2001

HOMILIA EN LA EUCARISTIA DE LA CELEBRACION DEL
175º. ANIVERSARIO DEL SEMINARIO ARQUIDIOCESANO
DE SAN LUIS POTOSÍ. Junio 16 de 2001

1.- “Duc in altum” “Rema mar adentro”(Lc. 5,4). En este 175°. Aniversario del Seminario Arquidiocesano de San Luis Potosí, me parece oportuno recordar esta frase. Es la orden del Señor a Pedro, hace dos mil años, en el lago de Galilea. Es la idea central de la Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte” . “Duc in altum”. El Papa la explica de esta manera: “Esta palabra resuena también hoy para nosotros y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro” (NMI, 1). El Papa lo dice a la Iglesia universal. Hoy, yo quiero decirla a esta generación de seminaristas que celebra este feliz aniversario del Colegio Guadalupano Josefino. Hoy, también, el Señor pasa por nuestro Seminario invitándole a “remar mar adentro para pescar”, para echar las redes, confiando en la palabra del Señor de la Iglesia, confiando siempre en la pesca milagrosa.

“Duc in altum”.” Rema mar adentro”. Es la palabra actual, amorosa y estimulante; es la palabra de Cristo, Buen Pastor, Sumo y Eterno Sacerdote, en esta Eucaristía, a este Seminario potosino, en este su 175º. aniversario. ¡Oigámosle todos! ¡Obedezcamos su mandato! Que nuestro Seminario revise su vocación y compromiso, que pida perdón por sus lentitudes e infidelidades, que mejore su talante sacerdotal, que recupere un nuevo impulso espiritual y pastoral, que se alegre por los innumerables frutos recogidos, que responda a lo que esta Iglesia potosina le pide.

2.- “Recordar con gratitud el pasado”. Dicho con otras palabras del Papa: “Memoria del Pasado”. El Seminario Arquidiocesano de San Luis Potosí, a través del Colegio Guadalupano Josefino, hinca sus raíces en la tierra buena de la evangelización que realizaron los misioneros franciscanos, agustinos, jesuitas, dominicos, etc. Hoy, hacemos nuestras las palabras de Isaías que escuchamos en la primera lectura: “Voy a recordar la misericordia del Señor y a cantar sus alabanzas, por todo lo que ha hecho por nosotros, y por los muchos beneficios (...) que nos ha concedido por su inmensa compasión y misericordia” (Is. 63, 7).

El Señor quiso elegir a Don Manuel María de Gorriño y Arduengo como fundador y primer rector. El P. Gorriño sintió la necesidad de un colegio para estudios mayores en San Luis Potosí, movido por el hecho de no ver realizadas las aspiraciones de sus propios compañeros de la infancia por causas adversas. En medio de las guerras de independencia, se puede ubicar la gestación del Colegio Guadalupano Josefino. Sin embargo, fue imposible llevarlo a cabo por los desórdenes de la guerra. Concluida la Independencia, el P. Gorriño encontró incondicional apoyo en el Lic. Ildefonso Díaz de León, el cual, una vez Gobernador, consiguió la devolución del Colegio de los Jesuitas para abrir, en él, el nuevo colegio. Así, el 2 de Junio de 1826, se inauguró solemnemente el Colegio Guadalupano Josefino con el beneplácito y participación de toda la sociedad potosina.

Este Colegio vivió un segundo tiempo de su historia cuando, al crearse la Diócesis de San Luis Potosí, el 31 de Agosto de 1854, a los 28 años de su fundación, el primer Obispo, Ilmo. Sr. Don Pedro Barajas, lo elevó a la categoría de Seminario, reforzando su plan de estudios de acuerdo a las exigencias del Concilio de Trento. La entrega formal del Colegio a la Diócesis, fue el 9 de Agosto de 1855, siendo Rector Don Antonio Mascorro. Al poco tiempo, por las Leyes de Reforma, el Seminario sufrió, por primera vez, el despojo y la persecución, y tuvo que peregrinar por los anexos de los templos, sin jamás suspender la formación.

Vino después una época de gran brillo y prosperidad para el Seminario potosino, como un tercer tiempo de su historia, durante el episcopado del Ilmo. Sr. Don Ignacio Montes de Oca y Obregón. De las aulas del Seminario, en ese tiempo, egresaron alumnos que después descollaron en la vida eclesiástica y civil. Mención especial merecen el Lic. Primo Feliciano Velázquez y el gran escritor y poeta Manuel José Othón. Fue Mons. Montes de Oca quien, con ánimos de mejorar la formación de los seminaristas, redujo el plan de estudios a los estrictamente eclesiásticos y eliminó los demás, que podían, por otra parte, hacerse en el Instituto Científico y Literario que había sido fundado en 1859. Pero una vez más, fue probado por la cruz de la persecución, desde el año 1926. Desde entonces, sucesivamente, se instaló en los anexos del Santuario de San José, del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe y de la Parroquia de Santiago Apóstol.

Como un cuarto tiempo de la historia de nuestro querido Seminario, podemos señalar la construcción y ampliación de su actual edificio, iniciado, por los Excmos. Señores D. Gerardo Anaya y Luis Cabrera, concluido por el Excmo. Sr. D. Estanislao Alcaraz, y ampliado por los Excmos. Srs. D. Ezequiel Perea y D. Arturo Antonio Szymanski, con la construcción de la capilla y de la biblioteca

Todos los Obispos de esta querida Iglesia potosina brindaron cuidado, cariño y desvelos a esta institución, que es el corazón de la Diócesis, y así lograron que de este Seminario egresaran muchos sacerdotes, entre ellos, merecen especial mención los recientemente fallecidos y queridos Monseñores: Joaquín Antonio Peñalosa y Rafael Montejano; también ahí se formaron ilustres laicos y 6 obispos: Manuel del Conde, Maclovio Vázquez Silos, Ezequiel Perea Sánchez, Arturo Antonio Szymanski Ramírez, José Luis Dibildox Martínez y Juan Manuel Mancilla Sánchez.

A esta espléndida lista que habla de la grandeza de nuestro Seminario, habrá que agregar aquella otra de tantos sacerdotes, muchos de ellos desconocidos, que llevaron en el pasado y llevan actualmente, “el peso del día y del calor” en la cotidiana y ardua tarea de la formación de los seminaristas. Rectores, directores espirituales, prefectos de estudio y disciplina, ecónomos, maestros. Ellos son también el hilo de oro de la trama histórica del Seminario Arquidiocesano Guadalupano Josefino de San Luis Potosí.

¿Y cómo olvidar en este día a los innumerables exalumnos del Seminario, sacerdotes y laicos? Ellos también son el fruto precioso diseminado por todos los rincones de México y del Estado de San Luis Potosí. Ellos escucharon la llamada y vivieron la experiencia del camino vocacional enriqueciéndose espiritualmente para ser sacerdotes o profesionistas en la vocación del matrimonio cristiano.

Finalmente, creo que en este día, es un grato deber recordar a todos los queridos bienhechores. A esta comunidad potosina, generosa en la ayuda y fervorosa en la oración, se debe, en gran medida, la vida fecunda de nuestro Seminario. ¡Cuántas historias de perseverante plegaria y donación heroica podrían contarse! Dios las conoce, ya las ha premiado y las seguirá recompensando, en abundancia.


3.- “Vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro”. Dicho con otras palabras del Papa: “Profecía del futuro”. En el evangelio proclamado se anuncia, con claridad, cuál es esa profecía del futuro para nuestro Seminario. Se nos indica el modo de vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro. Un futuro de fidelidad y fecundidad. El Señor nos ha dicho: “Permanezcan en mi amor... Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos... Soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca”.

