2002

HOMILIA: ORDENACION SACERDOTAL.- AGOSTO 31 DE 2002

“Ustedes son mis amigos,
si hacen lo que yo les mando...
a ustedes les llamo amigos” (Jn. 15, 14-15).

1.- EN EL MARCO DEL 148 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA IGLESIA PARTICULAR DE SAN LUIS POTOSÍ.

El Señor nos concede reunirnos para celebrar y agradecer, este día, el 148 aniversario del nacimiento de nuestra Iglesia particular de San Luis Potosí. Fue motivo de gran alegría la fundación de nuestra diócesis; ha sido un manantial de acción evangelizadora y un río de servicio, generoso y santo, de obispos, presbíteros, religiosos, religiosas y laicos.

En esta acción de gracias, una vez más, me permito hacer memoria cariñosa de quienes me precedieron como pastores de esta querida arquidiócesis y a quienes todos, este día, damos el tributo de nuestra gratitud en el Señor: los Excelentísimos Señores: Pedro Barajas, Manuel del Conde, Nicanor Corona, Ignacio Montes de Oca, Miguel M. De la Mora, Guillermo Tritschler, Gerardo Anaya, Jesús Clemente Alba, Luis Cabrera, Estanislao Alcaraz, Azequiel Perea, Arturo Antonio Szymanski.

En el Plan Diocesano de Pastoral decimos: “Hoy, valoramos con inmensa gratitud lo antiguo que está en la memoria de esta Arquidiócesis, y nos abrimos a los nuevo, a lo que el Señor quiere pedirnos en el umbral del tercer milenio”. Y lo que nos ha pedido por medio del Papa Juan Pablo II es que: “¡Caminemos con esperanza! Nuestra marcha debe hacerse más rápida”.

Que nuestra acción de gracias por este feliz aniversario se traduzca en un compromiso mayor para anunciar el Reino de Dios promoviendo el encuentro personal y comunitario con Cristo vivo, mostrando un nuevo rostro de Iglesia, comprometida en un renovado servicio evangelizador .

2.- EL DON DE CINCO NEOSACERDOTES: REGALO DE ANIVERSARIO.

En este aniversario vemos, como un signo del amor de Dios a nuestra Iglesia particular, el don de cinco nuevos sacerdotes que vienen a dar su juventud, generosidad y santidad al proyecto del Reino de Dios; vienen a sumar su voluntad y empeño en la tarea evangelizadora que venimos realizando; traen energías y valores nuevos para ayudarnos a realizar nuestro Plan de Pastoral; deben ser los sacerdotes que la Iglesia y el mundo potosino necesitan al inicio de este nuevo siglo; y, lo más importante, es que son llamados por Jesús a ser sus amigos. En esto finalmente se resume toda la vida y ministerio de los sacerdotes. El Señor nos dijo, nos dice hoy en el Evangelio y nos lo dirá siempre: “Ustedes son mis amigos, sin hacen lo que yo les mando... a ustedes les llamo amigos” )Jn. 15, 14-15). Esta es la espléndida declaración de amor eterno que Jesús hace a los suyos y a estos cinco jóvenes a punto de ser ungidos, por el Espíritu Santo, sacerdotes para toda la eternidad.


3.- “USTEDES SON MIS AMIGOS”.

Para el sacerdote, ser amigo de Jesucristo es estar con él, tratarlo, amarlo; es aprender de él los signos del buen pastor; es ser memoria viviente y una clara epifanía del modo de ser de nuestro Señor y Maestro. El sacerdote, amigo de Jesucristo, debe seguirlo en su estilo de servicio que alcanzó la plenitud con su muerte en cruz, es decir, con el don de sí mismo, en la humildad y el amor.

La autoridad espiritual del sacerdote le viene sólo y únicamente de su configuración total con Cristo Cabeza de la Iglesia, con su entrega humilde y amorosa, con su obediencia activa, siendo como Jesús mismo, un verdadero siervo doliente del Señor, sacerdote y víctima a la vez, en cada Eucaristía que celebra.

Para el sacerdote, ser amigo de Jesucristo significa llevar una honda vida espiritual caracterizada por la actitud de servicio al Pueblo de Dios, como dice S. Pedro, ajena a toda presunción y a todo deseo de tiranizar a la grey confiada (cf. 1 Pe. 5, 2-3).

4.- “A USTEDES LES LLAMO AMIGOS”.

Esta afectuosa expresión de Jesús habla de su gran amor a sus discípulos y la tradición la ha aplicado a los sacerdotes. A ellos les llama amigos porque deben estar siempre con él compartiendo los secretos de su corazón: su obediencia total al Padre, su proyecto del Reino de Dios, su amor por las muchedumbres. A los sacerdotes les llama amigos porque no les confía una profesión o un empleo sino una vocación y una misión. No se renuncia a ser sacerdote, después de cerrar la puerta de la iglesia o de la notaría parroquial. Se es sacerdote siempre y para siempre.

El sacerdote es llamado amigo de Jesucristo porque es servidor fiel de la Palabra de Dios en la cual hay una presencia viva del Señor. El sacerdote da su voz a la Palabra. Él es un Juan Bautista, es decir, voz que grita, pero no es dueño de la Palabra. El sacerdote es discípulo porque es amigo y es amigo porque es discípulo.

El sacerdote es amigo de Jesucristo por su fidelidad a la celebración de la gracia en los Sacramentos, sobre todo, en la celebración de la Eucaristía. Para él, alimentarse de la Eucaristía comporta participar de la caridad de Cristo que se da como alimento a los fieles. El gusto por la celebración de las cosas santas lo lleva a una amistad más grande con el Señor. Así no habrá separación entre aquello que el sacerdote hace y aquello que es.

El sacerdote es amigo de Jesucristo en la medida en que es fiel a su servicio de pastor que gobierna y apacienta al Pueblo de Dios, llevado por la caridad y dispuesto a dar la vida por sus ovejas. La amistad con el Buen Pastor le lleva a ser sembrador de esperanza y a dar testimonio ante sus fieles de una esperanza que no se derrumba; le lleva a consolar a los que se hayan en la tribulación, con el mismo consuelo con el cual Dios lo consuela; le exige renunciar a los propios intereses y buscar sólo el bien de los hermanos que se le han confiado.

5.- ¡Felicidades queridos jóvenes que en un momento más serán ungidos sacerdotes para siempre! El Señor hoy les dice, al igual que a sus discípulos en la última cena: “Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando... a ustedes les llamo amigos” (Jn. 15, 14-15).

Ojalá su vida sacerdotal encuentre inspiración en estos bellos sentimientos de José Luis Martín Descalzo que escribió en su testamento, inspirado en el Cántico de la Noche Oscura de San Juan de la Cruz:


“Poned sobre mi tumba mi nombre.
Y mi apellido: sacerdote.
Y nada más.
Porque jamás he sido
ni querido ser
otra cosa...

Y decidle a la gente
que perdone,
si tantas veces me ahorré
yo, que era para ser repartido
como el pan que brotaba
de mis manos.
Explicadles que hubiera
deseado ser transparente para todos
yo, que sabía bien en donde estaba
la fresca fuente fría de la que mana Dios...

Ahora ya sé que nada hice
que fuera mío. Que donde yo ponía
pan o vino, o mi cansancio y mis palabras,
Alguien lo convertía en carne y sangre,
cual si también yo mismo estuviera
consagrado.

Y que no sabría jamás
quién bendecía cuando yo bendecía
y que mi voz también amanecía en otros
aunque era de noche en mí.

¡Oh, noche que guiaste
cada día mis pasos y que ahora
me sigues sosteniendo en el cansancio,
noche que multiplicas mi diminuto amor,
noche que alumbras mi paso vacilante hacia el final!
Déjame bendecirte con mis manos atadas
que te suplican:
Sigue, sigue,
río de Dios, lamiendo
mis resecas orillas;
sigue tú sosteniendo estos tartamudeos
que nada dicen sino lo que tú dices
a través de mis labios asombrados;
sigue, pan, floreciendo entre mis dedos
hasta que un día duerman, por fin, mis huesos
mientras tú sigues
hablando a mis hermanos
a través de mi última, definitiva, noche”.
(Testamento del Pájaro Solitario, pp. 73-76).

San Luis Potosí, S.L.P., Agosto 31 de 2002.

+Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí