2000
HOMILIA
EN LA EUCARISTIA DE CLAUSURA DE LA
13ª. ASAMBLEA DIOCESANA DE PASTORAL
1.-
AGRADECIMIENTO.
El lunes
pasado iniciamos, en el nombre del Señor, nuestra 13ª. Asamblea
Diocesana de Pastoral. Nos propusimos una profunda reflexión
de fe sobre el ideal y opción pastoral de nuestra Iglesia potosina
en continuidad con su viva tradición pastoral para responder
a los desafíos sociales y eclesiales del tercer milenio, iluminados
por el documento del Papa: “Ecclesia in America”.
Como lo auguraba
en mi mensaje inicial, realmente fueron días de gracia, de trabajo
fatigoso, de grandes frutos espirituales y pastorales, pero, sobre todo,
fueron jornadas de intensa oración y de gozoso y transformante
encuentro personal y comunitario con Jesucristo vivo. Como nos dijo
Mons. Jiménez, fueron días de “un gran retiro espiritual
para iniciar el Gran Jubileo”.
Todos demos
gracias a Dios por la abundancia de dones que nos regaló. Que
nuestra gratitud se convierta en mayor compromiso evangelizador, mayor
anhelo de santidad y mayor cercanía con todos, particularmente
con los pobres y necesitados.
Reitero mi
fraterna gratitud a Mons. Jorge Jiménez, que nos guió
y enriqueció con su sabiduría y experiencia eclesial,
con su amor a Jesucristo y su dedicación a la Iglesia que peregrina
en América Latina.
Muchas gracias
al Sr. Arzobispo D. Arturo Antonio Szymanski por su cariñosa
y elocuente presencia entre nosotros. Expreso mi más honda gratitud
al Equipo de la Vicaría de Pastoral, encabezado por el P. Roberto
Dávalos Morales. Ellos llevaron el peso de la preparación
y realización de esta Asamblea. Gracias al P. Carlos Medina por
toda su atención en las instalaciones de la Casa de la Acción
Católica. Mil gracias a todos los sacerdotes, seminaristas, religiosas
y laicos que nos brindaron algún servicio para hacer posible
y llevadero nuestro trabajo. Gracias también a la prensa, radio
y T.V. por la importante cobertura que realizaron de la Asamblea. Y
todos Uds., queridos y queridas asambleístas, reciban mi gratitud
inmensa por haber respondido a mi convocación y por haber trabajado
con tanto empeño, fe, generosidad y esperanza a favor de la permanente
construcción de nuestra Iglesia particular. Gracias por su testimonio
de amor a Jesucristo, “Evangelio viviente en medio de su Iglesia”,
como dice el Documento de Santo Domingo.
2.-
SOMOS IGLESIA PEREGRINA.
Hoy, llegamos
hasta esta Basílica para postrarnos ante la bella imagen de la
celestial Señora del Tepeyac. Venimos a ella para ofrecerle los
frutos de nuestro trabajo para que los presente a su Hijo. Es nuestra
humilde tarea y nuestra ofrenda diocesana para este Año Santo.
Llegamos hasta aquí peregrinando, como lo hace tanta gente sencilla,
enamorada de la Virgen de Guadalupe, y como elocuente expresión
de su religiosidad popular.
Hemos seguido
la ruta de tantos peregrinos guadalupanos en el espíritu de la
enseñanza del Documento de Puebla que nos dice: “Ser peregrino
comporta siempre una cuota inevitable de inseguridad y riesgo (266).
“Nuestro pueblo ama las peregrinaciones. En ellas, el cristiano
sencillo celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de una multitud
de hermanos, caminado juntos hacia el Dios que los espera” (232).
Nuestro proceso de planeación pastoral, es como una peregrinación
espiritual hacia la realización del Reino de Dios que “comporta
también una cuota inevitable de inseguridad y riesgo.”
Pero no tengamos miedo por que el Señor camina con nosotros.
Hoy llegamos
hasta aquí como peregrinos del Gran Jubileo tal como nos lo pide
el Papa para recordar que la existencia del hombre es “un camino”,
que “la historia de la Iglesia es el diario viviente de una peregrinación
que nunca acaba”, que es “un momento significativo en la
vida de los creyentes (…) evoca el camino personal del creyente
siguiendo las huellas del Redentor: es ejercicio de ascesis laboriosa,
de arrepentimiento por las debilidades humanas, de constante vigilancia
de la propia fragilidad y de preparación interior a la conversión
del corazón” (Inc. Myst. 7). En sintonía con este
pensamiento del Papa, hemos peregrinado, también para pedir perdón
por las infidelidades y pecados pasados y presentes de los hijos de
esta Iglesia particular.
3.-
CON MARIA, AL ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO.
En mi mensaje
inicial les decía: “Salgamos de esta Asamblea llenos de
gratitud y de esperanza, de entusiasmo y generosidad para impulsar,
a lo largo de todo este Año Santo y en el futuro próximo,
una pastoral jubilar; una pastoral de encuentro con Jesucristo vivo,
camino para la conversión, la comunión y la solidaridad;
una pastoral que llegue al corazón del hombre y lo interpele
profundamente; una pastoral con opciones concretas, viables, entusiasmantes,
testimoniales, que llenen de esperanza a todos; una pastoral que lleve
a la Iglesia potosina (evocando a S. Pablo) a hacerse toda para todos
para ganarlos a todos para Cristo.” Hoy les reitero esta invitación,
seguro de su generosa respuesta que brota de su amor a Jesucristo, a
su Iglesia y al mundo.
Hoy sentimos
que nuestra Madre nos visita para ayudarnos en esta inmensa tarea, por
eso le decimos:
“Celestial
Señora de Guadalupe: al comienzo de esta celebración Eucarística,
teníamos la sensación de haber llegado a tu Casa, de haber
peregrinado hacia ti, Virgen, Madre Nuestra. Ahora que hemos escuchado
el Evangelio descubrimos que eres tú quien nos visita. Que eres
tú quien peregrina hacia nosotros. Que eres tú quien nos
ha traído a Cristo vivo, el Salvador. Que eres tú quien
nos acompaña maternalmente en nuestro compromiso evangelizador.
El
Evangelio proclamado que viene a iluminar la clausura de nuestra Asamblea
Diocesana de Pastoral, te tiene a Ti, María, como la gran protagonista
del amor, pequeñísima Madre de Dios.”
Este mediodía,
queridos hermanos y hermanas, Ella aparece como nuestra dulce compañera
y como el mejor augurio para nuestra Iglesia.
El texto
bíblico nos resalta, en primer lugar, la rapidez con que Ella
se puso en camino, como prefigurando, como inaugurando la Vida de Aquél
que ahora lleva en su seno pero que más tarde será el
incansable peregrino de todos los caminos. Mejor aún, el Camino
con mayúsculas, portador del sagrado tesoro de la salvación.
“María
se encaminó presurosa”… El amor verdadero siempre
va de prisa; ¡cómo nos hace bien llegar aquí, estar
aquí donde la fe de nuestro pueblo, ha sido alentada y consolada
tantas veces!
Sólo
Ella puede ayudarnos a subir las montañas de la pereza, de la
soberbia, del egoísmo, que no nos dejan abrirle claramente paso
al Señor. La prisa de María es una nota que debemos acentuar
más en nuestra Iglesia Diocesana.
Iremos con
alegría, al estilo de Nuestra Señora, al encuentro de
ese Cristo, hermano nuestro, que tantas veces hemos olvidado. La prisa
de María es la amorosa ansiedad que nos introduce en el verdadero
universo del amor y del servicio. La prisa de María es nuestro
es nuestro servicio, humilde y activo, al Evangelio y a nuestro pueblo.
En “Ecclesia
in America”, el Papa nos dice: “María es un camino
seguro para encontrar a Cristo. La piedad hacia la Madre del Señor,
cuando es auténtica anima siempre a orientar la propia vida según
el espíritu y los valores del Evangelio” (11). Y el Documento
de Puebla nos dice: “El Evangelio ha sido anunciado, presentando
a la Virgen María como su realización más alta.
Desde los orígenes, en su advocación de Guadalupe, María
constituyó el gran signo, de rostro maternal y misericordioso,
de la cercanía del Padre y de Cristo, con quienes ella nos invita
a entrar en comunión” (Mensaje).
Permítanme terminar con una oración. Es la que me hace
decir la Palabra de Dios escuchada por todos:
“Señora y Niña Nuestra, desde el día
en que tú te encaminaste presurosa, comenzó la experiencia
más profunda y fascinante de un Encuentro. Gracias a tu solicitud,
Señora, Isabel y Juan el Bautista, pudieron tener su encuentro
definitivo y radiante con el Cristo Vivo de tu seno.
Ven
Señora Nuestra a visitarnos.
Ven Señora, Madre de la fe y de la alegría, a llenarnos
del gozo misionero del espíritu.
Enfervoriza a esta Iglesia potosina, tu familia.
Quítale todos sus temores, sus dolores, sus tristezas, sus desalientos
y rutinas.
Háblale, Señora nuestra, háblale al corazón,
a esta Iglesia particular. Sé tú su modelo para que sea
Iglesia convertida, Iglesia comunión, Iglesia ministerial, Iglesia
misionera, Iglesia solidaria, Iglesia inculturada.
Asegúrale
que también en ella, se cumplirá cuanto le fue anunciado,
especialmente durante esta Asamblea Diocesana, de parte del Señor.
Señora,
que sabes llegar a tiempo, enséñanos a orar, como enseñaste
a Isabel a bendecir; y ayúdanos a regresar presurosos a nuestras
comunidades para compartir lo que hemos oído y experimentado,
durante estos días de gracia y de encuentro personal y comunitario
con tu Hijo.
Haz
que esta Arquidiócesis, sepa acoger con entusiasmo orante y con
aclamación jubilosa, el encuentro con Jesucristo Vivo, vida y
esperanza de México, vida y esperanza potosina, para conocerlo,
seguirlo y comprometernos con El, en su proyecto evangelizador. Que
esto, hoy y siempre, sea nuestro gran ideal y nuestra máxima
opción pastoral.
Quédate
aquí en nuestra casa, hasta que llegue el feliz alumbramiento
del S. Luis (Estado y ciudad) justo, fraterno, solidario, reconciliado,
siempre unido, que todos anhelamos.
El
día de hoy, cuando clausuramos nuestra 13ª Asamblea Diocesana
de Pastoral, te volvemos a proclamar como Reina y Madre, Señora
de esta Iglesia potosina, protectora de todos nuestros servicios pastorales.”
Amén.
San Luis
Potosí, S.L.P. 28 de enero de 2000
+LUIS MORALES REYES
Arzobispo de San Luis Potosí
