2004
HOMILIA
EN LA EUCARISTIA DE APERTURA DE DECIMOCTAVA ASAMBLEA DIOCESANA DE PASTORAL
1.- Con la
inmensa alegría que le está dando el Año Jubilar
a nuestra Iglesia Potosina, les doy a todos, hermanos y hermanas asambleístas,
mi fraterna bienvenida a esta Decimoctava Asamblea Diocesana de Pastoral
que tiene un estimulante lema: ¡Caminemos con Cristo,
anunciando su Evangelio! Este lema ha marcado la Visita Pastoral,
dándole un temple y talante peculiar, es decir, le ha dado aquella
“espiritualidad del camino” de la que hablamos
en nuestro Plan de Pastoral. Pero éste no es un caminar sin sentido,
sino que todo él es un esfuerzo cotidiano para anunciar el Evangelio
de Jesucristo a un mundo potosino necesitado de su palabra que es luz,
vida plena y libertad.
A esta Asamblea
Diocesana la podemos llamar “Asamblea Jubilar”,
ya que se encuentra enmarcada en este tiempo de Dios que iniciamos hace
más de cuatro meses para alegrarnos, dar gracias y pedir perdón
en ocasión de los 150 años de nuestra Iglesia potosina.
Que esta Asamblea sea un momento de intenso gozo por el don de ser Diócesis
pero también, al ser la última asamblea de la segunda
etapa del PDP, sea también plataforma que nos lance, con nuevo
ardor y renovado espíritu evangelizador, hacia nuevas tareas
misioneras en los años por venir. Gracias a todos por estos días
que regalan para el bien pastoral de nuestra Arquidiócesis.
Aquí
está, justamente, el objetivo central que nos ocupará
estos días: “acrecentar el sentido misionero de todos
los agentes comprometidos: sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas
y laicos, para que la buena nueva del Evangelio llegue, efectivamente,
a todos los ambientes de nuestra diócesis, especialmente a los
pobres y alejados”.
2.- La figura
de Jesús y su manera de enseñar, que nos ofrece el Evangelio
proclamado, arroja mucha luz sobre el propósito de nuestra Asamblea.
“Jesús
entra en Cafarnaúm”. Allí cura a un hombre poseído
por un espíritu inmundo. Nos encontramos ante la inauguración
del ministerio de Jesús. Él es el hombre más fuerte
que nos viene a rescatar de la fuerte mano que nos oprime.
“Jesús
entra en Cafarnaúm” y el demonio sale del hombre.
Su llegada marca la salida de los espíritus inmundos, marca el
fin de los que se oponen a Dios. El espíritu inmundo aparentemente
es uno pero en realidad son muchos puesto que dice: ¿Qué
quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? Ante los
muchos espíritu inmundos, Jesús nos trae un mensaje nuevo:
es posibles ser hombres libres, desposeídos del pecado, señores
de nuestro destino, hermanos de los demás y solidarios con el
que sufre; por su mensaje, amanece una alborada nueva para todo hombre
y mujer, sometidos, hasta la llegada de Cristo, a la ley del mal.
“Todos
quedaban maravillados de su enseñanza”. Jesús
no es sencillamente un taumaturgo, sino que sus milagros están
vinculados a su enseñanza, la cual tiene la irresistible fuerza
de la autoridad. Su enseñanza no es como la de los escribas.
Él habla con autoridad puesto que todo le ha sido entregado por
su Padre. Y con la autoridad que ha recibido, sobre cielo y tierra,
enviará a sus discípulos a enseñar a todos los
pueblos cuanto él les ha instruido.
La autoridad
se gana a pulso, se merece, se goza. Tener autoridad supone tener carisma.
Este era el punto fuerte de Jesús, quien renunció a todo
poder para sí y los suyos. Cuando, en más de una ocasión,
sus enemigos le increpaban: ¿con qué autoridad haces
esto?, él les remitía al testimonio de sus obras.
Ellas probaban sobradamente su identidad mesiánica, que sus adversarios
no querían reconocer, cegados por la idea de un mesías
poderoso. Pero las obras de Jesús no son actos de fuerza avasalladora,
sino servicio humilde a la liberación de los pobres, de los enfermos
y de los esclavos del pecado; a la liberación de los demonios
del tener, del poder, del egoísmo y la soberbia, de la insolidaridad
y del desamor.
“Y
muy pronto se extendió su fama por toda Galilea”. Alguien
comenta esta frase diciendo: “Como a un incendio que se propaga
por la hierba seca, asistimos al abrasamiento de toda Galilea”.
La noticia sobre Jesús salió en todas direcciones. Esta
es la noticia que conduce a la salvación. Una noticia que necesita
ser divulgada a fin de que todos los hombres y mujeres conozcan al Señor
y puedan invocarlo, pues él quiere que todos los hombres se salven
y lleguen al conocimiento de la verdad. Es la noticia de que Jesús
ha entrado a nuestro mundo y requiere apóstoles y enviados. A
esta urgencia respondemos nosotros con nuestra lema de Asamblea: ¡“Caminemos
con Cristo, anunciando su Evangelio”! Queremos que en cada
uno de nosotros, caminando con Cristo evangelizador, se realice la profecía
de Isaías: “Qué hermosos son los pies de los
que anuncian buenas noticias”.
3.- Por tal
motivo, queridos hermanos y hermanas, dispongámonos a crecer
en espíritu misionero y evangelizador en esta Asamblea. Vayamos
tras las huellas del Jesucristo, Evangelio del Padre. Seamos una Iglesia
decididamente misionera. Oigamos aquél pregón de los tiempos
en que elaboramos la segunda etapa del PDP: “Iglesia potosina,
lánzate a la misión”, que nos llevó
a marcar su rostro con el rasgo luminoso de “Iglesia misionera”.
Recordemos el reto pastoral que nos propusimos en el no. 191 del PDP:
“Salir en busca de los grupos humanos más alejados
y necesitados, para sembrar la semilla de la Buena Nueva, Palabra de
vida, no sólo en el sentido religioso cultual sino promoviendo
un verdadero encuentro con Cristo vivo, que dé sentido a la vida
de cada hombre y mujer e impregne de tal forma sus ambientes que los
jóvenes y las familias sean destinatarios y agentes de la misión”.
La esperanza
cristiana nos sostiene en nuestro compromiso a fondo para la misión
y nos lleva a pedir, como Jesús nos ha enseñado: “Padre,
venga tu Reino”. No podemos permanecer tranquilos cuando
miles de hermanos y hermanas nuestros potosinos se han alejado o nunca
han escuchado el mensaje claro y transformador del Evangelio.
Ojalá,
también en nuestra querida Arquidiócesis, se haga realidad
el sueño de Juan Pablo II: “Veo amanecer una nueva
época misionera que llegará a ser un día radiante
y rica en frutos, si todos los cristianos responden con generosidad
y santidad a las necesidades y desafíos de nuestro tiempo”
(RM, 92).
Contemplando,
una vez más, a Jesús que entra en Cafarnaúm e inaugura
su ministerio con la curación de un endemoniado, como nos lo
propuso el Evangelio proclamado, vivamos en esta Asamblea y en la ya
próxima Gran Misión, el misterio de Cristo misionero,
de Cristo enviado. Vivamos en comunión íntima con él.
Así experimentaremos la presencia consoladora de su vida y sabremos
que él nos espera en el corazón de cada hombre; ese Cristo
que nos ha visto entre la multitud y que nos ha llamado; él que
es principio, compañero y meta de nuestro viaje misionero.
¡Caminemos
con Cristo, anunciando su Evangelio! ¡Caminemos por el camino
que nos muestra el Evangelio! Nos acompaña en este camino Nuestra
Señora de la Expectación, aurora luminosa y guía
segura en todas nuestras rutas misioneras.
San Luis
Potosí, S.L.P., Enero 13 de 2004.
+Luis
Morales Reyes
Arzobispo de san Luis Potosí
