2002

APUNTES PARA LA HOMILIA DE LA NOCHEBUENA 2002

1.- La Palabra de Dios:

Isaías: “Un hijo se nos ha dado”.
Salmo: “Hoy nos ha nacido el Salvador: el Mesías, el Señor”.
S. Pablo: “La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres”
Evangelio: “Hoy les ha nacido un Salvador”.

2.- “Noche santísima”.

“Dios nuestro, que hiciste resplandecer esta noche santísima con el nacimiento de Cristo...”

+ La noche: Aquella noche no estaban ahí los poderosos, ni los sabios, ni los gobernantes... Sus ventanas nunca se abren hacia el misterio de Dios y el asombro.

Aquella noche, junto al esplendor del milagro, estaban los pequeños, los pastores... sus ojos limpios vieron la luz de una cascada de ángeles... sus oídos nuevos oyeron el canto de la paz; una paz que unía el cielo y la tierra, el tiempo y la eternidad, Dios y el hombre.

Aquella noche, entre las casas de los hombres del desierto se estrenaba una canción nueva, que han repetido todos los vientos y todas las generaciones: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.

Aquella noche, Dios llegó a nuestro tiempo y a nuestra casa; Dios llegó a nuestro esfuerzo y a nuestra ilusión; Dios llegó a nuestras lágrimas y a nuestras fiestas; Dios llegó a nuestra vida y a nuestro amor.

Aquella noche, Dios fue más nuestro que nosotros mismos. Dios es ese Niño que adoramos en brazos de la Virgen Madre.

Noche de paz, noche de amor,
todo duerme en derredor,
entre los astros que esparcen su luz,
viene anunciando al niñito Jesús,
brilla la estrella de paz.
Noche de paz, noche de amor,
celestial resplandor
sólo velan mirando la faz,
de su niño, angélica paz,
José y María en Belén.

3.- Nochebuena.

+ En esta Nochebuena, en esta noche nueva, estamos alegres porque celebramos la presencia de Dios entre nosotros; porque Dios ah querido correr nuestra misma suerte. Él es uno de nosotros, uno de los nuestros; por sus venas corre sangre humana. Dios se ha hecho niño: un Dios que duerme y llora. Celebramos que Dios está aquí, en nosotros, con nosotros, para nosotros, por nosotros. Por eso, cantamos, nos alegramos y hasta soñamos. Por tal motivo se nos invita a:
- agradecer su don, su amor, su entrega; y decirle “gracias”: “Nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor; cantemos al Señor un cántico nuevo”. Alegrémonos en la Iglesia, en la calle, en cada hogar y en cada familia. Agradezcamos la bondad y el amor de Dios que se hizo cercano a cada uno de nosotros.
- recibir la salvación que nos ofrece; nos ofrece la verdadera felicidad; nos quiere felices, sonrientes, alegres por su propio camino: es decir, fiarnos de Él, seguirlo en su camino de humildad y sencillez: “Vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza”, como dice hoy S. Pablo. Que nuestro corazón se alegre al compás de los villancicos.
- continuar la obra salvadora que Jesucristo comenzó, es decir, hacer nuestros los problemas y necesidades de los demás; hacer nuestros los dolores y esperanzas de nuestro mundo; remediar, en la medida de los posible, los males presentes que lastiman a la gente. Que a nadie le falte pan y cariño; que en todas las familias y naciones haya paz y gozo; que se nos note que todos tenemos a María de Belén por Madre.

4.- Navidad.

Celebremos la Navidad como creyentes. Celebrar la Navidad es descubrir la presencia de Dios en el mundo; es promover la convivencia fraterna en el amor; es superar distancias y diferencias y abrir nuestro corazón y nuestros brazos a todas las personas.

Navidad es recibir y obedecer la Palabra de Dios; es tiempo de buscar a Dios donde se le puede hallar y a Dios se le encuentra en los pobres, en los niños de la calle, en los ancianos, en los desempleados, en los campesinos, en los migrantes... en todas las personas de cualquier condición o clase social.

Navidad es orar para que la Iglesia sepa comunicar al mundo la buena noticia de la salvación; para que todos los pueblos, razas y religiones alcancen la paz, cesen las guerras, la discriminaciones y las opresiones; para que las familias superen la desintegración, la violencia y las divisiones y se sientan más unidas y solidarias; para que nuestra ciudad de San Luis Potosí viva la reconciliación y la paz, la justicia y la solidaridad; y para que los buenos deseos, que en estos días nos expresamos, se prolonguen durante todo el año nuevo.

“Dios nuestro, que hiciste resplandecer esta noche santísima con el nacimiento de Cristo, verdadera luz del mundo, concédenos que, iluminados en la tierra por la luz de este misterio, podamos también disfrutar de la gloria de tu Hijo”.

Con estos sentimientos, a todos deseo: ¡Feliz Nochebuena y Feliz y Santa Navidad!


+ Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí