2002

BIENVENIDA A LOS PEREGRINOS DE LA ARQUIDIOCESIS DE SAN LUIS POTOSI A LA INSIGNE Y NACIONAL BASILICA DE GUADALUPE.

1.- Sean muy bienvenidos, queridos peregrinos de la Arquidiócesis de San Luis Potosí.

Llegan a las plantas de Nuestra Señora de Guadalupe, para realizar su sueño filial de visitarla, una vez más, en su casa del Tepeyac.

Vienen con su corazón colmado de las penas y las alegrías que han experimentado en los últimos meses, en su hogar, en su familia, en su pueblo.

Tienen la certeza de que la Celestial Señora las recibe en sus manos para presentarlas a su Hijo. Ella es nuestra piadosa y compasiva Madre que nos lleva siempre al encuentro de Jesucristo. Llegar como peregrinos ante Ella, es venir al encuentro de su corazón para vivir el encuentro gozoso e incomparable con Cristo vivo, un encuentro que nos cambia el corazón y nos hace mejores.

El camino de ustedes, desde su lugar de origen, ha sido largo y penoso. Lo dejaron todo. Hace dos mil años, también la joven Madre de Dios partió presurosa a visitar a su prima Isabel, desde Nazaret hasta las montañas de Judá.

Sean muy bienvenidos a nuestras peregrinación diocesana para expresarle a Nuestra Señora de Guadalupe el amor filial de todos los potosinos. Para decirle que la amamos entrañablemente, que la necesitamos, que se muestre Madre amorosa de los más pobres y de los que se han alejado de su Hijo y de la Iglesia.

Vienen a decirle que estamos muy agradecidos con el Padre providente que nos ha regalado la lluvia para nuestros campos; que ha regado generosamente nuestro campo potosino; que las siembras se ven hermosas y son promesa de una buena cosecha para los campesinos y agricultores que han sufrido recurrentes sequías y sufren el abandono y la depresión del campo mexicano. ¡Ojalá tengan buen precio los frutos de sus tierras y de sus sudores!

Les pido que me acompañen para decirle también a nuestra Madre que le agradecemos su intercesión y ayuda para realizar la Visita Pastoral. Esta ha sido, en verdad, un acontecimiento de gracia, una experiencia de camino con Jesucristo, una oportunidad de examen pastoral y de renovación evangelizadora.

Vienen a pedirle su valiosa intercesión por la paz social en nuestro Estado de San Luis Potosí, ahora que comienza un nuevo proceso electoral. Que lo realicemos en el marco de la nueva cultura democrática que está naciendo en México. Que los principales actores políticos se comporten con verdad y civilidad, con respeto mutuo. Que sean también respetuosos de la sociedad civil. Que sus propuestas electorales vayan de acuerdo a las necesidades reales y a los recursos disponibles para no despertar vanas expectativas y esperanzas que sólo traen frustración y desencanto. Que todos seamos corresponsables del futuro de nuestro Estado y actuemos con honestidad, justicia y libertad.


2.- Gracias por ser peregrinos. Gracias por su amor a la Virgen Santísima. Gracias por venir a celebrarla y a ser como ella.

Venimos a proclamarla Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive. Ella es Madre de la Iglesia porque es Madre de Jesucristo, Cabeza del Cuerpo místico. Ella es Madre de todos nosotros porque cooperó con su amor a nuestra salvación, cuando del corazón traspasado de Cristo nació la Iglesia.

La contemplamos velando por la Iglesia, por México y por el mundo entero. Ella tiene un corazón tan amplio como el mundo e implora ante el Señor de la historia por todos los pueblos.

Mientras peregrinamos en esta tierra, María nos va educando en la fe, como dice el Papa. Ella cuida que el Evangelio penetre en nuestra vida diaria y produzca frutos de santidad.

En nuestro compromiso diocesano por vivir un encuentro personal y comunitario con Cristo vivo, María nos lleva a tener un amor fiel con su Hijo. Ella nos enseña a acompañar a Cristo en todos sus caminos, a colaborar con Él en su obra de salvación, a escuchar y a poner en práctica su bendita y estimulante Palabra, en el silencio, la contemplación y la adoración; y en ese hermoso ejercicio que cada día se extiende por todo el territorio diocesano: la lectio divina o lectura orante o lectura santa de la Palabra de Dios.

Venimos a pedirle que nos enseñe la gran virtud del servicio generoso, la actitud permanente del servicio a todos, con amor preferencial a los pobres y a los más débiles. Ella se hizo la sierva del Señor. Su servicio a nosotros es abrirnos al Evangelio e invitarnos a la obediencia de su Hijo: “Hagan lo que Él les diga”.

3.- Quiero, finalmente, ante Nuestra Señora de Guadalupe, exhortarles para atender a la proclama universal que el Papa hizo y su petición de vivir el AÑO DEL ROSARIO. Quiero pedirles que aquí, en nombre de toda nuestra Arquidiócesis, nos comprometamos a atender este llamamiento del Papa Juan Pablo II.

Decidámonos a volver al rezo del Santo Rosario en forma individual, en familia y en comunidad. El Rosario que el Papa llama: “Plegaria maravillosa. Maravillosa en su sencillez y en su profundidad”.

Prometámosle a la Virgen Santísima, rezar el Rosario viviendo esas bellas dimensiones propuestas por el Papa: “Recordar a Cristo con María. Comprender a Cristo desde María. Configurarse a Cristo con María. Rogar a Cristo con María. Anunciar a Cristo con María”. “La contemplación de Cristo, sigue diciendo el Papa, tiene en María su modelo insuperable. María vive mirando a Cristo. Los recuerdos de Jesús, impresos en su alma, la han acompañado en todo momento. Han sido aquellos recuerdos los que han constituido, en cierto sentido, el ‘rosario’ que Ella ha recitado constantemente en los días de su vida terrena”.

4.- Que todos regresen con bien a sus hogares. Que se lleven el amor y la alegría de Nuestra celestial Señora. Que a todos les hablen de lo que aquí vieron, oyeron y sintieron. Que la bendición del Padre celestial les acompañe siempre a lo largo de su vida.

+ Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí


México, D.F. a 11 de Noviembre de 2002