2004
HOMILÍA
EN LA EUCARISTÍA DEL 75º. ANIVERSARIO DE LA FUNDACION
DE LAS RELIGIOSAS DE LA CRUZ DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS,
EN SAN LUIS POTOSÍ
1.- Felicidades,
en nombre de la Arquidiócesis de San Luis Potosí. Esta
se goza al unirse a la acción de gracias de ustedes, queridas
Religiosas de la Cruz, por este feliz aniversario. Nació este
convento cuando la Iglesia potosina celebraba su 75 aniversario. Son
dos historias que discurren hermanadas y mutuamente enriquecidas. Y
ahora, nuestro Año Jubilar fue su año jubilar, nuestra
celebración es gozosamente anticipada por su celebración.
2.- D. Miguel
M. De la Mora motivó la fundación con un entrañable
y hondo sentimiento de amor al Espíritu Santo y con un grande
aprecio por esta Congregación, diciendo: “Teniendo
en cuenta que las obras llamadas de la Cruz, de la cual forma parte
la referida Congregación, están especialmente bajo la
sombra bendita del Espíritu Santo, a quien tenemos consagrada
nuestra Diócesi y con quien estamos profundamente agradecido
por la poderosa protección y favores que a la misma diócesi
dispensa y de quien deseamos reine entre nosotros con las obras que
le pertenecen...”.
3.- El momento
del nacimiento de este convento es de espiritualidad martirial. La persecución
religiosa fecundó y fertilizó esta fundación con
la sangre de los mártires mexicanos y con el dolor del corazón
de todos los católicos, encabezados por sus heroicos sacerdotes
y obispos. Sólo la audacia espiritual de los Venerables Siervos
de Dios Concepción Cabrera y Félix de Jesús Rougier,
el de las religiosas fundadoras y el del gran Obispo D. Miguel M. De
la Mora cristalizó esta obra en tiempos de turbulencia social
y religiosa. ¡Nació del
corazón de Dios! ¡Nació del corazón sagrado
de Jesús! ¡Nació del corazón atribulado,
pero fuerte y fiel, de la Iglesia en México!
4.- El día
histórico del nacimiento de este monasterio fue emotivo. Aquella
mañana de su fundación, 26 de Agosto de 1929, los protagonistas
fueron, además del Sr. Obispo D. Miguel M. De la Mora, el P.
Pablo Guzmán M.Sp.S., la R.M. Superiora General M. Manuela Cacho
y las 9 fundadoras: María Teresa de Jesús, María
del Divino Corazón, María Catalina de Jesús, Concepción
de la Cruz, María del Carmen de la Cruz, Herminia de la Cruz,
María del Niño Jesús, Consuelo de la Eucaristía,
María Luisa de la Cruz. Todas ellas eran religiosas que estaban
presas en las Islas Marías y fueron puestas en libertad, con
otras hermanas religiosas, cuando se firmaron los acuerdos entre la
Iglesia y el Estado para dar fin al conflicto religioso en México,
el 21 de Junio de 1929. Sus nombres se escribieron en la primera Cruz
del Apostolado, en la Hacienda de Jesús María, por la
tarde de la fundación de este convento, al realizar una peregrinación.
“Dios quiso que, con este grupo de hermanas probadas en el sufrimiento
y maduras en la virtud, se realizara la fundación de un Oasis
en la cuna de las Obras de la Cruz”.
“Después
de rezar el rosario con misterios cantados, el Sr. Obispo De
la Mora, dirigiéndose en particular a las hermanas fundadoras,
dijo que estaban obligadas a ser cien veces más santas que todas
sus hermanas en religión, por la predilección del Señor
en haberlas escogido para esta fundación que bien sabían
que ésta es la casa predilecta del Espíritu Santo”.
5.- La historia
de este convento es la historia de la benevolencia de Dios. Es la inefable
historia de las maravillas que hace entre nosotros. Historia de amor
y oración, de gracia santidad, que llevan a entonar un canto
agradecido con María y como María en su singular Magnificat.
Un sentido canto de acción de gracias, queridas religiosas de
la Cruz, que les lleve a renovar su carisma, a reconocer siempre los
beneficios del amor paternal de Dios, a utilizar todo para su gloria,
a implorar cada día la fortaleza y alegría de Dios para
seguir sirviéndolo con renovado entusiasmo. Con el autor del
libro de las Crónicas, están invitas a cantar este día:
“¡Dad gracias a Yahvé, aclamad su nombre, divulgad
entre los pueblos sus hazañas¡ ¡Cantadle, salmodiad
para él, sus maravillas todas recitad! ¡Postraos ante Yahvé
en su atrio sagrado! ¡Conmuévase ante Él toda la
tierra!”.
6.- Permítanme
compartirles unos pensamientos de la Iglesia sobre la vida consagrada
contemplativa que sin duda tienen su apoyo en las preciosas palabras
de Jesús, en la última cena, y en aquellas otras de San
Juan en su primera carta. Lecturas que ustedes eligieron para este feliz
aniversario y que se hacen una concreta y específica palabra
de Dios para cada una.
Dice Jesús:
“La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y
así seréis mis discípulos. Como el Padre me ama,
yo también os he amado a vosotros, permaneced en mi amor (...)
Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro
gozo sea colmado (...) Yo os he elegido a vosotros (...) A vosotros
os he llamado amigos”.
¿No
es acaso esto lo que la Iglesia dice, cuando habla de las monjas de
clausura? Ellas permanecen siempre con Cristo en el monte santo de la
transfiguración, fijan la mirada en Jesucristo, envueltas por
la nube de la presencia divina, y se adhieren plenamente al Señor.
La antigua
tradición espiritual de la Iglesia une expresamente la vida contemplativa
a la oración de Jesús en la montaña, en un sitio
solitario, no accesible a todos, sino sólo a aquellas a las que
él llama consigo, en lugar apartado. “Yo os he
elegido... permanezcan en mi amor... vosotros sois mi amigos”.
La celda
solitaria y el claustro cerrado son el lugar donde la monja, esposa
del Verbo Encarnado, vive plenamente recogida con Cristo en Dios, escucha
al Hijo y se deja conformar con su vida, hasta la suprema oblación
al Padre como una alabanza a su gloria.
7.- Toda
esta experiencia de encuentro con Jesucristo lleva a las religiosas
de clausura a decir, con toda verdad, a cuantos quieran escucharlas:
“Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios
ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la palabra
de vida os lo manifestamos”. Este vivencial testimonio
del Discípulo predilecto es también el testimonio de ustedes
a este mundo necesitado de Dios, de su cercanía y de su amor
incondicional por todo hombre y mujer. “Los hombres de
nuestro tiempo, dice el Papa, piden a los creyentes
de hoy no sólo hablar de Cristo, sino en cierto modo hacérselo
ver; y hacer resplandecer también su rostro ante las generaciones
del nuevo milenio”.
La clausura
es un espacio inigualable para oír, ver, contemplar y
tocar al Señor. Es una luminosa experiencia para compartir
el anonadamiento de Cristo mediante una pobreza radical que se manifiesta
en la renuncia no sólo de las cosas, sino también del
espacio, de los contactos externos, de tantos bienes de la creación,
uniéndose al silencio fecundo del Verbo en la cruz.
La clausura
es una respuesta de amor para permanecer en el sagrario y en la adoración
perpetua, donde se ve y se oye al Señor, en plena comunión
de amor con Él, recogiendo la vida personal y la del mundo entero
para ofrecerla continuamente al Padre.
8.- Felicidades,
queridas religiosas de la Cruz, porque con su vida de clausura nos ayudan
a descubrir el corazón de Cristo que sigue derramando, en el
corazón de los hombres, su amor y el del Padre.
Gracias,
porque por medio de la clausura y la contemplación, ustedes llevan
a cabo el éxodo del mundo para encontrar a Dios en la soledad
del “desierto claustral”, que comprende la soledad interior
y las pruebas del espíritu, compartiendo la soledad de Jesús
en el Getsemaní y su sufrimiento redentor en la cruz.
Felicidades,
porque su contemplación es la bienaventuranzas de los puros de
corazón. “¡Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios!”, dice el Señor.
El corazón puro es el espejo límpido de la interioridad
de la persona, purificada y unificada en el amor, unificada en la tensión
y atención amorosa hacia Dios.
Gracias,
porque su monasterio, plantado hace 75 años en la noble y fecunda
tierra de esta queridísima Iglesia potosina, es un don de Dios,
manifiesta el rostro orante de esta Iglesia particular, la acompaña
en las duras batallas por el Reino de Dios y es, por la oración
nocturna, como centinela que vigila en la noche esperando, día
tras día, un nuevo amanecer evangelizador. Por medio de su continua
oración conventual, la Iglesia de San Luis Potosí gime
y suplica, con el Espíritu Santo, por las necesidades de toda
la comunidad potosina y eleva sin descanso la acción de gracias
por la vida divina que cada día el Señor nos regala.
Felicidades,
porque “así como María, con su presencia
orante en el Cenáculo, custodió en su corazón los
orígenes de la Iglesia, así al corazón y a las
manos juntas de ustedes, religiosas de clausura, se confía el
camino de la Iglesia”.
Que María,
la Virgen fiel y morada consagrada a Dios, cuide y proteja su convento
y todos los conventos de las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón
de Jesús. Que la Madre del Señor y Madre nuestra alcance
para este monasterio abundantes bendiciones, larga vida y santas vocaciones.
¡Muchas, muchas felicidades”.
+Luis
Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí.
San Luis
Potosí, S.L.P., Agosto 27 de 2004.
