2002
HOMILIA
EN LA EUCARISTIA DE APERTURA DE LA DECIMOSEXTA ASAMBLEA DIOCESANA DE
PASTORAL
Enero 9 de 2002.
Muy queridos
asambleístas: sean todos bienvenidos a esta Eucaristía
de apertura de los trabajos de la decimosexta Asamblea Diocesana de
Pastoral. Que el Señor les bendiga por haber atendido, con amor
y entrega generosa, a la convocatoria de su servidor.
1.- El año
pasado, en estas mismas fechas, nos reunimos en nuestra Catedral para
iniciar, con grande gozo y esperanza, la segunda etapa del Plan Diocesano
de Pastoral que titulamos “La Iglesia en San Luis Potosí”.
Recibimos el libro en nuestras manos y nos comprometimos a llevarlo
en el corazón y ponerlo en práctica en nuestra realidad.
Quisimos
que fuera buena noticia para nuestras comunidades y evangelio de esperanza
para los pobres y alejados. Hicimos una gran siembra en el campo de
Dios de nuestra querida Arquidiócesis. Catorce mil ejemplares,
como otras tantas semillas, fueron depositados en la tierra buena de
muchos corazones generosos y apostólicos. Un ejemplar quedó
a los pies de la imagen de nuestra Señora de la Expectación,
como silenciosa y perseverante súplica a Ella, la Estrella de
la Evangelización, para que lo presente a su divino Hijo como
el compromiso evangelizador de esta Iglesia potosina, en camino hacia
el 150 aniversario de su fundación.
Desde entonces,
siguiendo la propuesta del Plan y las 16 grandes líneas de acción
pastoral para el año 2001, aprobadas por la 15ª. Asamblea,
un río de actividades ha venido a fecundar la obra apostólica
diocesana. Todo ha quedado señalado y consignado en las asambleas
de evaluación a nivel parroquial y decanal que se han realizado
en preparación a nuestra Asamblea Diocesana.
Vuelvo la
mirada, con sentimientos de alabanza y gratitud, al Señor, porque
ha realizado y sigue realizando grandes cosas en medio de nosotros;
Él es el Señor viviente, el Dios-con- nosotros, nuestra
esperanza. Agradezco a todos ustedes, sacerdotes, religiosas, seminaristas
y demás fieles laicos, por el empeño que han puesto, por
el esfuerzo que han realizado, por la ilusión apostólica
que les ha sostenido, por su perseverancia y su anhelo de cambio para
dar un nuevo rostro a nuestra Iglesia potosina. Lo estamos haciendo
por el camino pastoral y espiritual que todos ustedes han ido recorriendo,
a lo largo de este año. Soy testigo de todo lo que han hecho.
El Señor les recompense en abundancia.
Obviamente,
al evaluar el trabajo pastoral de un año, han aparecido rezagos
y omisiones. Hemos descubierto los obstáculos. Aquellos que están
afuera y aquellos que provienen de nuestro interior. La dura realidad
humana resiste al Evangelio. La siembra se hace difícil. Nos
hemos encontrado con terrenos pedregosos y colmados de espinas. La situación
social, mundial y nacional, agobia el corazón. Evangelizar es
un combate contra las potencias del mal que están en nosotros
y fuera de nosotros. Pero también hemos visto, con grande gozo,
los brotes primaverales en el campo de nuestras comunidades. Nos alegramos
por los frutos y los avances. Nos esforzamos por consolidarlos. Sabemos
que el primer año de una nueva etapa de planeación pastoral
es tiempo de tanteos, de búsquedas, de reorganización.
Es una necesaria inversión y un costo inevitable que redituará
en frutos abundantes, si perseveramos.
2.- La Palabra
de Dios nos habla hoy, en el Evangelio proclamado, de la certeza de
la presencia de Jesús en medio de nosotros, en la noche de nuestra
fe y en los trabajos con que avanzamos ya que el viento de la realidad
, con frecuencia, nos es contrario. Pero Él viene a nosotros
al amanecer de cada jornada para decirnos: “¡Animo!
Soy yo; no teman”.
El encuentro
que los discípulos tienen con Jesús, en medio del lago,
se hace realidad en nosotros en esta Asamblea Diocesana. Oigamos, una
vez más, lo que nos dice S. Marcos: “Entrada la
noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra.
Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario,
se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer,
y parecía que iba a pasar de largo. Al verlo andar sobre el agua,
ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos
lo habían visto y estaban espantados. Pero Él les habló
enseguida y les dijo: ‘¡Animo! Soy yo; no teman’.