El Señor le habla, hoy, a nuestro Seminario, le habla a esta generación de formadores y seminaristas para invitarle a ver hacia el futuro, hacia lo nuevo que él quiere para esta institución. Y lo nuevo que él quiere lo dice de manera concreta y fascinante: permanecer en su amor y dar fruto que permanezca. Todos sabemos que con estas palabras el Señor invita a ser sus discípulos. ¡El verdadero discípulo debe permanecer en Jesús y dar fruto!

Todos sabemos que el Seminario es una experiencia de discipulado y de seguimiento de Cristo. Es un intercambio entre la vid y los sarmientos. El Seminario es la viña del Señor que exige mucha atención. Tiene que haber un constante cuidado de poda y limpieza, de purificación y maduración del llamado y de la respuesta vocacional. En el Seminario, siempre será necesaria la labor de cortar y arrancar. El Seminario es la cepa plantada por Dios y, al mismo tiempo, es el fruto incomparable; es el vino nuevo del sacerdocio; es la savia escondida y misteriosa que fluye dando vida y vigor al árbol, añejo y bendito, de esta muy querida Arquidiócesis, a la cual el Seminario no le puede fallar.

Esta Arquidiócesis que le pide, de cada seminarista, según el Plan Diocesano de Pastoral, el regalo de un sacerdote convertido, comunitario, servicial, misionero, solidario, inculturado. Le pide que cada nuevo sacerdote nos ayude a mostrar “un nuevo rostro de Iglesia” potosina y a comprometernos a realizar “un renovado servicio evangelizador a todos, con amor preferencial a los pobres y alejados”. Le pide que cada neo-sacerdote egresado de nuestro Seminario, cumpla con lo que dice la Carta a los Hebreos: que sea “un hombre escogido para intervenir a favor de los hombres ante Dios... para ofrecer dones y sacrificios por los pecados... para comprender a los ignorantes y extraviados... para ofrecer sacrificios por los pecados del pueblos y por los suyos propios”; que sea un hombre configurado con Cristo, “pontífice fiel y compasivo”.

El Seminario de San Luis Potosí, en los inicios del tercer milenio, está llamado a permanecer fiel a la gracia recibida hace 175 años y a dar fruto; está llamado a permanecer en Jesús como la raíz se une a la tierra y como el sarmiento se adhiere a la vid; está llamado a seguir los caminos trazados por la Iglesia universal y por esta Iglesia potosina. Toda su historia, tejida de santidad, de capacidad y talentos humanos, ha de ser un don gratuito de Dios y compromiso perseverante de sus alumnos y formadores.

4.- Permítanme terminar, imaginando, soñando y concretizando más la “profecía del futuro” de nuestro Seminario.

¡Seminario de San Luis Potosí! ¡Felicidades! Vive cada día el encuentro transformante con Cristo vivo. Contempla siempre su rostro. Así, brotarán de ti muchos y santos sacerdotes que sean transparencia del Buen Pastor. Recuerda que tu santidad será el secreto manantial de tu consistencia interior y de tu fidelidad, de tu laboriosidad y de tu fecundidad sacerdotal.

¡Seminario de San Luis Potosí! ¡Felicidades! Vive cada día bajo la maternal mirada de Ntra. Señora de Guadalupe y busca siempre su protección. Conócela. Ámala. Imítala. Invócala. María es Madre educadora de nuestro sacerdocio. Ella vigila el desarrollo de cada vocación y de la entera vida sacerdotal en la Iglesia. Aprende, además, del silencio obediente, justo y fiel de San José, también tu celestial patrono.

¡Seminario de San Luis Potosí! Dichoso tú porque este Pueblo de Dios, que peregrina en nuestra Arquidiócesis, te fortalece con su fe, te arropa con su amor, te sostiene con su oración y te mira como la esperanza sacerdotal que no defrauda. Quiero augurarte, en este venturoso aniversario, muchos siglos de vida y un milenio de bendiciones divinas, para que permanezcas fiel a la gracia recibida y produzcas un fruto sacerdotal abundante. Así sea.

+Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí.