ojos así cuando otros los perdieron. Ser una esperanza de amor en un mundo insolidario, roto por el odio y el individualismo, descubriendo los desafíos de la realidad para transformarla, siguiendo fielmente a Jesús. Que de los frutos de su trabajo en la Pastoral Social y en Cáritas se pueda decir, como se dijo de Jesús: “Los ciegos ven, los cojos andan y es a los pobres a los que se anuncia la buena noticia”.

4. VER CON OJOS DE FE.

Permítanme invitarles a ver, con ojos de fe, los desafíos de la realidad de México y las oportunidades que nos ofrecen, siguiendo la mirada del Papa Benedicto XVI en su alocución al segundo grupo de Obispos mexicanos en visita ad Limina, en la que nos hizo un serio cuestionamiento a los Pastores y católicos de México: “Sigue siendo motivo de gran preocupación, nos decía el Papa, que en algunos ambientes, por el afán de poder, se hayan deteriorado las sanas formas de convivencia y la gestión de la cosa pública, y se hayan incrementado, además, los fenómenos de la corrupción, impunidad, infiltración del narcotráfico y del crimen organizado. Todo esto lleva a diversas formas de violencia, indiferencia y desprecio del valor inviolable de la vida. A este respecto, en la Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in América se denuncian claramente los pecados sociales de nuestra época, los cuales ponen de manifiesto una profunda crisis debido a la pérdida del sentido de Dios y a la ausencia de los principios morales que deben regir la vida de todo hombre. Sin una referencia moral se cae en un afán ilimitado de riqueza y poder, que ofusca toda visión evangélica de la realidad social”.

También destaca la responsabilidad de los católicos por estos males diciendo: “Muchos bautizados influenciados por diferentes pensamientos y costumbres son indiferentes a los valores del Evangelio e incluso se ven inducidos a comportamientos contrarios a la visión cristiana de la vida”. Por ello, el mismo Papa insta a los Pastores y católicos de México a revisar “nuestras mentalidades, actitudes y conductas, y ampliar nuestros horizontes, comprometiéndonos a compartir y trabajar con entusiasmo para responder a los grandes interrogantes del hombre de hoy”.

Por aquí va el propósito de este Encuentro Nacional y estoy seguro que, con la ayuda de Dios, se alcanzará satisfactoriamente; es ya una respuesta clara y comprometida a la preocupación y llamado del Papa.

5. COMPROMETERSE POR EL BIEN.

No cabe duda que la complejidad de los desafíos que nos plantea la realidad mexicana puede provocar la tentación de la impotencia y del pesimismo. Permítanme alentarles citando un pensamiento del recordado Papa Juan Pablo II en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año: “Ante tantos dramas como afligen al mundo, los cristianos confiesan con humilde confianza que sólo Dios da al hombre y a los pueblos la posibilidad de superar el mal para alcanzar el bien. Con su muerte y resurrección, Cristo nos ha redimido y rescatado pagando un precio muy alto, obteniendo la salvación para todos. Por tanto, con su ayuda todos pueden vencer al mal con el bien. Con la certeza de que el mal no prevalecerá, el cristiano cultiva una esperanza indómita que lo ayuda a promover la justicia y la paz. A pesar de los pecados personales y sociales que condicionan la actuación humana, la esperanza da siempre nuevo impulso al compromiso por la justicia y la paz, junto con una firme confianza en la posibilidad de construir un mundo mejor”.

Pido al Señor, que este sea el espíritu que aliente los trabajos y deliberaciones de este Encuentro Nacional de Pastoral Social-Cáritas que encomendamos a su amor y a su gracia.

San Luis Potosí, S.L.P, 3 de octubre de 2005.


+LUIS MORALES REYES
Arzobispo de San Luis Potosí