Subió a la barca con ellos y se calmó el viento”.
(Mc. 6, 47-51).
“Desde
la oración, Jesús sale al encuentro de los suyos, caminando
sobre las olas del lago, es decir, abatiendo victorioso los poderes
del mal. El paso de Jesús sobre el lago pretende ser una revelación
de su poder divino y una promesa de protección y salvación
para sus discípulos. Es una dura recriminación de su ceguera,
pero también una exhortación a la comunidad cristiana
de todos los tiempos para que se abra a la fe en Jesús con la
luz de la mañana pascual. Aun cuando está ausente, su
presencia protectora es segura. Él actúa y deja destellar
su gloria divina incluso en la noche oscura y en la turbulencia de un
mar alborotado” (Comentario al N. T.- La casa de la Biblia, p.
154).
¡Qué
bien nos viene este pensamiento a nuestra realidad pastoral y más
en concreto a nuestra Asamblea Diocesana!
Mientras
Jesús se retira a la soledad para orar, los discípulos
se embarcan. Es de noche y el miedo se apodera de los pescadores. El
lago es peligroso. Jesús ha orado en el monte, y ahora regresa
a los suyos. Ha visto la gloria del Padre, y aún ha de manifestársela
a los Doce. Pro es necesario que sus corazones se abran; deben morir
a sí mismos.
En nuestra
Asamblea somos llamados a encontrarnos con Jesús, a tratar con
Él, desde esta misma Eucaristía de apertura; a descubrirlo
en la humildes señales del programa que nos hemos trazado. Queremos
invitarlo para que suba a nuestra barca y se siente simplemente en medio
de nosotros para que calme nuestras tempestades interiores, nuestros
miedos y nuestras angustias pastorales; para que nos libre de nuestras
rutinas, reticencias, prejuicios y neurosis. No apartemos nuestra mirada
de la de Cristo. Vayamos a encontrarle en el monte para orar con Él.
Dejemos que suba, cada día y cada noche, a la barca de nuestra
acción pastoral y venga en ayuda de nuestros trabajos y proyectos.
Estemos ciertos
que:
Jesús permanece con nosotros, para que nosotros permanezcamos
en Él.
Jesús se queda en nuestra indigencia, para que podamos conocer
su gracia.
Jesús ilumina nuestra noche, para que caminemos en la luz.
Jesús nos revela la verdad, para que demos testimonio de su amor.
Jesús se nos presenta como Buen Pastor, para que reunamos a los
descarriados, sirvamos a los pobres y busquemos a los alejados.
3.- Al iniciar
nuestra Decimosexta Asamblea Diocesana de Pastoral, escuchamos una vez
más, como el Papa nos lo recuerda, el mandato de Jesús
a los suyos: “Duc in altum” (Rema mar adentro).
Para nosotros,
ese imperativo del Señor se desdobla en aquellos otros que nos
dimos hace un año: “¡Iglesia potosina, conviértete!
¡Sé comunitaria! ¡Sé servidora! ¡Sé
misionera! ¡Sé solidaria! ¡Incultúrate!”
Para nosotros,
remar mar adentro, significa: “Florecer en el desierto.
Iluminar el nuevo milenio. Ser sal de la tierra potosina. Irradiar el
Evangelio. Construir comunidades. Ser fieles a la misión. Llevar
a la práctica el Plan Diocesano de Pastoral”.
Para nosotros,
“duc in altum”, significa aceptar la disciplina
de la programación, enfrentar la voz del Señor en la práctica
de la evaluación y vivir una espiritualidad de comunión,
cristocéntrica, bíblica, eucarística, solidaria
con todos y una espiritualidad de la esperanza, en el año pastoral
2002.
Pero, englobándolo
todo, y como el gran ideal diocesano, remar adentro, es hacer vida nuestro
espléndido y estimulante objetivo general: “Promover,
en la Iglesia particular de San Luis Potosí, un encuentro personal
y comunitario con Cristo vivo, para que, interpretando con fidelidad
los signos de los tiempos, caminemos en el tercer milenio, mostrando
un nuevo rostro de Iglesia, comprometida en un renovado servicio evangelizador
a todos, con amor preferencial a los pobres y alejados”.
Que el Señor
así nos lo conceda, con la fuerza del Espíritu Santo,
y la intercesión de Nuestra Señora de la Expectación
y de San Luis Rey.
+Luis
Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí
