2000

HOMILIA EN EL 146 ANIVERSARIO DE
LA IGLESIA PARTICULAR DE SAN LUIS POTOSI. AGOSTO 31, 2000

1.- Este mes de agosto, año con año, es un tiempo de abundante gracia y bendición para nuestra querida Arquidiócesis. Lo iniciamos celebrando, con un quincenario, el misterio de la Asunción de la Virgen Santísima, continuamos con la fiesta de nuestro Santo Patrono, S. Luis Rey, y terminamos, en este último día del mes, dando gracias al Señor por el nacimiento de nuestra Iglesia particular, el 31 de agosto del año 1854, año de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, por voluntad del Papa Pío IX quien será declarado beato el próximo domingo 3 de septiembre.

2.- En esta eucaristía, agradecemos el don de ser Iglesia particular y el don de 7 diáconos, promesa y esperanza presbiteral. A ellos les recibimos con afecto y gratitud y les encomendamos al Señor para que la gracia sacramental que hoy reciben los configure con Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, y sean siempre hombres de oración, de servicio, de amor a los pobres y de testimonio claro y gozoso de una vida vivida en el celibato por el Reino de Dios. A sus papás y demás familiares les agradecemos que le ofrezcan al Señor y a su Iglesia parte de su carne y de su sangre para ser ungida y consagrada por el Espíritu Santo.

De algún modo, la Palabra de Dios, proclamada en la segunda lectura, se realiza entre nosotros: “Escojan entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encargaremos este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra”.

¡Felicidades, queridos jóvenes, porque el Señor les ha elegido! “Manténganse siempre llenos del Espíritu Santo y del gusto por las cosas de Dios. Nunca se dejen arrancar la esperanza del Evangelio al que deben no sólo escuchar, sino además servir. Mediten el sentido profundo de lo que llevan a cabo; traten de imitarlo fielmente en su vida. Tengan siempre presente el ejemplo del Buen Pastor que no vino a ser servido sino a servir y a buscar y salvar lo que se había perdido”. (Rito de ord.) En su invitación para la ordenación diaconal, ustedes escribieron este pensamiento del apóstol Pedro, como un lema para su vida: “El que toma la palabra… y se dedica al servicio, que lo haga en virtud del encargo recibido” (1Pe. 4,11). Pidan al Señor la gracia de ser fieles hasta el fin.

3.- En el marco del Gran Jubileo, en el ambiente espiritual del Año Santo, unidos a los sentimientos del la Iglesia que “se alegra, da gracias y pide perdón”, el Señor nos concede expresarle nuestros hondos sentimientos de gratitud por los 146 años de vida de nuestra Arquidiócesis (antes diócesis).

El profeta Ezequiel, en la primera lectura, pone en labios del Señor las siguientes palabras: “Así como un pastor vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas, así velaré yo por mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se dispersaron un día de niebla y de oscuridad”.

Permítanme, hermanos y hermanas, decirles que el Señor ha sido pastor de sus ovejas de San Luis Potosí, a lo largo de estos 146 años en la persona de los 11 obispos, mis insignes antecesores. El Señor verdaderamente ha velado por este su rebaño potosino gracias al fecundo y ejemplar ministerio episcopal de Pedro Barajas, Manuel del Conde, Nicanor Corona, Ignacio Montes de Oca, Miguel M. de la Mora, Guillermo Tritschler, Gerardo Anaya, Luis Cabrera, Estanislao Alcaraz, Ezequiel Perea, Arturo Szymanski. Yo me siento feliz de recordarlos. A todos ustedes les invito a evocar, hoy, en este feliz aniversario, la memoria de todos ellos con gran afecto y honda gratitud. En ellos también el Señor ha cumplido su palabra: “Yo mismo apacentaré a mis ovejas; yo mismo las haré reposar”. ¡Nosotros, hoy, somos el fruto de sus afanes apostólicos de ayer; somos fruto de su fe y oración de pastores!

A nosotros toca ahora continuar la misión y, como dice el evangelio proclamado, ser Iglesia particular, estrechamente unida, como sarmiento, a Jesucristo, “la verdadera vid”; dar “fruto abundante” escuchando su amonestación que nos dice: “sin mí nada pueden hacer”; “permanezcan en mí y yo en ustedes”. Por tal motivo, el esfuerzo que hemos venido haciendo, desde el principio del año, para elaborar el nuevo Plan de Pastoral, parte de esta honda convicción que se ha traducido en nuestro lema: “con Cristo hacia el tercer milenio”; es decir, unidos estrechamente a él, permaneciendo amorosamente en él como discípulos. Por eso, atendiendo a la invitación del Papa, queremos hacer de nuestra vida diocesana una constante experiencia de encuentro con Jesucristo vivo para la conversión, la comunión y la solidaridad. Nos alientan también estas otras palabras de Jesús: “La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”.

Todo esto lo queremos lograr trabajando por ser: Iglesia convertida, Iglesia comunidad, Iglesia ministerial, Iglesia misionera, Iglesia solidaria, Iglesia inculturada, con muy hondas raíces, en esta tierra potosina.

4.- Al expresar nuestros anhelos de hacer realidad ese modelo de Iglesia, permítanme recordar aquí unas bellas e inspiradoras palabras del P. De Lubac en su libro “Meditación sobre la Iglesia” donde nos invita a tener una mirada de fe sobre la Iglesia la cual tiene un perfil luminoso y otro oscuro: “Este misterio (de la Iglesia) tiene todo un perfil luminoso. La Iglesia católica es aquel ‘estandarte levantado en medio de las naciones’… La Iglesia es aquella ‘montaña’ que se hace visible desde lejos a todas las miradas… Ella es aquel ‘milagro continuado’ que no cesa de anunciar a los hombres la venida de su Salvador y mostrarles con mil ejemplos su Fuerza liberadora… Ella nos lleva a Cristo por mil caminos convergentes…”

Pero también, nos recuerda con realismo el P. De Lubac, “la Iglesia tiene un aspecto o perfil oscuro innegable. Los cielos no siempre están abiertos. La Iglesia constituye un obstáculo para el incrédulo que no es atraído todavía por el Padre. Para el creyente, puede constituir una prueba y es conveniente que lo sea: prueba que siente tanto más vivamente cuanto quisiera tener una fe más pura y más viva… Ella es el testimonio permanente de Cristo. Ella es la Mensajera del Dios vivo. Ella es la presencia urgente, la presencia importuna de este Dios entre nosotros. ¡Ojalá lleguemos a comprenderlo nosotros que estamos en la Iglesia, mientras lo adivina éste o aquel que la teme o la rehuye” (pp. 41-46). ¡Dios le conceda a nuestra Iglesia potosina hacer realidad el perfil luminoso! Como dice Vaticano II, ¡que la claridad de Cristo resplandezca sobre el rostro de nuestra Iglesia particular!

En esta solemne eucaristía, volvamos nuestra mirada hacia aquel momento primordial de nuestra historia diocesana en que nacimos como Iglesia particular. Alegrémonos por los frutos concedidos y recogidos. Con humildad, pidamos perdón por nuestras infidelidades. Con grande gozo, demos gracias a Jesucristo, el Señor de la Iglesia, por su amor y bendición derramados, en abundancia, sobre nuestra Arquidiócesis. Y digámosle, con mucha confianza, siguiendo al salmo que hoy cantamos: “¡Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y tu ternura”! Así sea.

San Luis Potosí, S. L. P., Agosto 31, 2000.

+Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí.