2003
HOMILIA.-
VIGILIA PASCUAL 2003
1.- La celebración
de esta noche es la más clara, la más rotunda, la más
firme afirmación de nuestra fe. En la noche de nuestro camino
cotidiano, entre dudas y temores, entre mezquindades y pecados, surge
la fuerza luminosa del anuncio: ¡Cristo ha resucitado! ¡Ahí
está el sepulcro vacío! ¡Ha vuelto a la vida, lleno
de vida nueva, de vida para siempre! ¡Su vida es un camino de
vida nueva para nosotros! ¡Hay que sembrar vida en todas partes
para cosechar más vida, hasta llegar a la vida plena y eterna
del Cristo Resucitado!
2.- Esta
es la fiesta de la alegría sin fin que tiene su fuente y origen
en la resurrección de Jesús de Nazaret. Es la alegría
anunciada por las mujeres que no tenían representación
social como los pobres pastores que anunciaron la alegría del
Nacimiento del Salvador. Estas mujeres, que no tienen crédito
alguno, son las encargadas de anunciar al mundo que Cristo ha resucitado.
3.- Esta
noche santísima proclamamos con toda la Iglesia: ¡Cristo
vive!
“Señor:
el Padre no te ha abandonado. Ha sancionado tu vida y respaldado tu
causa; ha reivindicado tu nombre y confirmado tu Palabra. Y al hacerlo,
reivindica su nombre: Dios de la vida.
En ti
se desbordan nuestras expectativas. Estábamos resignados a sobrevivir
mientras nos llegara la hora y a morir; estábamos habituados
al discurso de los fuertes, el de quienes imponen la muerte, pesan en
balanza y tasan la vida de los débiles. Tú te pones del
lado de las víctimas y has abierto las puertas de la vida.
Hemos
visto a tus amigos sin alma, dominados por el miedo y perdidos en la
noche, como en un mundo sin hogar. Ahora, contemplamos que tu nueva
presencia les restaura y unifica”.
4.- Esta
noche santísima creemos proclamamos que el Señor
Resucitado vive en medio del mundo.
“Descendiste,
Señor, hasta el lugar más profundo del último de
los hombres. Tu encarnación no se ha detenido ni ante la muerte
sino que ha llegado hasta las entrañas del mundo de los muertos.
Dices
que nos encontraremos en Galilea, en el corazón del mundo de
los vivos, allí donde sigue habiendo enfermos que curar, gentes
desorientadas que no saben nada de la vida nueva, allí se inicia
la alegría de trabajar por el Reino del Padre.
Tú
estás en medio de nosotros, alientas nuestros trabajos, apaciguas
nuestras ansias, ofreces hermanos y hermanas para recorrer el camino.
Nuestro corazón se alegra porque en ti florece la vida por encima
de todas las alianzas y clases de muertes. ¡Aleluya!” Amén.
Señor,
que el mundo entero oiga tu saludo de la tarde de Pascua: ¡Shalom!
¡La paz esté con ustedes!
