2005
HOMILIA:
JORNADA EUCARISTICA PARA SACERDOTES,
DIACONOS Y SEMINARISTAS
“QUEDATE CON NOSOTROS, SEÑOR”
1.
Exhortación: “Contemplar, alabar, adorar”
+ Juan Pablo
II: “Que el Año de la Eucaristía sea para todos
una excelente ocasión para tomar conciencia del tesoro incomparable
que Cristo ha confiado a su Iglesia. Que sea estímulo para celebrar
la Eucaristía con mayor vitalidad y fervor, y que ello se traduzca
en una vida cristiana transformada por el amor”. (MND, 29)
“Vosotros, sacerdotes, que repetís cada día
las palabras de la consagración y sois testigos y anunciadores
del gran milagro de amor que se realiza en vuestras manos, dejaos interpelar
por la gracia de este Año especial, celebrando cada día
la Santa Misa con la alegría y el fervor de la primera vez, y
haciendo oración frecuentemente ante el Sagrario”. (MND,
30)
“Me dirijo en particular a vosotros, futuros sacerdotes: en
la vida del Seminario tratad de experimentar la delicia, no sólo
de participar cada día en la Santa Misa, sino también
de dialogar reposadamente con Jesús Eucaristía”.
(MND, 30)
“Postrémonos largo rato ante Jesús presente
en la Eucaristía, reparando con nuestra fe y nuestro amor los
descuidos, los olvidos e incluso los ultrajes que nuestro Salvador padece
en tantas partes del mundo. Profundicemos nuestra contemplación
personal y comunitaria en la adoración, con la ayuda de reflexiones
y plegarias centradas siempre en la Palabra de Dios y en la experiencia
de tantos místicos antiguos y recientes”. (MND, 18)
“Si la Eucaristía es centro y cumbre de la vida de
la Iglesia, también lo es del ministerio sacerdotal. Por eso,
con ánimo agradecido a Jesucristo, nuestro Señor, reitero
que la Eucaristía ‘es la principal y central razón
de ser del sacramento del sacerdocio, nacido efectivamente en el momento
de la institución de la Eucaristía y a la vez que ella’.
De este modo, el sacerdote será capaz de sobreponerse cada día
a toda tensión dispersiva, encontrando en el Sacrificio eucarístico,
verdadero centro de su vida y de su ministerio, la energía espiritual
necesaria para afrontar los diversos quehaceres pastorales. Cada jornada
será así verdaderamente eucarística”.
(E. de E., 31)
“Este pensamiento nos lleva a sentimientos de gran asombro
y gratitud. El acontecimiento pascual y la Eucaristía que lo
actualiza a lo largo de los siglos tienen una ‘capacidad’
verdaderamente enorme, en la que entra toda la historia como destinataria
de la gracia de la redención. Este asombro ha de inundar siempre
a la Iglesia, reunida en la celebración eucarística. Pero,
de modo especial, debe acompañar al ministro de la Eucaristía.
En efecto, es él quien, gracias a la facultad concedida por el
sacramento del Orden sacerdotal, realiza la consagración. Con
la potestad que le viene del Cristo del Cenáculo, dice: ‘Esto
es mi cuerpo, que será entregado por vosotros... Éste
es el cáliz de mi sangre, que será derramada por vosotros’.
El sacerdote pronuncia estas palabras o, más bien, pone su boca
y su voz a disposición de Aquél que las pronunció
en el Cenáculo y quiso que fueran repetidas de generación
en generación por todos los que en la Iglesia participan ministerialmente
de su sacerdocio”. (E. de E., 5)
+ Palabra de Dios:
- “Hermanos:
Yo recibí del Señor lo mismo que les he transmitido: que
el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó
pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió
y dijo: ‘Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan
esto en memoria mía’. Lo mismo hizo con el cáliz,
después de cenar, diciendo: ‘Este cáliz es la nueva
alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía
siempre que beban de él’. Por eso, cada vez que ustedes
comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte
del Señor, hasta que vuelva”. (1Cor. 11,23-26)
- “Denles
ustedes de comer” (Lc. 9,12)
2.
Reflexión
+ Todos los
aspectos de la Eucaristía confluyen en lo que más pone
a prueba nuestra fe: el misterio de la presencia real.
+ La fe nos
pide que, ante la Eucaristía, seamos conscientes de que estamos
ante Cristo mismo.
+ La Eucaristía
es misterio de presencia.
+ Dos testimonios
de fe:
1°. Pierre
Theilhard de Chardin: “Cuando el sacerdote pronuncia las palabras:
‘Esto es mi Cuerpo’; la palabra cae directamente sobre el
pan, y directamente lo transforma en la realidad individual de Cristo.
Pero la gran acción sacramental no se detiene en este hecho...
Mi Dios, cuando me acercaré al altar, haz que yo comprenda, de
ahora en adelante, las infinitas perspectivas escondidas bajo la pequeñez
y la cercanía de la hostia en la cual Tú Te escondes”.
2°. Charles
Péguy: “Jesús está presente entre nosotros
como al principio y más que al principio. Sus palabras tienen
el sabor de la primavera y el sonido de un canto de victoria. La presencia
eucarística de Cristo transfigura la realidad. Está presente.
Presente como el primer día. Presente entre nosotros como el
día de su muerte. Está presente entre nosotros todos los
días de su eternidad (...) Una parroquia brilla con un resplandor
eterno. Pero todas las parroquias brillan eternamente porque en todas
las parroquias está el Cuerpo de Cristo (...) Todos los poblados
resplandecen ante Dios, todos los poblados son cristianos bajo la mirada
de Dios”.
+ El banquete
de la Eucaristía es nuestra esperanza y nuestra audacia apostólica.
+ La Eucaristía
hace que nuestros pasos perdidos por los caminos del mundo se conviertan
en una diaria peregrinación hacia el corazón de Dios.
Así, todo tiene un nuevo sentido. La pequeña hostia blanca
es una inmensidad de misterio y de amor ¡Mysterium fidei! Misterio
que supera nuestro pensamiento y puede ser acogido sólo
en la fe.
+ “El
pan y el vino han dejado de existir después de la consagración,
de suerte que el Cuerpo y la Sangre adorables de Cristo Jesús
son los que están realmente delante de nosotros”, decía
Pablo VI.
3.
Compromisos que manan de la Eucaristía
+ Los propone
nuestro Plan de Pastoral: Iglesia comunitaria, Iglesia misionera, Iglesia
solidaria. (nn. 121 y 122)
+ Los confirma Juan Pablo II en la Carta Apostólica "Mane
Nobiscum Domine".
- Un solo
pan, un solo cuerpo. "La Eucaristía es fuente de la
unidad eclesial y, a la vez, su máxima manifestación.
Es comunión fraterna, cultivada por una espiritualidad de comunión
que nos mueve a sentimientos recíprocos de apertura, afecto,
comprensión y perdón. Un solo corazón y una sola
alma” (nn. 21 y 22). S. Pablo a los Corintios: “El
pan es uno y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo
cuerpo, porque todos comemos del mismo pan”.
Iglesia comunitaria
- “La
Eucaristía no sólo proporciona la fuerza interior para
la misión, sino también, en cierto sentido, su
proyecto. La Eucaristía es un modo de ser que pasa de Jesús
al cristiano y, por su testimonio, tiende a irradiarse en la sociedad
y en la cultura”.(n. 25)
Iglesia misionera
- “La
Eucaristía no sólo es expresión de comunión
en la vida de la Iglesia; es también proyecto de solidaridad
para toda la humanidad. El cristiano que participa en la Eucaristía
aprende de ella a ser promotor de comunión, de paz y de solidaridad
en todas las circunstancias de la vida”. (n. 27)
Iglesia solidaria
San Luis Potosí, S.L.P., 31 de octubre de 2005.
+ LUIS MORALES REYES
Arzobispo de San Luis Potosí
